La cabeza de Nicole sin duda se encontraba en otro lado. Sus pensamientos iban dirigidos específicamente al encuentro que había tenido con su maestro de Sociales días atrás. ¿Por qué tenía tanto afán en charlar con ella? Era una alumna normal, se esforzaba para estudiar pero tampoco sobresalía demasiado en el ámbito académico. Le gustaba pasar por desapercibida en su clase, de vez en cuando debatía con él, pero esa no era razón para forzarla a quedarse hasta tarde dialogando temas que no le importaban en lo absoluto. Al coger su cuaderno una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios, por simple educación decidió agradecer, ya que había sido educada y no podía olvidar sus modales.
El joven que tenía en frente estaba en lo cierto, su asignatura nunca había sido sencilla. La fémina de ojos verdes se encontraba constantemente haciendo deberes y llenando contratos para su clase de Derecho. Adoraba su carrera, pero ansiaba tener un poco de tiempo para ella misma. Guardó su cuaderno en la bolsa y miró al chico que estaba delante de ella. —La carrera de leyes te prepara para la triste y cruda realidad. Trata de enfrentarte a mis compañeros, son un caso perdido. Creen que el mundo gira en torno al debate. —llevó una de sus manos a su cabello y lo agarró en una coleta, pues unos cuantos mechones estaban molestándola.
Asintió algunas veces tras lo que la rubia hacía dicho. Las palabras “leyes”, “cruda” y “realidad” le remontaban a una época específica en su vida, en la que la monotonía le había hecho reflexionar mucho sobre su vida--¿Leyes? ¿Estudias Derecho?—Bueno, claro que era obvio, pero las redundancias eran una característica del rubio. Por un momento se imaginó a él mismo estudiando Derecho. Corriendo de un lado para el otro abrazando papeles mientras estos se escapaban por la inercia del aire, defendiendo a un criminal como él lo había sido un año y medio atrás. Ese tipo de personas eran admirables, o al menos así lo veía él, puesto a que él jamás podría estar en una situación así, no sólo en el estudio sino en la carrera en sí—Tienes pinta de que serás una gran abogada, ¿sabes?—Se animó a decir, apuntándola con el dedo índice a la vez que se tocaba la barbilla y le dedicaba una sonrisa—Aunque claro, debería ver tus habilidades en un juzgado. Bueno, vale, solo bromeaba, no sabría reconocer un buen abogado ni en pleno juicio—Y aunque había tenido uno todo para él solito (en el que había salido victorioso porque de otra forma no estaría ahí parado), simplemente no tenía la capacidad para distinguirlo. Sólo sabía que su abogado era bueno, puesto a que lo había sacado ganando de ese juzgado--. Interesante …--Una mueca pensativa se dibujó en el rostro de Quentin—Creo que jamás en mi vida gané un debate. Por algo me dedico a las computadoras—Con esto dicho asintió un par de veces para sí mismo—Oh, deberías ver a los de Ingeniería Electrónica, creen que el mundo gira alrededor de videojuegos y ordenadores—Fingió estar indignado al respecto. Luego hizo un gesto con su mano, como si buscara quitarle importancia a lo dicho anteriormente—Mentira, ese sólo soy yo—Un tono, medio serio, medio bromista salió de sus labios. Por un momento realmente deseó que su vida girara alrededor de videojuegos y ordenadores.











