Chiclayo. Ciudad de la Amistad (II)
Chiclayo monumental
Llegué al Parque Principal, centro neurálgico de Chiclayo. Inicialmente construido en dos tramos que hoy están unidos. Cuenta con una fuente provista de tres válvulas que aportan sus correspondientes chorros de agua formando la bandera nacional. Todo ello lo supe, pero no tuve la suerte de ver salir ni una gota de agua. Alrededor de ella se encuentran centros comerciales, el RENIEC (registro civil), su expléndida Catedral, el Palacio Municipal, el Hotel Royal, el Antiguo Cine Teatro Tropical, junto con edificios republicanos, muchos convertidos en agencias bancarias, que por cierto, creo que nunca había visto tantas alrededor de una plaza.
Elegante y sobria es la belleza que desprende la catedral neoclásica de Chiclayo (1869). Ocupa la manzana norte de la plaza y según parece fue diseñada por Gustavo Eiffel. La portada es de dos cuerpos, sostenido el primero por columnas toscanas que se anteponen a los tres arcos de la entrada. El segundo presenta capiteles corintios, tras ellos se descubren balcones o grandes ventanales. A ambos lados se alzan robustos campanarios rematados en las alturas con una cúpula sobre la que se levanta un templete de columnas coronado por otra pequeña cúpula.
Tiene un sencillo pero grandioso interior de tres cuerpos, en el que destaca la talla del Cristo Pobre (demasiado alejada su visión para valorarla) y el altar sobre el que se alza un pequeño templete de columnas y cúpula, que le dan una especial singularidad, a la vez que une formalmente el interior con el exterior (¿alma y cuerpo?).
Al salir del templo, observé a su lado, en la ala norte de la plaza, el edificio de los años veinte con la fachada más elegante, glamurosa y cara de Chiclayo, dicen que costó la fortuna de 30.000 libras de oro. El Palacio Municipal, hoy Museo de historia de la ciudad, es de estilo republicano con amplios ventanales y puertas de hierro forjado.
Fue destruido por un incendio en 2006, provocado por una disputa entre retractores y defensores del alcalde saliente y el recién elegido. Las fuerzas del orden (algunos las acusaron de provocadoras) y los bomberos, no pudieron impedir que los cócteles molotov arrasaran su interior. Actualmente ya está restaurado y funciona como museo de historia de la ciudad, con exposiciones temporales de pintura y escultura. No os lo puedo valorar, ya que no dispuse de tiempo para su visita.
La plaza, bien arbolada, aportaba muchos espacios de descanso con sombra, aunque diez minutos más tarde ya no quedaba ninguno libre. Me senté cerca de una especie de glorieta, al lado se dispuso de pie una señora ofertando frutas peladas. Le compré una bolsa con mango que tranquilamente ingerí disfrutando del animado paisaje humano, en el que la mayoría vestían de forma elegante y los señores daban trabajo a los limpiabotas. Por cierto, en Lima se prohibió que este trabajo lo ejercieran muchachos, aquí persistía.
En un lateral de la misma plaza, en el interior de los grandes almacenes Ridley, compuesto de tiendas en departamentos distribuidos en varias plantas, se encontraba la agencia de viajes. La reserva la hice desde Trujillo por la misma compañía, con un descuento en la segunda compra del 10%. La verdad es que no puedo comparar precios, ya que las diferencias son muchas y posiblemente también los servicios. Incluso, por lo que descubrí, entre el propio pasaje; de los tres consultados cada uno calzó precio distinto, según parece depende de la cantidad de miembros del grupo, las edades y la necesidad de completar el mini-autocar. En Trujillo, con las entradas incluidas me costó 45 € y el de Chiclayo 40 € sin entradas.
Después de confirmar la reserva y acordar la hora de salida, recorrí todo el perímetro de la plaza, observando que la proliferación de entidades bancarias continuaba por las calles adyacentes. Giré por la calle Colón buscando llegar a la calle Paz. Comencé a percibir que la cuadratura de sus calles tenía pocos ángulos rectos y las manzanas adquirían anárquicas medidas y variadas formas, predominando las rectangulares. Es decir, una ciudad que se desarrolló sin una planificación urbanística previa, tal era lo que aportaban las plazas de Armas y de la que Chiclayo careció.
Ascendí por la calle Paz hasta encontrar, cerrado y pidiendo ayuda para su restauración, el humilde templo apastelado en rosa de Santa Verónica. Erigido a finales del siglo XIX, sería declarado monumento histórico nacional en 1987. Según leí el altar mayor y el retablo adyacente presentan un precioso revestimiento de plata y pan de oro.
Continué por la calle Torres Paz hasta llegar a la Avenida Luis Gonzales. En esta esquina se encuentra San Antonio de los Padres Descalzos de Chiclayo, de arquitectura moderna (1949), de gran robustez y sencillez. La nave principal es bastante amplia, presenta arcos de medio punto; en su altar mayor, destaca la escultura de madera policromada de un Cristo crucificado articulado.
Continué por la calle Paz hasta alcanzar avenida Grau, por la que giraría a la derecha. Por el camino, a la izquierda, se encuentra la Biblioteca Municipal José Eufemio Lora y Lora. En la esquina siguiente, delante de la Municipalidad Provincial, está la emblemática, pequeña y arbolada plazuela de Elías Aguirre. era la plaza que recibía o despedía a los pasajeros del tren (hoy inexistente) que enlazaba la ciudad con Puerto Eten ( a 20 km). Os recuerdo que es el principal puerto de la costa de Chiclayo, con municipalidad propia (independiente de Eten ciudad). Junto con su pintoresco puerto, playas y su fama gastronómica, contiene un museo ferroviario y conserva para su visita la estación y trenes. Sin duda alguna, otro de los lugares interesantes para conocer desde Chiclayo.
La plazuela Elías Aguirre está dedicada, con un interesante monumento y escultura, a este hijo de Chiclayo, héroe de la Guerra del pacífico que sería abatido siendo segundo comandante a bordo del monitor Huascar, en el triste y memorable combate naval de Angamos, en la que también perdería la vida su comandante, el mayor Grau (del que hablaré desde la que fue su casa en Piura). El blindado, orgullo de la armada de guerra peruana, sería capturado por la armada Chilena evitando su hundimiento programado al verse vencidos, con él y sin él, respectivamente, se determinaría la hegemonía de la armada chilena y con ello la guerra. Destaca en el lateral norte una elegante construcción “rococó”, que nos ayuda a rememorar el modernismo burgués de principios del siglo XIX.
En la plaza, observando con tranquilidad estos elementos monumentales, bajo la sombra de variados y robustos árboles de copa poblada que junto a alguno delgado, sin prácticamente hojas, formaban un conjunto con un encanto muy especial, se podría decir de otro tiempo. Los bancos estaban llenos, muchos humanos de pie establecían la charla en coro, mientras los niños deambulaban inquietos con sus juegos. La venta ambulante, más pausadamente, también se movía.
Después de saborear durante media hora el ambiente de la plaza,ocupando un rincón de los escalones de acceso al conjunto monumental central, decidí acercarme, dada su proximidad ( a dos manzanas), a la estación de buses (transporte chiclayo S.A.) y reservar billete a Piura para dos días más tarde.
En esta zona del Perú el tránsito de pasajeros en bus (único medio que hay, al margen del avión) es mucho, pero también sorprende la cantidad de oferta, una competencia exagerada que hace que normalmente se dispongan de billetes en el mismo momento, pero en Trujillo había comprobado que algunas horas se llenaban. Así me pasó que el bus que pretendía reservar para el día siguiente a las 8:15 desde Trujillo, no dispuso de plazas libres, teniendo que retrasar la salida una hora. Después de hacer la reserva, volví a bajar en dirección a la plaza principal, esta vez recorriendo la animada calle San José.
No se puede decir que la belleza de la ciudad esté en su arquitectura, más bien humilde, pero las calles y fachadas se mantienen limpias y los desconches de fachadas reparados, al menos en el centro histórico, manteniéndose en muchos rincones, en el que los comercios no han invadido los bajos y los transeúntes la calzada, un aire nostálgico del pueblo que hace más de un siglo fue. De todas formas, la ciudad parece apostar más por una modernidad cosmopolita que por promocionar su identidad y tradiciones. Espero que no pierda el título que le dan, y que mi experiencia tan solo puede verificar por la gentileza dispensada, de “ciudad de la Amistad”. Quizás es pura subjetividad, pero percibí en el conjunto de la población, al margen de la amabilidad, una expresión de alegría que en ninguna otra ciudad del perú había encontrado. Me pregunté, esperando que no fuera la respuesta, si era el consumo y la animada actividad comercial las que lo generaban.















