¡Perdón, perdón, perdón!— Exclama, con los ojos abiertos de par en par, — No estaba prestando atención, ¿te lastimé? ¿te ayudo? — Hace cuestión de segundos había tropezado y hecho caer a su interlocutor; y ella misma, por supuesto, tenía la suerte de haberle caído justo encima.
Imaginó lo que la gente estaría pensando de ellas en ese momento y no pudo evitar reír. Sobre ella descansaba un chica menuda, de grandes ojos color verde y oro a la vez. Al notar que la castaña se sentía terriblemente avergonzada por el gracioso accidente decidió quitarle importancia al asunto - no te preocupes, estoy bien ¿y tú? - hizo unos movimientos torpes intentando levantarse, pero la chica seguía encima suyo.












