Mi pedacito de Cielo: Durante estos últimos cuatro años lo único que he pensado es en cuánto una enfermedad espantosa puede arruinar mis días, ya saben día tras días despertando con la misma noticia. Nadie en estos cuatros años seguidos que fuimos al INCAN con mi mamá nos dio una buena noticia. Y es que nadie me dijo que aprendería a valorar cada segundo de la vida, a vivir cada día como si fuera el último de mi vida junto a ella. ¿Alguna vez han pensado en qué estarían haciendo si ustedes supieran que es su último día en la tierra? Pues yo sé que hubiese contestado mi mamá si su último día cayese miércoles «¡Gaby! ¿Y vamos a ir a al Padre Eterno?» (Iglesia San Sebastián 6ta Ave. zona 1 de Guatemala). Lo curioso es que al principio solo pensaba en mi tiempo, pero no saben lo hermoso que es entrar los miércoles a las diez de la mañana y echar un vistazo alrededor… si la vida fuera un juego de retórica probablemente llamaría a la escena como «El eterno gozo»; y pensé habían como cien ancianos y enfermos saludándose como si nada les sucediera. Lo más hermoso de esos días es conocer a los ancianitos, la señora que cantaba ópera, la señora del alzheimer que aplaude, abraza a todos y canta «¡Ay, ya, ya, yay! Canta y no llores» a mitad de la misa. Pero eso es irrelevante a escuchar a mi mamá cantando, lo cual antes era un suplicio, pero admito que ahora lo disfruto mucho con todo y maúllos. Nadie me dijo que con el cáncer aprendería a tener paciencia, sobre todo el saber que un adulto se puede comportar como un niño berrinchudo y mimado, que un adulto de cincuenta y tres años puede volver a temerle a la oscuridad. Nadie me preparo para aprender a contar cuentos basados en mi imaginación o a pelear por la comida «Ya mami comete la verdura». Nadie me dijo que vería a mi papá llorar tanto... Algunas veces de alegría y otras veces de tristeza; y mis hermanos las rocas de siempre se convertirían en un pan dulce. Hasta mi perrito Terry aprendió a preocuparse por mi mamá y rondar a su alrededor para protegerla. Alguien ha sufrido esa comparación que hacen los padres cuando te portas mal y te dicen «Hasta que seas papá/mamá me vas a comprender», pues no necesité tener un hijo para comprender lo preocupado que te puedes llegar a sentir si algo en tu familia o un ser querido va mal. Saben no importa si está el cáncer todos los días y si crece el tumor al final después de treinta y seis quimioterapias y cuatro cumpleaños míos seguidos arruinados por malas noticias hemos aprendido que Dios tiene la última palabra a todo, y que él va actuar de forma misteriosa, nadie sabrá por qué, pero nada es casualidad. ¿Que cómo es mi vida? Maravillosamente feliz, no es perfecta pero soy feliz con lo mucho y poco que tengo. Saben qué veo cada vez que observo a mi familia: veo ese pilar y revoltijo de familia que a ninguna otra persona le tocó, le tocó a la familia de mi papá, a la familia de mi mamá, le tocó a mi papá a mi mamá, le tocó a mis hermanos, a mi perro y a mí. Y a ti te tocó tu familia sea como sea, pero te tocó. Cuando la licenciada Paulina dijo «Escriban la historia de su vida» pensé en dos cosas le cuento que nací en el ascensor del Roosevelt o le cuento sobre lo más maravilloso que me ha sucedido, y opte por la segunda opción. Mi vida… la historia de mi vida se resume a los días en que mi papá llegaba cansado de trabajar y jugaba a las ocho de la noche al fútbol conmigo y mis hermanos, se resume a las veces en que mis padres salieron y nos quedamos mis hermanos y yo jugando en su cama a los «power rangers». Se resume en los abrazos de mi hermano mayor y las historias que inventaba de que se orinaba en la cama... A las tardes de lluvia con mi hermano mediano cuando mi mamá decía «Salgan mis hijos a enlodarse», se resume en las veces que mi perro se robó mis pantuflas y las mordió, se resume en las veces que mi mamá me cuidó. Se resume a una palabra AMOR. El que entiende la palabra la entiende, y el que no la entienda le sugiero que no consulte en el diccionario ni en la Real Academia Española; lo que le sugiero es que deje de
ver con frivolidad y aprecie lo que tiene al frente. No me advirtieron que me enamoraría por completo de la vida, existe tanto cáncer que hasta el dinero puede ser un cáncer silencioso y ciego. Cada quién decide si ser triste o vivir inspirado. ¿Y vos ya decidiste cómo vivir?













