La importancia del amor propio.
Todos hacen referencia a esto con la clásica frase “vivirás contigo toda la vida, tienes que aprender a quererte”, y sí, se trata de eso, se trata de cuidarnos y procurarnos día a día, de aprender a valorar todo lo que hacemos y todo lo que somos. Pero vaya, esto no es algo que se logre de un día para otro, es una lucha constante contra todos esos comentarios negativos que vamos escuchando a lo largo de nuestras vidas, es el poder dejar de darle importancia a lo que la gente piense sobre nosotros, aprender a valorarnos, a alentarnos y a mejorar día con día.
A la mayoría de nosotros nos han enseñado desde que éramos muy pequeños la importancia de tratar con respeto a las demás personas y desgraciadamente, el cultivo de aprender a quererse uno mismo no ha recibido tanta atención como debería.
Aprender a quererse a uno mismo es una de las acciones más hermosas y sobre todo importantes que podemos tener con nosotros mismos. Es curioso ver que cuando realmente lo hacemos transcienden muchas cosas en nuestro alrededor, nos logramos ver desde otro ángulo y cambia nuestro cosmos por completo. Respetarse a uno mismo no es decirse: “Soy estúpido, no sirvo para nada en esta vida”, dejar que las personas tomen decisiones por nosotros o que nos pisoteen cada vez que quieren, eso más bien es tenerse muy poca estima y respeto hacia nosotros.
Aprender a quererse a uno mismo no es algo que se tiene o no se tiene, sino más bien se trata de una habilidad que podemos cultivar a lo largo de nuestra vida, siempre y cuando no dejemos de trabajar para desarrollarla. Es algo que va creciendo día a día junto con nosotros y con nuestra perspectiva de la vida. Es como pintar al óleo, el hacer que crezca nuestro amor propio, nuestro respeto y cariño es ir agregando un color a nuestro lienzo, es ir pintando nuestro nuevo camino a ser mejores y a creernos que somos mejores con el paso del tiempo. No cometas el error de cultivar el auto-respeto por unos 3 días y como no te da resultados inmediatos ya dejar de trabajar en el, este tipo de habilidades lleva su tiempo y dedicación, pero vale la pena porque los resultados son realmente extraordinarios.
Aunque esta habilidad resulta básica para nuestro bienestar, a menudo vivimos dándole la espalda. Muchas personas guían su conducta según lo que los demás esperan de ella, sin pararse a pensar en lo que ellas realmente necesitan, dándole prioridad a todos estos comentarios y opiniones respecto a nuestra persona.
Aprender a quererse es dejar de tratar de gustarle a todo el mundo, habrá veces en que a la gente que conozcas no le guste tu personalidad, el como te vistes, el cómo te miras desde sus ojos, y eso está bien, nadie nació para gustarle a todos, esto es, dejar de pretender que eres alguien más, dejar de ponerte en segundo plano a ti y aprender a ser tú mismo sin temor a lo que los demás opinen, porque tu vida no depende de sus preferencias. Cuida de tu amor propio en su totalidad, aprende a amarte como nunca nadie te ha amado, sé agradable contigo, sé tu mismo, cree en ti a pesar de no ser perfecto, tienes que definirte para ti mismo como importante e indispensable, aunque el mundo te obligue a creer lo contrario de tu persona.
Cuando comencé a amarme a mi misma, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y entonces, pude relajarme y dejar de sentirme mal por las cosas que sucedían, supe que sí, como todo en la vida, tenía que lidiar con eso, y no está mal, una aprende que siempre van a haber cosas parecidas, que no todo nos va a gustar, pero siempre (o la mayoría de las veces) nos deja una enseñanza.
Pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades, que no estoy haciendo lo que debería de hacer, y eso me aterraba al inicio, pensaba en por qué hacía cosas para agradar a los demás sin que yo estuviera cómoda con eso, al inicio lo analicé y la única conclusión a la que llegué fue que lo hacía para encajar en un circulo social en el cual yo realmente no quería estar, sin embargo, seguía intentado gustarle al mundo de gente que me rodea.
Cuando comencé a amarme a mi misma, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento, que con todo lo que pasa a mi al rededor es por algo, y que estoy parada aquí justo ahora porque así debería de ser, aprendí que con el tiempo los dolores se quitan, el alma sana y la mente olvida todo suceso horroroso. Comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada, todos tenemos ideas y maneras distintas de hacer una sola cosa y cada quién sabe en qué momento es bueno.
Cuando comencé a amarme a mi misma, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo, porque para mí llegó un momento en el que era como cargar una piedra gigante todo el tiempo en mi espalda, sin poder hacer algo por mí o para mí. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud, pero con el paso de los días, investigando y analizando mi persona, ya me di cuenta que se llama amor propio, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo.