Todo lo que parecía como una noche increíble, estaba saliendo como la mierda, excepto la pequeña burbuja de felicidad de Gon y Estelle, y por eso, aunque quería mandar a todos a la mierda Bella intentaba sonreír, porque le recordaba mucho a él. Lo había conocido en la guerra y se había enamorado como creía que las parejas que estaban destinadas a estar para siempre se enamoraban, lo amaba como si no estaban en una guerra con muerte a su al rededor, lo amaba como si lo hubiera conocido durante toda la vida, lo amaba aunque la manera en la que pronunciaba su nombre era extraña, o la manera en la que ella pronunciaba el nombre de el lo era. Cuando lo declararon Missing In Action, Bella sintió que le hubieran arrancado un pedazo de su corazón, y si había algo peor que la certeza de que alguien no iba a volver, era la esperanza de que quizás, y solo quizás el lo iba a hacer. Pero después de que todo terminó y no había noticias de su amado, Bella tampoco se rindió. Luego de esperar un tiempo de recuperación fue hacia Paris, y todos los días se quedaba en frente de la pintura de Anne-Louis Girodet de Roussy-Trioson ‘The Funeral of Atala’. Habían hablado de ella muchas veces, y habían hablado de ir a verla en el Louvré juntos. Era gracioso como la pintura tenía otro sentido. Ella era Chactas, aferrándose a las piernas de la ya muerta Atala, que no iba a volver, y el padre Aubry era la vida diciéndole que ya era hora de salir adelante.
Pasó un mes yendo todos los días, 217 horas perdidas en el Louvré, esperando por algo que no iba a pasar. El golpe de tener que aceptar que el no iba a volver, fue lo peor.
Pero ahora estaba en una fiesta, y no tenía por qué pensar en eso, solo tenía que pensar en que Sunjong era un idiota y había hecho enojar a su hermana con su estupidez “Zia, Zia” dijo haciéndola mirar hacia su rostro, porque seguía insultando mirando hacia el piso en latín “Sorellina, ve a casa a descansar, dile a Vicenzo que te haga un té, y no pienses en esto… no hay problema, yo me encargo de todo” murmuró dándole un beso en la frente y dejándola ir. Bella suspiró y fue a la mesa a buscar su clutch donde encontró al príncipe Bhumi esperándola, diciéndole algo de irse juntos a ver al Comandante Fufu, y ella sonrió “La verdad es que no estoy de humor pero, lo voy a pensar” y en cuanto miró hacia la mesa que estaba detrás de donde estaban parados Estelle y Gon. Lo vio. No, no podía ser. Bella tuvo que sostenerse en la mesa que tenía al costado. Estaba ahí, su Seungyeol estaba ahí. “Disculpame Bhumi, tengo que irme” dijo tomando su clutch y agradeciendo a que se había quitado los tacos hacía un rato cuando se cambió a su nuevo vestido “Me tengo que ir” repitió observando a Seungyeol, que ahora la estaba mirando a ella “Oh mio Dio, oh mio Dio” murmuró mientras salía corriendo y comenzaba a llorar porque esto era demasiado. Su mano estaba temblando mientras encendía el cigarrillo y caminaba por la calle yendo hacia su casa. No le importaba que estaba lloviendo, no le importaba que hacía frío. Le importaba que después de meses de convencerse que no lo iba a ver más ahí estaba. Y no podía ir a enfrentarlo, porque Bella no era la misma de la que el se había enamorado, ahora era un desastre y no podía mostrarle eso a el.
Sungyeol no quería decir que era prácticamente imposible que Isabella lo viera porque al mismo tiempo las probabilidades de que sí lo hiciera eran demasiado altas, pero sólo se dio cuenta de la pésima idea que había sido hacer eso cuando una chica apareció a abrazar a Taewon —su ex novia de la que él tanto le hablaba, seguramente— y él empezó a sentir como su corazón se aceleraba por los nervios que le traía la sola idea de que su Bella corriera a sus brazos de esa manera si se daba cuenta de que él estaba ahí. “Me disculpan.” Dijo poniéndose de pie porque necesitaba escabullirse de ese lugar antes de cometer una estupidez o dejar que su amada lo viera y… y Sungyeol intentó controlarse, pero perdió el tren de pensamiento en cuanto levantó la mirada de nuevo y la vio sonriéndole a otro, lo cual lo enfureció hasta que lo miró a él y el mundo entero se detuvo. Fue como si se le saliera el alma del cuerpo, si es que aún tenía la suya, y quería sonreírle y llorar, y abrazarla y decirle que la había extrañado tanto… ¿pero cómo? ¿Cómo hacer para explicarle que, más allá de lo que le había sucedido, nunca había podido buscarla porque no se sentía capaz de enfrentarla? Es más, en ese preciso instante no estaba seguro de absolutamente nada excepto de que no estaba listo para verla — pero sí quería. Por supuesto que quería. Necesitaba sonreírle, y llorar, y abrazarla y decirle que la amaba y que no podía vivir sin ella. Sungyeol necesitaba a su amor, y ella estaba escapándose de él.
“Bella mia!” Exclamó importándole un comino que todos podían oírlo y verlo corriendo desesperado detrás de ella, porque ninguna de todas esas personas ni el resto del jodido mundo eran lo suficientemente relevantes como para que le interesara algo más que no fuera su Bella saliendo sola a la calle cuando estaba lloviendo cada vez más fuerte. Quizás era una estupidez porque ella definitivamente estaba yéndose por él, pero todo lo que él quería era una oportunidad para poder hacer las cosas bien. Nunca iba a sentir un amor tan puro como el que tenía por ella, y nunca iba a encontrar a alguien que lo amara de la manera en que lo había hecho ella — porque no existían tales personas: ellos estaban hechos el uno para el otro. “¡Bella!” Gritó esta vez ya en la calle, viendo su figura alejándose cada vez más de él. Tenía que hacer algo o iba a arrepentirse, y desafortunadamente ya estaba bastante lleno de arrepentimientos como para añadir otro, más que nada si éste era volver a perder a la mujer que amaba. Se negaba a dejarla ir — no pensaba dejarla ir hasta que ella le dijera que no quería tener nada que ver con él, y en ese caso tendría que hacerlo le gustara o no… pero no iba a suceder, lo sabía. Así que Sungyeol apuró el paso mientras se quitaba el saco y corría hasta ella para ponérselo encima de los hombros. Era consciente de lo invasivo de su espacio que estaba siendo, pero no podía luchar contra su instinto de protegerla y hacer todo lo que estuviera a su alcance para hacerla sentir segura todo el tiempo. Y de repente se encontraban frente a frente, ambos en silencio, mirándose como si no pudieran creer que el otro estaba ahí en la vida real y no en un sueño del que tarde o temprano se iban a despertar. Sungyeol solía tener bastantes de esos, de hecho, aunque como gran parte del tiempo desembocaban en pesadillas bastante intensas su psiquiatra le había dado unas pastillas para evitarlas — no que a veces no las tomara sólo porque quería ver su rostro y sentir que estaba con ella una vez más, claro. “Lo siento.” Susurró las únicas dos palabras que se le venían a la mente. Lo sentía por haberla dejado sola tanto tiempo, por no haberla escuchado cuando le dijo que tuviera cuidado al irse, por haber sido un cobarde que desde que recuperó la memoria pasó seis meses queriendo evitar cualquier cosa que tuviera algo que ver con ella por miedo… por tantas cosas que ya ni las recordaba todas. “Lo siento tanto, Bella mia.” Musitó sintiendo en su rostro los suaves trazos tibios de las lágrimas que ya no podía contener, y aunque dudó un poco al principio terminó levantando su mano y poniéndola en su mejilla para acariciársela. No tenía ni la más mínima idea de cómo iba a reaccionar ella ante esto, y por primera vez en más de un año Sungyeol podía reconocer que tenía muchísimo miedo.
Y cuando ella pensó que estaba sola, y tranquila, Seungyeol la encontró, y le puso su saco en los hombros y le decía que lo sentía. “Amore mio...” susurró en cuanto el le puso su mano en la mejilla, sintiendo el calor que tanto necesitaba. Por un momento se dejó llevar y tomó la mano de el en su mano y la sostuvo suavemente contra su rostro porque lo necesitaba... hasta que, un enojo casi anormal le llenó el pecho y le quitó la mano de su rostro de prepo “Me abandonaste” dijo mirando hacia abajo “Me prometiste que no me ibas a dejar sola” Bella no pudo evitar largarse a llorar. Porque había estado sola mucho tiempo, luchando contra su propia oscuridad, llorando a alguien que no estaba muerto, lamentándose por dejarlo irse sin ella. Odiándose cada segundo por no saber que hacer, perdiendo el sueño por sus propias pesadillas. “Te esperé... te esperé más de lo que cualquiera espera” murmuró “Te esperé en Francia por un mes, te esperé una semana más cuando fui a Corea del Sur... y cuando pensé que realmente estabas muerto fui a la tumba del soldado desconocido y te lloré” Bella comenzó a llorar, desconsoladamente escondiendo su rostro en sus manos “Esperé que volvieras a mi.... me dijiste que era tu hogar... me prometiste que siempre volverías a mi” Bella en ese momento le pegó en el pecho, porque estaba enojada “Tengo pesadillas hasta el día de hoy con tu muerte, quise matarme para seguirte, y casi lo logro de no ser porque Zia estaba ahí ¿Que tan infeliz tengo que ser para que vuelvas a mi?”
Seungyeol tomó unos segundos en reaccionar, pero le puso las dos manos en el rostro mientras le decía que no tenía que esperar más, porque volvió y esta vez no se iba a ir “¡NO!” le gritó quitándole los brazos de al rededor “Sufrí como condenada por tu culpa, sufrí tanto que creo que ya no tengo corazón para seguir sufriendo” Bella se quitó el saco de los hombros y se lo dio “No te creo” murmuró, porque no podía creer que le estuviera hablando así a su Seungyeol, al amor de su vida “¿Por qué no me buscaste? Hace cuatro meses que estoy aquí” Seungyeol estaba llorando, y aunque una parte de Bella quería quitarle las lágrimas del rostro, otra parte de ella le decía que tenía que ser fuerte, él negó con la cabeza mientras le rogaba que le creyera añadiendo que lo sentía y diciendo que sabía que era su culpa por no haber intentado rastrearla con más intensidad de lo que ya lo estaba haciendo y que entendía si de momento no quería volverlo a ver pero que no se iba a ir, porque le había prometido por su vida que no iba a dejarla, y que casi la había perdido una vez pero dos no “¡NO ENTIENDES! Yo no soy la Bella de la que te enamoraste, soy una persona incompleta, me doy asco a mi misma. Nunca podrías amarme como soy ahora. He estado con tantos hombres que perdí la cuenta, bebo, y hago cosas que no debería hacer ¿Acaso podrías amarme así?” y en ese momento, Seungyeol se quitó las lágrimas y comenzó con el discurso más lindo que Bella alguna vez escuchó: “Te amaría de cualquier manera, Isabella. Cada vez que te dije que yo te amaba más, no quería decir que te amaba más de lo que tú me amabas a mí. Me refería a que te amo más que los días malos que tenemos por delante, que te amo más que cualquier pelea que podamos llegar a tener. Te amo más que la distancia entre nosotros en este momento, te amo más que cualquier obstáculo que pueda querer intentar meterse entre nosotros. Te amo más que todo eso. Y prometo seguir amándote en los días en los que no puedas salir de la cama porque estás demasiado agotada para hacer algo, lo que sea. En los días en los que las lágrimas no dejan de caer por tus mejillas, en los días en que tu sonrisa no hará una aparición porque todo lo que hagas será mirar a la nada mientras piensas en todo al mismo tiempo. En los días en los que no estés segura de lo que está pasando, y... no elegí amarte sólo en los buenos momentos, cuando estás contenta y llena de amor. Porque te amaré siempre, todos los días. Buenos y malos.’ “Vaffanculo, stupido” murmuró para luego tomarle el rostro y besarlo, primero suavemente y después con pasión, y aunque estaba en público y no era propio de una princesa a ella no le importaba “Te amo tanto, imbécil” le susurró para luego abrazarlo y esconder su rostro en su cuello “Te odio por dejarme sola, pero te amo por encontrarme otra vez”.













