Desde que sabía que esta iba a ser su primera presentación formal desde que la princesa Estelle era su novia, obviamente Gon estaba muy nervioso. Aunque ya se había chequeado más de un millón de veces en frente al espejo para ver si había algo mal con su atuendo o algo por el estilo, no lograba calmarse. Y ahora estaba en la puerta de la casa de su novia, Estelle y no podía parar de sonreír porque la palabra novia sonaba tan natural “Buenas noches, vengo por Su Alteza Real, la Princesa Estelle” le dijo al mayordomo, que lo dejó pasar, justo para ver a Estelle, bajando con su hermoso vestido rojo, viéndose no como una princesa, sino como una reina con todas las letras “Te ves preciosa” susurró dándole un pequeño beso en los labios “¿Lista?” preguntó llevándola del brazo hasta la limosina.
Sunjong todavía no podía creer que no hubiese sido capaz de hacerle a Zia la gran pregunta que debería haberle hecho el día en que se confesaron sus sentimientos hacia el otro, pero ésta era la última tarde que Yi Sunjong iba a pasar como un hombre soltero — y si tenía suerte, por el resto de su vida. “Aw, mírense, hermanitos… Se ven adorablemente patéticos.” Dijo sonriéndole a Kang y Jaegwan, que habían tenido que conformarse con ir con otras Princesas porque las mujeres que ellos dos veían como ‘objetivos’ eran ahora: una la novia de Gon, y la segunda… su futura novia.
Al llegar a la casa, Sunjong dudó por unos segundos antes de bajarse del auto porque estaba apareciéndose media hora antes de la hora pactada usando a su favor el que Zia le había comentado hacía un rato que ella ya estaba lista, esperando a que Bella se terminara. Tenía sus razones para estar ahí, y no quería desaprovechar la oportunidad que se le estaba presentando porque si fuera por él, ya le hubiese gritado al mundo entero que quería que Lucrezia Borgia fuera su novia — ¿y qué mejor que dejar que lo hicieran por él, y de manera oficial? Su padre ya le había dado su aprobación y felicitaciones esa misma tarde, así que no había nada que pudiera detenerlo. “Buenas noches, vengo a ver a Su Alteza Real la Princesa Lucrezia.” Anunció después de que Vicenzo le abriera y lo saludara con una reverencia antes de irse a buscar a Zia, que en cuanto apareció… “Wow.” Susurró mirándola de pies a cabeza, tomándose su tiempo para admirarla como ella se lo merecía. “Estás hermosa.” Le dijo finalmente acercándose y tomándole la mano para besársela, antes de darle otro beso en la frente. “Vine porque tenía algo importante para preguntarte. Verás, no quería esperar a…” Sunjong se mordió el labio y le puso una mano en la mejilla, acariciándosela con suavidad. “Lamento haberte hecho esperar tanto para preguntártelo. Tenía miedo de… bueno, ni yo lo sé.” Rió sacudiendo la cabeza ligeramente y sonrió cuando ella le dijo que ya no diera más vueltas y le preguntara así le podía decir que sí. “Okay.” Asintió y dio un paso hacia atrás, sonriendo y preparándose para lo que venía. “Lucrezia Louis Caesaris Vittoria Borgia, Princesa de Italia, Reina de mi corazón. ¿Me harías el honor de ser mi novia?” Preguntó al mismo tiempo que entrelazaba sus dedos con los de ella.
Su estancia en la Universidad había pasado… rápido, hasta quería decir, aburrido. Y aunque tenía un par de interesadas, Hyun no sentía ganas de llevar a alguien al Ball, después de todo era algo realmente importante: era como presentarse en sociedad, por eso, el y su hermano mayor Hwan, habían decidido llevar a sus hermanas, Joohyun y Haewon “Se ven hermosas” dijo con una sonrisa mientras las dos bajaban, aunque el color del vestido de Haewon lo hizo fruncir el entrecejo. Hacía un año y algo que Haewon no salía de los colores oscuros por estar de luto, y eso le molestaba un poco, pero no iba a decir nada que pudiera arruinar la noche “¿Vamos?” preguntó extendiéndole el brazo a su hermana, la cual acababa de hacer un chiste acerca del incesto “Basta, eso déjaselo a la prima Taeyeon”.
Luego de que los presentaran, todos fueron a ubicarse a su mesa, la cual consistía de ellos cuatro y su hermano Jeonghun y su pareja de la noche, Isabella Borgia, Princesa de Piamonte. “Si me disculpan, tengo que ir a saludar a Jeon” dijo con una sonrisa para luego retirarse de la mesa y caminar hasta donde estaba su amigo y su pareja, su hermana, una de las princesas más bellas que había visto “Me presento princesa, Príncipe Ko Hyun de Corea del Norte, encantado de conocerla” dijo haciéndole una reverencia, sin quitarle los ojos de encima.
Jaegwan no quería dar todo por perdido porque sabía que era completamente capaz de salirse con la suya si así lo quería, pero el infeliz de Sunjong y su patético encanto de príncipe adorable se lo estaban complicando todo. Seguro todo esto de que ambas chicas se sintieran tan unidas a ellos dos desde un principio había sido obra del marica de ‘su hyung’ Eunwoo, que ni siquiera muerto dejaba de ser un estorbo para él. “Ah, sí, te ves muy linda.” Le dijo a su cita y la acompañó hasta la entrada donde hicieron su presentación formal y Kang rodó los ojos una vez que supo que nadie lo estaba mirando, porque sinceramente encontraba esto bastante ridículo. Eso, sin embargo, hasta que anunciaron a ‘Su Alteza Real el Príncipe Sunjong de Corea del Sur y su novia, Su Alteza Real la Princesa Heredera Lucrezia de Italia’ y Kang no pudo evitar apoyar la copa de cristal que tenía en la mano con demasiada fuerza en el primer lugar que encontró libre. Como si eso fuera poco tras ellos vinieron el inútil de Gon y su novia la Princesa Estelle — lo que significaba que no era el único que estaba jodido.
“Kang, hasta que al fin te encuentro.” Dijo sentándose junto a él en la mesa, aprovechando que sus hermanos aún no habían aparecido por ahí. El chico todavía seguía siendo su competencia, pero de momento lo iba a seguir usando de aliado porque le convenía, considerando que Kang podía llegar a estar más dispuesto que él a ensuciarse las manos, o lo que fuera. La ambición cegaba al muchacho, y mientras no se interpusiera entre él y el trono… ¿a quién le importaba? “Hermano, ¿en qué estás pensando?” Preguntó con curiosidad, viendo la cara de que el menor estaba tramando algo que iba a ser un escándalo. Drama, su cosa favorita en el mundo. “Oh, ¡mira quiénes aparecen!” Exclamó al ver a Sunjong y Gon acercándose a la mesa con sus respectivas novias — ambas dedicándoles sonrisas amables, llenas de pura inocencia, mientras los dos idiotas de sus hermanos les clavaban miradas de amenaza. “Felicitaciones, muchachos. Hacen unas parejas hermosas, de verdad.” Dijo poniéndose de pie para estrecharles las manos a los dos chicos, apretando la de Sunjong con más fuerza porque simplemente no podía controlar su molestia. ¿Él se creía la gran cosa? ¿Que estaba un paso por delante suyo? Pobre de él, porque no sabía lo equivocado que estaba.
Había algo que había aprendido de su madre y era que cuando todo fallaba debía utilizar su intelecto. No le interesaba estar al lado de la princesa de Bután, porque de hecho, la iba a utilizar para algo… tenía todo bajo control, por eso cuando su hermano le preguntó en qué estaba pensando, el simplemente sonrió y observó a sus dos hermanos mayores, acercándose con sus miradas de amenaza “Felicitaciones a las felices parejas. A la familia le viene bien las buenas noticias” dijo con una sonrisa para luego escuchar el vals comenzar a sonar “Y hablando de gente que necesita buenas noticias, discúlpenme ¿Me acompañas, princesa Tshering?” dijo haciendo una reverencia, entregándole la copa de champagne al mozo con una amabilidad nunca antes vista en el.
La había visto entrar en un vestido negro, probablemente porque aún estaba de luto. Kang había envidiado mucho a su hermano Eunwoo por una cosa en particular: porque estaba prometido con una de las chicas más lindas que había visto, porque ella y su hermana Joohyun eran bellísimas. “Disculpeme, príncipe Hwan” dijo al hermano mayor de la chica “¿Me permite sacar a bailar a su hermana, la princesa Haewon? La princesa Tshering ha estado hablando mucho de usted y me gustaría hacerles de casamentero” bromeó y obviamente el bueno de Hwan le dijo que si. Y en cuanto la tuvo para el, comenzó a bailar “Estás muy bonita hoy, princesa” le dijo mientras le dedicaba una sonrisa y ella bajaba la vista, seguramente por vergüenza “No seas tímida, a Eunwoo-hyung seguramente le hubiera encantado que estés disfrutando y bailando” dijo con una sonrisa, haciendo que la princesa se sonrojara “Princesa, tengo que decirle un secreto” dijo acercándose a su oído “Es la chica más bonita del ball” le susurró, para luego hacerle una reverencia para despedirse, tomar una copa de champagne y caminar, alejándose de ella sabiendo que sus hermanos no iban a estar contentos.
Jeonghun no podía decir que desde que había entrado a la universidad su vida se había vuelto más interesante de lo que ya no lo era, pero tampoco se quejaba — al menos estaba recibiendo una buena educación y estaba rodeado de gente que no sólo estaba a su altura sino que además eran bastante amigables. Por ejemplo la Princesa Isabella, su cita de esa noche, era un ángel y no dejaba de hacerlo reír con sus ocurrencias y sus bromas de que le estaba coqueteando tan descaradamente — al menos hasta que ella le pidió que la acompañara a tomar un poco de aire y de buenas a primeras se encontró contra la pared de un baño, con ella queriéndole quitar los pantalones. “Eh, Isabella. Creo que... Ay, Dios. ¿No crees que estamos yendo...? Por favor, espera, espera. ¿No estamos yendo muy rápido?” Preguntó empezando a sentir la adrenalina corriendo por sus venas, pidiéndole, rogándole inclusive, que sucumbiera ante lo que estaba sucediendo frente a él. Pero no podía. Lo había prometido. “Lo siento, tengo que marcharme. Te dejaré la limo, perdón.” Murmuró queriendo controlar el temblor que se estaba propagando a sus manos, y salió de aquella habitación casi más corriendo en busca de una salida porque ahora era él el que necesitaba el aire.
Una vez que se recompuso Jeonghun consideró volver al baile, pero... ¿cuál era el punto? Se iba a sentir terrible cuando viera a Bella a menos que se emborrachara porque usualmente en ese estado no le importaba nada, aunque no era lo mejor que podía hacer. “¡Señor! ¡Señor, aguarde!” Exclamó de repente, corriendo detrás del tipo que acababa de salir caminando a toda prisa del salón, al que se le acababa de caer algo al suelo. “Se le ca... Duque Kibum.” Dijo, sorprendido de verlo. La última vez que lo había visto fue casualmente la última vez que él acompañó al difunto Príncipe Eunwoo de Corea del Sur a visitar a su hermana mayor Joohyun, de la cual ambos eran grandes amigos. Según lo que tenía entendido, el Duque era el mejor amigo del que solía ser el prometido de su hermanita Haewon, y la muerte de Eunwoo lo había afectado tanto que no había podido salir de su casa en meses. Jeonghun podía ver en su atuendo y en su pose que, tal como Haewon, este muchacho seguía de luto... y que no estaba de buen humor. “¿Todo en orden?” Quiso saber entregándole el medallón grabado que se le había caído en su huída, e intentó no retroceder cuando él le respondió que mejor volviera al baile y se encargara de que Yi Kang no volviese a acercarse a su hermana. Dicho eso tomó lo que le pertenecía y se marchó, dejando a Jeonghun confundido porque... ¿acaso ése no era el nombre del hermano de Eunwoo del que él y Joohyun siempre se burlaban? De cualquier forma, era hora de volver adentro. No podía hacer el papelón de irse a menos de dos horas de iniciada la fiesta, ¿no? Es decir... mientras se mantuviera lejos del alcohol y la tentación iba a estar bien, sí.








