Con su mano zurda sostenía un trago que había estadobebiendo bastante concentrada en la festividad, un trago, dos… cuando lafamiliar sensación de que una conexión estaba ocurriendo la invadió, reconocióel espacio, lo hizo de inmediato y espero ver la fabulosa cabellera rizada deSerguéi, pero en cambio se encontró con la ¿grata? ¿buena? ¿pésima? Sorpresa dever el rostro de uno de sus compañeros de clan, rostro que tenía meses sin ver…y no estaba tan borracha como para pensar que el alcohol era el culpable de unaposible alucinación…
–¿Benjamin?- preguntó Rebeca, sin creerse lo que sus ojosestaban viendo, sentía que había pasado una eternidad desde la última vez quese habían visto, había sido cuando ella había estado secuestrada y después elotro había desaparecido de la faz de la tierra, dejando al clan sin un miembro,haciéndola sentir como si les faltara una parte, como si les hubieran arrancadoalgo.
Y ahora aparecía como si nada, el alivio podría ayudarla,sentir que volvía a respirar con normalidad, porque no habían perdido a nadie(aunque si lo hubieran perdido, lo hubiera sentido ¿cierto), pero el enojo, lamolestia, e irritación comenzó a abrirse paso sobre el alivio, sobre todo alescuchar primero que solo llamaba a Serguéi y segundo la frase más idiota quehubiera escuchado en mucho tiempo –¿DESAPARECESMESES? ¡NOS DEJAS SOLOS! ¿Y APARECES DICIENDO “TRAJE REGALOS”?- vociferó lamexicana imitando la voz estúpida de Ben –¡Eresincreíble Benjamin Lowell!- y se dejó a ir sobre él queriendo golpearlo,sin importarle aun llevar el vaso en la mano y que se vería como una loca en lafiesta.
El lugar que ahora le rodeaba había cambiado, pero a aquellas alturas ya estaba suficientemente familiarizado con las conexiones como para reconocer aquella sensación de inmediato. Aunque en aquella ocasión, por un momento, estuvo apunto de volver a creer que aquello no era real, que no estaba pasando (como en los inicios)… Porque en vez de toparse con Serguéi como había esperado al conocer el departamento, fue con Benjamin con quien se topó. La presencia del británico le dejó estupefacto y sin habla, incapaz de reaccionar de algún modo. ¿Cómo podía estar ahí? Habían pasado tantos meses desde la última vez que había sabido de él, desde que había empezado a sentir como les faltaba una parte del clan… Y ahora estaba delante de suyo, tan tranquilo.
La voz de Rebeca le devolvió a la realidad, cayendo entonces en la cuenta que no se había percatado antes de la presencia de la mexicana antes por culpa del aturdimiento. Pero por suerte el moreno fue capaz de reaccionar con rapidez al ver como su compañera parecía más que dispuesta a golpear a Ben, abalanzándose sobre ella para rodearla por la cintura con los brazos.- ¡Eh, eh! ¡Rebeca! ¡Tranquila! -exclamó mientras trataba de alejarla con cuidado del contrario, esperando no ser él el que terminara golpeado.
Esperó unos segundos para asegurarse de que la Ramírez estuviera más tranquila, clavando entonces la mirada en Ben.- Joder, Benjamin… -pronunció entre dientes, dejando escapar un resoplido. Hasta le costaba encontrar fuerzas para cabrearse por culpa de la confusión que tenía en ese momento. Habían demasiadas preguntas que quería hacer y al mismo tiempo seguía sin poder creerse que estuviera allí, sano y salvo. Había llegado a imaginarse lo peor en cuanto había sentido como su voz se había silenciado sin saber el motivo ni cómo.- Espero que tengas una buena explicación para esto…
No entendía que ocurría. Si bien las conexiones podía manejarlas mejor para ese momento, se mostró un poco confundido al percibir que se daba fuera de su departamento debido a que él no había iniciado nada ahí y sus amigos bien podían iniciarla dentro del departamento no sería nuevo. Vio a Rebeca quién en un movimiento rápido se abalanzo contra un sujeto, vio a León quien se acercaba rápidamente al observar a Rebeca y de última instancia vio una cabellera más que conocida que se adjudicaba como la razón de las actitudes de ambos amigos. Todo eso mezclado con el hecho de que en ese momento una voz atravesó la puerta de entrada al departamento, una voz que no dejaba rastros de duda. Un rostro que pasó de ser desconcertado a serio se apoderó de él, rostro que se expresó en ambos lados de la puerta y que fue acentuándose más a cada paso dado para llegar a abrirla. El ceño completamente fruncido se apoderó de su rostro y trató de respirar profundo para calmarse en un intento completamente fallido antes de abrir la puerta para enfrentarse al fin de frente a la persona que había iniciado todo.
Un ruso impulsivo fue el que terminó actuando sin premeditarlo, levantando la mano empuñada que en un movimiento rápido terminó en la mandíbula del hombre que se paraba frente a los mangata así, como si todo estuviese bien después de tantos meses. Un golpe sordo, seco y firme fue el resultado de la bienvenida a Benjamín, dio paso dentro dejando la puerta abierta para permitir la entrada de los restantes. “Mierda.” Susurró por lo bajó, sin sobar el puño que ahora le dolía por orgullo. “¿Ya eres parte de Whispers y vienes para hacernos alguna mierda en el cerebro?” Dijo con brusquedad sin creerlo, pues sabía a pesar de todo que él no lo haría, sirviéndose un vaso de whisky y claro, dejando algunos vasos para que los demás se sirvieran algo de la pequeña barra de bar que ofrecía gran variedad de alcohol. A su vez, mientras esperaba alguna explicación sus pasos pesados se movieron a la cocina por un poco de hielo el cual metió en una bolsa y le tiró al inglés, antes de terminar su recorrido tirándose al sillón. “Debí dejarte inconsciente pero como no lo estás, explicate.” Murmuro malhumorado y sin querer admitirlo, muy aliviado de verlo a salvo, terminando por darle un trago que terminó con lo que se había servido de una sentada. Su mirada se dirigía de manera lenta a los presentes, observando las reacciones de cada uno de ellos.
¿Había esperado un par de golpes? Si era sincero... No, por ello simplemente había atinado a rodar los ojos en cuanto Rebeca se había abalanzado por poco sobre él siendo detenida por Leon. Suspiró pesadamente “No los dejé solos” mencionó en lo que acomodó su mochila al hombro, con lo poco que llevaba en aquel viaje, dirigiendo la mirada ahora al contrario “¡Traje los regalos en son de paz!” Fue lo primero que salió de entre sus labios aunque realmente no había sido planeado.
Pronto se dio cuenta de lo dicho y negó un par de veces “Claro que hay una explicación...” Sin embargo sabía que esta podría traerle más problemas. Se limitó a volver la mirada a la puerta cerrada delante de sí, a sabiendas de que el ruso se aproximaba y sin embargo, para apresurarlo estuvo a punto de golpear la puerta nuevamente, la cual fue abierta de inmediato.
¿Había esperado que Serguéi le recibiera con un puñetazo? Si era sincero... No.
Se trastumbó un poco y su diestra fue directamente a dar directamente a la quijada, alzando la mirada casi de inmediato para cuando el contrario ya le daba la espalda “¡Maldita sea! ¿En serio crees eso de mí?” Se quejó sin derecho y sin embargo se adentró al apartamento para recibir la bolsa de hielo una vez había dejado la mochila en cualquier parte del suelo “Me esperaba un mejor recibimiento” Se quejaba el enfermero que reconfortaba su mandíbula a la par que tomaba el vaso, sirviendo whisky a pesar de que lo odiaba “Primero que nada... Necesito un lugar donde quedarme...” Acompañó sus palabras con una ligera mueca y quizá era el pensamiento que le detuvo de devolver el golpe a su mejor amigo.