—¡Carajo, como duele!— Dijo refregando la cara en su maleta, no estaba escapando de casa, iba a devolver aquella arma cuando un destello le hizo recordar cosas y una cosa llego a otra y al final, tuvo que aplicarse de vuelta una de esas inyecciones para que su traquea no se cerrara, lo malo era que a veces, este liquido en sus venas quemaba mas que la misma lumbre haciendo que dejará todo en el suelo para intentar controlar ese inmenso dolor, seguro que aquel liquido era mas veneno que medicina, pero le ayudaba a vivir y no morir de lo que sea que le causaba no usarla.
Se volteó de golpe al escuchar estruendosos ruidos y quejidos. Se encontró entonces casi de frentón con un castaño casi gimiendo de dolor. Dio dos pasos lentos, él no era de lo más confiado, menos con desconocidos. Le observó por una fracción de segundo y cuando se decidió por intentar creer que su dolor era legÃtimo, se acercó a éste. Estando cerca del otro concentró toda su atención en éste, sin hacer contacto fÃsico. — ¿Estás bien? — preguntó en seco.
















