Buenas gente, no quería perder la oportunidad de escribir aquí en este nuevo blog sobre el Córdoba CF (buena iniciativa por cierto), y no hay mejor manera de participar que contando como he vivido yo la suerte de ser de nuestro equipo. Así que nada, ahí voy...
Tengo 20 años, estudiante de Derecho y seguidor a muerte del Córdoba CF desde la temporada 2004/2005, esa temporada en la que un ya ascendido Valladolid nos robó la permanencia. Recuerdo la imagen de acabar el partido, atacando en la portería del Fondo Sur (tapado por el cartel enorme de Cajasur) y como el árbitro pitaba el final, un final que nos marcaba el camino a la Segunda División B, otra vez. Esa imagen la tengo grabada en mi cabeza, jugadores como Cristian Álvarez o Marc Bertrán tirados en el suelo mientras yo lo miraba todo desde la Tribuna del estadio. En ese momento, yo, sin ser aún cordobesista al 100%, me puse a llorar timidamente. Pues bien señores, aquel día, el del último descenso, es el primero en el que yo tengo tengo uso de razón en lo que a la vida y sentimiento cordobesista se refiere. Aquel día, con 10 años y con un cordobesismo que por aquel entonces no era el de un fiel seguidor hasta el momento, fue cuando me hice del Córdoba CF.
Posteriormente seguí siguiendo al Club en su etapa por la Segunda División B, momento en el que todos aquellos compañeros de clase se reían de todo aquel que era del Córdoba CF y escupían esas cinco palabras que, con el tiempo, se tragarían: "Pero si son muy malos!"...
Pasaron dos años, solo dos tardamos en volver de la mano de Villa, Pierini y compañía... Lástima no tener la camiseta de ese ascenso, daría lo que fuera por tenerla. Con ese ascenso a Segunda División y su posterior y obvia celebración en Las Tendillas me aboné junto con mi padre, tíos, primos/as y amigos en la nueva Preferencia del estadio. Por unas cosas o por otras, finalmente, quedamos sentados solo tres, tres fieles que se sientan en el sector 5 de Preferencia Alta haya 40 grados, diluvie o este el campo entero cubierto de nieve y de camino sepan que no iba a haber partido, los tres locos que junto con un millar más de locos por estos colores fuimos a Murcia (de lo que posteriormente hablaré). Tres locos (mi padre, mi amigo Carlos y yo) que disfrutamos y sufrimos esto cada año como buena razón de ser que es el ser cordobesista. Después de todos estos años, asistiendo a El Arcángel creo que los tres podemos considerarnos de esos de los de siempre, de los que renovamos nuestro abono como acto reflejo año tras año y de esos que se enamoraron de este nuestro Córdoba hace ya unos 10 años.
Y aquí estamos, quién lo diría, después de tantos "este año subimos", después de tener que aguantar tantos "pero si son muy malos!" y después de que hace tres o cuatro meses nos viéramos fuera del playoffs o incluso coqueteándo con el descenso... Somos de Primera. Repetíroslo una y otra vez, en serio, somos de Primera, hemos llegado de nuevo después de 42 años, hemos vuelto para quedarnos si Dios lo quiere, y si no pudiera ser así pues seguiremos asistiendo a ver a nuestro equipo entonando con más fuerza que nunca ese "volveremos" en Segunda División, porque nosotros somos así, el cordobesismo es así, la afición más grande que pueda haber nunca.
Eso sí, independientemente de lo que pueda pasar dentro de un año, nos toca disfrutar ahora, porque es nuestro año, este 2014 ha sido el año del Córdoba y el de todos sus fieles. Y pueden preguntarse qué por qué ha sido nuestro año, pues verán, ha sido nuestro año porque el karma o Dios (o lo que ustedes quieran) nos ha devuelto todo de golpe, de repente todo ha salido bien, de repente en la última jornada tuvimos la suerte de que los resultados fueran favorables, tuvimos la suerte de que en los playoffs el Murcia no colara ese penalti y tuvimos la suerte, sobretodo, de tener a unos jugadores y cuerpo técnico que han creído en esto siempre, un equipo con todas sus letras que ha sido ese equipo top que nuestro Presidente decía que ibamos a tener esta pasada temporada, top en echarle los cojones necesarios justo cuando era necesario, top en no alzar la voz más de la cuenta, top en llegar poco a poco, sin hacer mucho ruido y sin que nadie diera un duro por nosotros. Por ello quiero darle a todos ellos las gracias otra vez (incluyendo a los que se han ido, como Pablo Villa y demás jugadores que también aportaron su grano de arena), gracias por todo esto.
Y es que señores, no recuerdo mayor emoción que la de ver como todos ibamos a una en Murcia, como recorrimos casi 7 horas de viaje en la ida y otras 7 (sin el casi) en la vuelta y como nos abrazábamos sin conocernos de nada en los goles que Pedro y Raúl Bravo subieron al marcador de la Nueva Condomina. Quién nos diría que una semana después tocaríamos el cielo en Las Tendillas, que todos esos guantazos que se nos dieron en un pasado fueron devueltos en un jodido segundo, un segundo en el que Raúl Bravo la empuja como puede para que Uli Dávila la empuje entre tanto amarillo, un segundo en el que me quedé mirando a la televisión sin creerme lo que estaba viendo. No podía creer que estuviéramos en Primera, me levanté llorando del sofá abrazando a todo el que estaba a mi alrededor, intentando asimilar por un momento lo que acababa de ocurrir. Sin dejar de llorar me repetía a mi mismo que habíamos vuelto mientras el móvil echaba humo de gente felicitándome por el ascenso de mi equipo, el Córdoba CF.
Los días siguientes aún costaba asimilar lo que acababamos de conseguir, y creo que así sigue siendo, no somos conscientes aún de que nuestro escudo vuelve a estar ahí, entre los grandes, en el lugar en el que se merece y nos merecemos todos los que día tras día mamamos esto desde hace mucho tiempo. Por ello, amigos cordobesistas, es momento de disfrutar.
Gracias por leerme y feliz Primera División a todos.