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30.06.2026—literally so close to finishing this (hopefully final) draft 🥹
Color, craft and character in a Yorkshire Victorian family home | subscribe to the newsletter
El viento salado nos golpeaba el rostro mientras caminábamos por la orilla. El sol se ocultaba lentamente detrás del horizonte, tiñendo el cielo de naranjas y violetas. Nadie hablaba. Solo el murmullo de las olas rompía el silencio, como si el mar nos susurrara algo que no alcanzábamos a comprender.
Habíamos salido de casa con rumbo fijo. Quizás necesitábamos aire, o quizás era algo más profundo, algo que ninguno de nosotros quería admitir. Nos detuvimos frente al agua, dejando que la espuma mojara la punta de nuestros zapatos.
—Es raro: acudimos al mar para no ahogarnos —dije sin pensar, repitiendo una frase que había leído alguna vez.
Mis amigos me miraron en silencio. Sus rostros reflejaban algo parecido al cansancio, pero también a la esperanza. Porque era cierto: veníamos aquí buscando alivio, intentando sacudirnos de encima el peso de los días grises, los pensamientos oscuros, las heridas invisibles que nadie más veía.
El mar no nos ofrecía respuestas, pero sí una tregua. Nos dejaba respirar, al menos por un instante.
Y a veces, solo eso es suficiente.