Mi Doggy,
Dicen que el dolor se parece al amor cuando ya no tiene dónde quedarse.
Y entonces supongo que por eso me duele tanto tu ausencia.
Cómo hago para abrir la puerta sin escuchar tus patitas correr hacia mí como si yo hubiera vuelto de una guerra y no solo de un día cualquiera.
Diez años.
Diez años contigo y aun así siento que me faltó tiempo.
Llegaste cuando éramos pequeños y, sin darnos cuenta, crecimos juntos.
Tú me viste cambiar tantas veces; viste mis días felices, mis peores noches, mis prisas, mis lágrimas, mis despedidas. Y aun así siempre estabas ahí, mirándome como si yo siguiera siendo la misma persona que conociste desde el inicio.
Y que injusto es que la vida siga avanzando cuando uno siente que el mundo debería detenerse un momento para llorarte.
Porque nadie entiende que hay amores que caminan en cuatro patas y aun así sostienen una vida entera.
Y perdóname.
Perdóname por no haber estado contigo al final.
Creo que esa culpa va a perseguirme muchísimo tiempo, porque daría lo que fuera por haber podido abrazarte una última vez, acariciarte la cabeza y decirte que todo iba a estar bien.
Me duele pensar que en tus últimos días yo no estaba ahí contigo.
Y aunque intento convencerme de que sabías cuánto te amábamos, hay una parte de mí que no deja de preguntarse si me buscaste, si esperaste escuchar mi voz, si sentiste mi ausencia.
Ojalá puedas perdonarme por eso algún día.
Apenas ha pasado un día y ya siento que el mundo se volvió muchísimo más silencioso sin ti.
Todavía ni siquiera vuelvo a casa y ya me da miedo entrar y no encontrarte, no escuchar tus pasos, no verte esperando para salir a pasear.
No sé cómo voy a acostumbrarme a tu ausencia si todavía todo en mí sigue esperándote.
Voy a extrañar pasearte y verte ladrarle a todos los perros como si fueras el más valiente de todos.
Voy a extrañar verte dormir pegado a mi mamá y a mi.
Voy a extrañar darte pollito y mirarte feliz por cosas tan pequeñas.
Y creo que lo que más me duele es saber que toda mi vida voy a seguir queriendo un ratito más contigo.
Qué difícil aceptar que alguien tan pequeño pudiera dejar un vacío tan inmenso.
Ojalá donde estés haya calles eternas para pasear, un sol tibio que te arrope, perros a los que puedas ladrarles sin correa y muchísima comida esperándote al volver a casa.
Y ojalá tú hayas sabido, hasta el último segundo, cuánto te amamos.
Cuánto significaste para nosotros.
Cuánto de nuestra vida se quedó contigo.
Gracias por crecer a mi lado.
Gracias por acompañarme durante todos estos años.
Gracias por existir.
No sé cómo voy a vivir toda una vida sin ti, doggy. Pero se que voy a extrañarte en todas las versiones de mí que existan de ahora en adelante.












