Por última vez, Ariel levantar la maleta para subir las escaleras, pero como todas las veces anteriores terminó dejándola caer cuando no la había levantado más de un palmo del suelo. Bastante frustrado, el muchacho de larga melena dio una fuerte patada al objeto causando que se cayese armando un estruendo. Suspiró y se cruzó de brazos, quizás esperase a que algún buen samaritano le ayudase a subir la estúpida maleta ahora que su padre se había ido a casa.
“¿Necesitas ayuda, linda?” Se detuvo el mayor al notar la frustración con la que la muchacha —algo desgarbada para su gusto— dejó caer su maleta por segunda vez desde que él se había bajado del auto. Se acercó a la chica pero entonces su expresión pasó a ser sorpresa y se rió, sacudiendo la cabeza. “Lo siento, te he confundido.”










