Te leerá como si fueras un libro, no dejará una sola página sin revisar, analizará cada párrafo, cada oración, cada letra. Cuidará de ti como su colección más preciada de literatura. Se convertirá en la persona más formal que hayas conocido, intentará hacerte reír incluso cuando no se sepa ningún chiste y su comedia sea pésima. Esperará por ti en cada momento. No te enamores de Virgo, te enseñará cosas inimaginables, cosas que jamás ojo humano vio ni oído oyó, te llevará de viaje por la luna por medio de sus narraciones, y después te invitará una tasa de café en Europa. Estará para ti incluso cuando su mundo se derrumbe, dejará atrás sus problemas y se enfocará en ti. Sus palabras serán dulces y de su boca saldrán melodías. Su pecho será blando como almohada, para que puedas cómodamente llorar sobre el. Se convertirá en profesor, en mecánico, en doctor, en astrónomo, en psicólogo, en abogado, sólo para que comprendas las cosas que él quiere para ti. Inventará lo que aún no existe. No te enamores de Virgo, de seguro que planeará cada día contigo, cada hora, cada minuto. Te llevará a su recital favorito y pedirá que lo acompañes al museo de su preferencia. Investigará cuáles son tus alergias, tus miedo e inseguridades, para cuándo llegue el día, poder contra ellas. Los Virgo no quedarán satisfechos con una sonrisa en tu cara, quieren llegar hasta el fondo de tus entrañas, conocer las mariposas que habitan en tu estomago y dejarlas volar después. No te enamores de Virgo, porque nunca dejará que enfrentes el mundo solo. Se convertirá en lo que sea, incluso en reloj de bolsillo si es necesario, para que siempre vayas con él.