Tenía sólo unos cuántos meses de haber vuelto a Inglaterra. Durante su tiempo lejos habían pasado demasiadas cosas que aún no terminaba de asimilar. Desde entonces tampoco había visto a su familia, al menos no a su familia directa. Se había topado con Fabian al bajar a la cocina en busca de algo a desayunar, a Alice la había visto en un par de ocasiones, pero sin cruzar palabra. Pocas veces no sabía qué decir pero esa era una de ellas. Le avergonzaba incluso verla sabiendo lo que su familia había hecho y decir que lamentaba todo lo que había sucedido sonaba incluso patético. Mantener su distancia con ella y no molestarle sonaba como la mejor idea. Los pequeños gemelos, a quienes ocasionalmente había escuchado desde el otro lado de la casa, tampoco le eran familiares. Nunca se consideró buena con los niños y su existencia en específico la tenía demasiado confundida, pero no se atrevía a preguntar cómo es que había sucedido. Nada de lo que viniera de su familia le sorprendía.
Bebés. El día que huyó con Sebastian del hospital su hermano se encontraba también en el lugar pero no precisamente por ella; solo era cuestión de horas para que se convirtiera en padre. Era como si todo se hubiera acomodado para permitirles irse. Sus padres habían ido a empacar para enviarla lejos por tiempo indeterminado después de utilizar Veritaserum para interrogarla. La señora Kyle estaba ocupada con los arreglos necesarios para su traslado. Salir del edificio había sido prácticamente sencillo, aunque el resto del camino no lo fue. Irónicamente sería mucho más sencillo que todo lo que sucedería después.
Nunca, ni en sus peores sueños o fantasías según la perspectiva, se imaginó que terminaría huyendo del país con Sebastian Kyle por ser acusados de traición. Tampoco pasó por su cabeza todo lo que sucedería en esos meses en los que se vieron forzados a no tener nada más que la compañía del otro. Esa era la justificación que había creado, como una forma de protegerse a sí misma. Durante el viaje de regreso le había dejado saber que no tenían que hablar alguna vez al respecto pues no había significado nada, solamente había sido la forma que ambos habían encontrado para afrontar su realidad. Necesitaba ser quién lo dijera como si eso pudiera darle alguna clase de seguridad sobre su decisión. Si se le adelantaba, no había forma de que él pudiera lastimarla. Pero el destino lo tomó como la oportunidad perfecta para jugar con ella. Estar viviendo en casa de los Kyle era solo temporal, lo supo bien desde el principio, pero una sospecha que afortunadamente resultó ser una falsa alarma le obligó a salir del lugar casi de manera abrupta. Con el presupuesto y tiempo que tenía, lo mejor que pudo encontrar fue un lugar minúsculo, pero era mejor que nada. Empacó las pocas pertenencias que tenía con ella, escribió una carta rápida para la madre de Sebastian agradeciéndole por haberla dejado quedarse en su casa después de todos los problemas que había ocasionado y de último momento decidió agregar la dirección en donde de su nuevo departamento. En caso de que cualquier cosa pasara, al menos ella sabía dónde se encontraba.
Se encontraba sola por primera vez en su vida. Era una sensación completamente ajena a ella. Al ser la sexta hija de siete, no había un solo momento en el que no recordara estar rodeada de sus hermanos o incluso sus primos. El silencio era abrumador. Lo único que parecía ayudar a mantenerla centrada era ordenar un poco el lugar que aún lucía bastante vacío. El resto de sus cosas estaban tal vez en casa de sus padres o en el viejo departamento de Hayley si es que Timm no se había deshecho de ellas. Entendía si lo había hecho, incluso esperaba que fuera así. La relación con su primo era algo que probablemente nunca podría recuperar y no sería ella quien lo forzara. Quizá, en algunos años cuando todo se enfriara y ella pudiera darle una explicación lo suficientemente buena como para perdonarla, aunque eso parecía imposible por el momento.
Para el tercer día había terminado de desempacar e incluso había ido a una tienda de comestibles cercana. No había mucho espacio en la cocina, pero tenía lo básico que pudiera necesitar. Alguien llamando a la puerta la interrumpió. Tomó su varita de su bolsillo antes de abrir ligeramente la puerta pero la persona del otro lado era la última que esperaba ver.
“¿Qué haces aquí?” No le había dirigido la palabra desde que habían bajado del avión. Lo consideraba un favor para ambos. Tampoco le había informado que se iría, no lo creía necesario. No lo preguntaba molesta, estaba confundida. Confundida como lo había estado desde el día en el que se coló en su habitación del hospital pidiéndole que huyera con él. Se quedó inmóvil por algunos segundos que para ella fueron como una eternidad. Nada de eso le hacía el más mínimo sentido. Desde que volvieron la parte racional de ella le dijo que solo era cuestión de tiempo para que él retomara la comunicación con Felicia y la siguiera a donde fuera, no volvería a verlo y eso sería todo. Lo había aceptado incluso. Como se lo había dicho, no se debían nada. Pero él no estaba ahí por alguna clase de deuda.
No hablaron mucho ese día, ninguno de los dos era bueno con las palabras, mucho menos cuando se trataba de expresar qué es lo que sentían, pero en esos meses a solas habían encontrado su propia manera de dejarle saber al otro que era lo que querían. Pronto sus cosas no serían las únicas en ese departamento, los días se convirtieron en semanas y mientras seguían adaptándose a esa vida nueva, una lechuza tocó a su ventana. No reconoció al animal de inmediato pero sí la letra en el sobre que le entregó. No esperaba que alguno de sus hermanos tratara de ponerse en contacto, y mucho menos lo esperaba de Jason que debía estar ocupado con sus nuevas responsabilidades. Creyó más probable que Francesca escribiera para dejarle saber lo que pensaba de ella, así que al ver que dentro del sobre había una invitación la descolocó por completo. No confirmó su asistencia pues no dejaba de darle vueltas al asunto. Presentarse a la fiesta sonaba como una mala idea, su familia estaba seguramente molesta y aparecerse en el lugar solo crearía tensión.
La fecha se acercaba y a pesar de que no lograba decidirse terminó buscando un par de regalos. Si al final decidía no asistir, buscaría la forma de hacérselos llegar a su hermano. Una noche antes de la fiesta tomó una decisión. Estaba nerviosa por supuesto, pero si lo hacía de esa forma sería lo mejor para toda su familia. El camino hasta la casa de su abuela le pareció eterno. Agradeció que no tenía que conducir, necesitaba ese tiempo para ordenar sus ideas y pensar cuidadosamente qué es lo que diría. Esperaba que al ser tan temprano el resto de los invitados aún no estuvieran en el lugar. Que la atención se dirigiera a ella en un día como ese no era lo que quería. Entrar sola era lo mejor. No podía predecir la reacción que tendría su hermano al verla, mucho menos lo que haría si veía a Sebastian. Esperaría por ella en el auto, seguramente no tardaría. No tenía planes de quitarle mucho tiempo.
Abrió la puerta del jardín teniendo cuidado de no hacer demasiado ruido en caso de que su sobrina estuviera durmiendo. Llegar de esa forma y despertarla sería la peor forma de iniciar su visita. Todo estaba bastante silencioso, tanto que le preocupó haberse equivocado de fecha. Iba a dirigirse a la sala cuando la persona a la que estaba buscando apareció por la escalera e incluso antes de poder formular alguna palabra como saludo, su hermano saltó el último par de escalones para alcanzarla y abrazarla con un poco de más fuerza de la que le gustaría.
“No estaba segura si tendría oportunidad de venir así que no respondí la confirmación…” Hasta la noche anterior estaba indecisa, pero de lo único que estaba segura era que no se presentaría a la fiesta como tal. No era un buen momento. “Este es para ustedes” Le entregó una de las cajas de regalo que llevaba con ella. “Y este es para la bebé, la encargada de la tienda dijo que sería apropiado para su edad” Si conocía cuántos meses tenía era porque había llegado al mundo el mismo día que se fue, pero eso era todo lo que sabía. Desconocía su nombre y más detalles sobre su nacimiento. En ese tiempo había evitado a toda costa leer cualquier publicación.
Su hermano no le dio mucha importancia a no haber respondido la confirmación, le aseguró que no era necesaria, aunque ese optimismo duró muy poco, hasta que preguntó cómo es que había llegado y vio a Kyle en el auto esperando por ella. No le sorprendió su reacción, desde el inicio había quedado claro que sus padres y el resto de su familia la veían como una clase de víctima que había terminado en el lugar y momento equivocado por influencia de otra persona. Intentó explicar que había sido todo lo contrario, Kyle había hecho lo posible por sacarla de sus planes, pero ella no iba a quedarse de brazos cruzados sin hacer nada. Rápidamente comprendió que sus explicaciones no importaban, su familia ya habían tomado una decisión respecto a él y lo que realmente había pasado. Era parte del por qué había decidido no asistir a la fiesta, y su hermano le estaba confirmando que había tomado la decisión correcta. Quedarse a la fiesta era darle carta abierta a su familia para que incluso no le permitieran irse, olvidando por completo que ellos no eran los únicos molestos. Toda la información que había salido a la luz sobre su familia había cambiado por completo la forma en la que los veía y la clase de cosas que estaban dispuestos a hacer y dejar pasar sin importar cómo podían afectar a los demás.
“No te quito más tiempo, tengo que irme” A su hermano no le agradó escuchar que se marchaba, pero mientras más tiempo pasaba en casa de su abuela incrementaba la probabilidad de cruzarse con sus padres y eso no terminaría tan bien como la visita a su hermano, incluso considerando que salió de la casa rápidamente antes de que pudiera detenerla. No podía descartar por completo que fueran a hacer algo así.
Como si la suerte estuviera de su lado, apenas unos minutos después sus padres volvieron del jardín con la bebé después de un paseo para entretenerla. Adentro, Jason seguía en el mismo lugar, sin moverse. “¿Qué es eso que tiene papá, Brie?” Los colores del papel que envolvían los regalos llamaron la atención de la bebé, que extendía sus pequeños brazos hacia ellos. “Son… Ella estuvo aquí…” Si no tuviera las cajas de regalo en sus manos, creería que todo había sido su imaginación. “Ya se fue, solo dejó esto y se marchó” Agregó, al ver la ilusión en el rostro de su madre por ver a su hermana después de tanto tiempo. “No dijo nada sobre ella, parece que está bien, aunque no venía sola” Esa emoción en su madre duró muy poco, solo para dar paso a la decepción y un poco de molestia al escuchar que no estaba sola. No era necesario que dijera nombres, podía hacerse una idea sobre quién era su acompañante. “Debí detenerla, debí… Lo siento” Verla en el lugar lo había paralizado. En otras circunstancias hubiera por lo menos intentado convencerla de quedarse e incluso impedir que se fuera al menos hasta que sus padres pudieran hablar con ella.