El rincón oculto de mi mente, el altillo de mis ideas, el cajón de mis perversiones, el sótano de mi creatividad y la caja de revolución. No me abras. Déjame en paz.
He conseguido superar un episodio de moobing laboral. No ha sido fácil, no ha sido rápido, no ha sido indoloro y obviamente han quedado secuelas en el equipo que no se pueden arreglar. Lo que sí ha sido es un gran aprendizaje, no para evitar que vuelva a sucederme en el futuro (porque ser víctima no es algo que esté en mi mano), sino para saber cómo reaccionar si me vuelve a pasar.
La psicóloga me ha dicho que seguir hacia adelante sin detenerme a procesar las emociones de las situaciones que vivo, no es sano. Las pocas personas que me conocéis de verdad sabéis que soy así. Me pasa algo malo, pego un carpetazo y sigo con mi vida sin mirar atrás.
No puedo hacerlo más.
Así que he decidido utilizar este espacio oscuro, en el que a aquellos que me seguís fielmente casi os siento como compañeros silenciosos de vida, para procesar las emociones de la mejor forma que sé: Escribiendo.
Si queréis leer lo dejo por aquí abajo, sino, esto lo hago solo para mí.
Quiero recordar cuándo empezó, pero no estoy seguro del todo. En septiembre de 2022 se formó un nuevo equipo en el que solo estaba yo, levantando un proyecto nuevo, con un Product Owner que, aunque no conocía del todo (ya que en la empresa entré en Marzo), no me daba buenas vibraciones. Tengo un sexto sentido para las personas, y con este hombre acerté de pleno.
Poco después, entraron dos compañeros nuevos, recién contratados, a formar parte del equipo. El proyecto era grande, había una deadline y a pesar de que yo sentara las bases del frontend había un hiring en proceso para cubrir las vacantes que faltaban (que eran todas).
Estos dos compañeros me dieron buena impresión inicialmente, uno era frontend (como yo) y sería con el que trabajaría codo con codo y el otro era backend, senior, y se encargaría de sentar las bases del proyecto desde el lado del servidor.
La primera escena que me viene a la mente es el segundo día que nos vimos en persona. Trabajamos desde casa, así que las reuniones presenciales se dan una vez cada tres meses y solemos hacerlas para hablar del trimestre. Recuerdo que había una tarea asociada a una librería. Había mirado en la documentación antes de puntuarla y la posibilidad de hacer lo que se quería hacer requería de más lógica y tiempo de lo esperable (porque la liberia NO tenía una funcionalidad muy básica que lo habría hecho más sencillo). Así que mi compañero, con todos sus cojonazos, le dijo al Product Owner que esa valoración estaba mal. No a mí, a pesar de que me tenía sentado al lado, sino al Product Owner. Y cuando le dije por qué no lo estaba, tuvo los cojonazos de decir que la librería SÍ tenía esa funcionalidad. Le dediqué una mirada asesina, tan obvia que el Product Owner me señaló y le dijo, entre risas: "Mira cómo te está mirando".
Lo que tú digas, le respondí.
Cuando tocó hacer la tarea, yo tenía razón, pero en ese momento no fui consciente de que esa "razón" no se hizo pública. Mi compañero se había encargado de hacer pública mi "incompetencia". Aquel día quise creer que no había sido a propósito, que simplemente dijo aquello porque creía, sin haberlo verificado, porque como he comentado esa funcionalidad era muy básica, pero hoy por hoy estoy seguro de que fue Intencionado o, más bien, Malintencionado.
A partir de aquí empezó todo. Mi compañero se volvió paulatinamente un ser insoportable. Se dedicaba a microgestionarme, a decirme lo que tenía que hacer o cómo tenía que resolver mi trabajo sin que yo le preguntara, a llenarme el código de comentarios absurdos (como si tuviera la necesidad de comentármelo todo) a cuestionar mis decisiones y a llevarme la contraria de forma reiterada a pesar de que yo, en el trabajo, jamás expreso una opinión sin fundamentos de peso que la sostengan. Me hablaba con condescendencia y cuando me corregía lo hacía dándome lecciones muy básicas, cosas que le explicarías a un junior, como si yo no tuviera ni idea de lo que hablaba y tuviera que volver al colegio. Me hacía sentir que no sabía hacer mi trabajo, a pesar de que, y esto quiero recalcarlo, yo fundé las bases de arquitectura sobre las que él trabajaba, yo resolvía los problemas estructurales de la aplicación y yo me comía las tareas más complejas y difíciles de implementar.
Y esto último no es ego, es una realidad como un piano. Una realidad de la que fui consciente después, porque como os he dicho, el machaque constante de esta persona con ese tipo de actitud conmigo, diariamente, llegó a minar mi autoestima profesional y a hacerme dudar de mis capacidades.
De haber sido solo él, no me habría pasado, pero no era solo él.
De forma paralela, se había formado un cónclave. Un cónclave que no estaba aprobado por la empresa y del que yo no era consciente. Los tres, el Product Owner, el backend y mi compañero, se autoproclamaron líderes y portavoces del proyecto y me dejaron de lado a propósito. Empezaron a reunirse entre ellos a mis espaldas, sin tener ni la decencia de traspasarme la información después. Empezaron a reunirse con negocio, con el cliente y con quien hiciese falta, sin tener la decencia de comunicármelo antes ni después.
Me encontré con que yo llegaba a reuniones sobre las que ya se había hablado y decidido todo. Me encontré con que había reuniones de las que no tenía ni idea que cambiaban el scope del proyecto o puntos importantes de tareas que ya tenía en marcha. Me encontré con que mi compañero ya había hecho una lista de las tareas que había que hacer durante el sprint y ya las había puntuado. Me encontré con que mi opinión no le importaba a nadie y yo solo estaba ahí para hacer lo que se me decía. Aunque esto suene muy normal, os recuerdo que NO eran mis jefes, que la relación profesional que tenía con ellos era horizontal y que soy ingeniero. Mi opinión ES importante y forma parte de mi trabajo darla. El análisis y la puntuación de las tareas forma parte de MIS responsabilidades.
No sé cuántas veces pasó, pero me sentía tan mal que perdí toda la motivación por un trabajo que me entusiasma y era incapaz de desconectar de la situación. Salía de trabajar y seguía pensando en todo lo que me habían dicho y en todo lo que habían hecho. Me volví monotemático, obsesivo, no hablaba de otra cosa con mis seres queridos. Aquí quiero recalcar que esto es muy importante, porque cuando se lo cuentas a la gente, la gente que no vive lo que estás viviendo tú cree que no es para tanto, así que la angustia en este momento crece mucho, porque no te sientes escuchado ni dentro ni fuera, y empiezas a pensar que eres un exagerado o un paranoico. Y tragas, y tragas y tragas y cada vez estás peor. Más triste, más hundido, más desanimado y con menos ganas de ir a trabajar.
Llegó un día en el que exploté y le pedí al CTO una reunión para contárselo. No sé por qué, pero necesitaba contárselo. Creo que pensé que él era el único que podía solucionarlo.
Me sentía ninguneado, despreciado y humillado. No exagero cuando digo que no podía más. Aquí fui muy emocional, ese fue mi error. Expuse mis quejas desde un punto de vista subjetivo y mi jefe, a pesar de tener un gran valor humano y escucharme y apoyarme, se lo tomó como si fuese un problema personal con mis compañeros y no una situación de moobing laboral. Que es lo que era.
Me instó a solucionarlo y nos puso una reunión a tres, conmigo y mi compañero, y en aquella reunión lo vi muy claro. Mi compañero era un psicópata. Quería tener el poder y el control que de forma natural había ganado yo, y no iba a parar hasta conseguirlo.
Mi jefe puso el alto a algunas situaciones que no se podían dar, o al menos lo intentó, porque no le hicieron ni puto caso, y ahí me pusieron en el punto de mira. Porque no solo no estaba cediendo, sino que había conseguido que les pusieran trabas. Me volví el foco y los ataques se volvieron más brutales.
Después de mi chivatazo la situación empeoró. Empezaron a darse las burlas, las indirectas y las humillaciones públicas. Se unieron contra mí, dejándome en visto, señalando mis errores en canales generales, asignándome tareas de mierda y pretendiendo que de cara a la galería se viera que yo no trabajaba o que trabajaba mal. Querían venderme a toda costa como a un payaso o un inepto e hicieron malabares para conseguirlo. Para que os hagáis una idea del nivel de crueldad y mala intención que se gastaban, me pasaron el micrófono en una presentación delante de toda la compañía (más de 100 personas, en persona, encima de un escenario) sin avisarme y sin haberme dado tiempo a prepararme nada. Tuve la gracia de esquivarlo con humor, haciendo reír a todo el mundo sobre el acto de pasarme el micrófono sin avisarme, pero esa jugada me pareció de lo más repugnante.
En este punto empecé a analizarles a ellos y a leer y escuchar podcasts sobre moobing laboral. Los expertos aconsejan irse del trabajo, pero si no puedes te aconsejan ignorarles.
Una mierda ignorarles. Iba a vengarme y a evitar que se salieran con la suya, me costara lo que me costara.
Me sirvió mucho infantilizarles. Empecé a asociar su comportamiento con el de un grupo de niños de primaria y empecé a devolver los golpes usando yo la condescendencia y el sarcasmo. Empecé a discutir con mi compañero hasta llevarle al hartazgo expresamente y que me dejara hacer lo que yo quisiera solo para que me callara. Empecé a ridiculizarles y reírme de ellos en su puta cara, imitándoles y burlándome de su narcisismo, ignorando completamente que eran mayoría y que todos estaban contra mí. Me costó desligarme emocionalmente, no voy a mentir, pero lo conseguí, y llegó un punto en el que calculé mis manipulaciones y mis palabras antes de entrar a trabajar y me reía después de hacerles daño. Empecé a sacar capturas de sus reuniones del cónclave y a pegarlas en el general diciéndoles que por qué no me habían invitado, a soltar pullitas constantes sobre "Si en lugar de hablarlo en el canal secreto lo dijerais aquí, me habría enterado", a echarles la culpa de mis errores y a señalar los suyos preguntando por cada mínimo bug que me encontraba en el canal general, a soltar bromitas cuando estaba el jefe delante como "¿a este qué le voy a preguntar, si me tiene en visto desde enero?"
No se lo vieron venir. No se lo esperaban y no supieron como reaccionar.
Hice una lista de cómo perjudicaba al equipo, a la productividad y la entrega cada uno de sus comportamientos. Hice una lista de por qué cada una de sus actitudes perjudicaban a la empresa. Busqué un enfoque profesional a mi queja, la estructuré bien y le pedí otra reunión al jefe. Fui honesto con él y le dije que no solo se habían pasado por el culo lo que les había dicho, porque seguían comportándose igual, sino que se burlaban de las sanciones cuando él no estaba mirando. Fui un chivato, pero sabía que decirle al jefe aquello le haría reaccionar. Y cuando tuve la posibilidad de exponer mis quejas estructuradas, sin sesgos emocionales, en la reunión trimestral, delante del CEO y la cúpula directiva, lo hice.
Ahí se les acabó el chollo y empezaron a rodar cabezas.
Se les ha dejado clara su posición en la empresa y se han cortado de raíz los cónclaves y las gilipolleces. Ahora están ellos en el punto de mira. Mi compañero abandonó la empresa porque conseguí demostrar lo egocéntrico, mentiroso y ridículo que es creyéndose la última Coca-Cola del mundo y al jefe le dijo que se iba porque "había tocado techo" y que "el proyecto se iba a hundir sin él". Sabe que no es así, y lo que le jode es que no ha conseguido el poder que tanto ansiaba, sino solo dejarse en evidencia como un narcisista. Supongo que es lo que suele hacer, finge ser lo que no es hasta que le descubren y entonces se va a otra empresa a empezar de nuevo.
El backend ha sido cuestionado, porque se le veía como futuro team-lead pero después de lo que ha hecho no va a serlo hasta que no consiga mi aprobación. Ha demostrado tener facultades empáticas nulas, una patética gestión de equipo y unas soft skills que dejan mucho que desear. Un jefe tiene que tener cualidades humanas de las que él carece por completo y el CTO está de acuerdo conmigo, sus gilipolleces nos han unido y hablamos bastante sobre el tema. Ahora es un corderito manso que me dice lo bien que lo hago todo el rato como si yo fuese un niño pequeño y no supiera que lo está impostando para redimirse.
El Product Owner no me habla, evita cualquier contacto conmigo porque cada vez que abre la boca le suelto un zasca para que se calle de una puta vez. Ahora está considerado como un lastre del que la empresa no puede prescindir por necesidad, pero todo el mundo sabe que habla fatal de la profesionalidad de la gente y es el peor de todos con diferencia. Perezoso, descuidado, desorganizado, caótico, tóxico y malhumorado. Él ha sido el artífice de las medallitas, del cónclave y de no solo creerse que está por encima de los demás, sino de designar quién está por encima de quién como si la empresa fuese suya. Intenta mejorar su imagen profesional de forma desesperada porque sabe que en cuanto puedan le dan la patada, por subnormal.
Ahora me siento victorioso. He podido con un grupo de tres personas que no han dudado en utilizar artimañas para desprestigiarme. Mis otros compañeros en la empresa tienen muy claro quién es quién y que haya aguantado esta situación hasta este punto solo me ha hecho más fuerte. Son tan hijos de puta que, mi compañero, que ha montado una fiesta hoy, como despedida de la empresa, va a cenar solo con los otros dos maltratadores. Nadie más va a ir a esa cena.
Yo he querido homenajearle desde aquí. Sentado delante de mi ordenador, sin haber aceptado esa invitación y sin necesidad de haber dado una excusa. Quiero que sepa que no voy porque no quiero ir. Me gusta imaginarle en ese restaurante decepcionado, viendo que todo el esfuerzo que ha puesto en engañar a todo el mundo de que es excepcional no ha servido de absolutamente nada.
Quiero creer que esta noche le estoy dando el último golpe. Y me hace tremendamente feliz imaginarlo.