Arrugó ligeramente el ceño, dejando atrás todo rastro de miedo que apenas segundos antes había sentido, desconcentrada y desconcertada por las palabras del muchacho. —Creo que se sería…. un… ¿homicidio involuntario? No estoy segura como funciona la ley sobre eso… —admitió apretando un tanto los labios.
-Pero nadie podría testificar a favor del homicidio -dice entonces-. Estamos solamente tú y yo, no hay nadie más. Quizás deba convertirme en un asesino en serie... matando a sustos.
















