You can’t always be pushing people away. Someday nobody’ll come back.
Jacqueline Woodson, The Dear One (via weltenwellen)
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You can’t always be pushing people away. Someday nobody’ll come back.
Jacqueline Woodson, The Dear One (via weltenwellen)
She’s got such a good heart. She really does. It’s just been broken. A lot.
(via kyngbellamy)
S E L F - P A R A // W H A T N O W ??
brittany goes to the psychologist. diagnostic and reaction:
“No es una mierda” defendió, como solía hacerlo casi a diario cada vez que algún otro estudiante insultaba la Ciencia. Tenía claro que no era la materia favorita de todos, hasta era odiada por muchos, sin embargo se tomaba el tiempo de intentar que los demás vieran el lado bueno de la química, la física, la biología y las matemáticas entre otros. “Y, para tu suerte, todavía no están agregados oficialmente a la tabla periódica. Como mencione antes, todavía hay que saber sus nombres. Hasta no tenerlos no se pueden agregar y, por ende, no se pueden enseñar en las escuelas.”
Rodó los ojos — No se me da bien, lo siento... Me hace odiarlo —. Se justificó, mirando entonces a su amigo. Después, escuchó todas las palabras que de su boca salían, sonriendo por como argumentaba y defendía lo que le gustaba. Claro estaba, que si se metieran con el ballet para llamarlo aburrido, Brittany saltaría de la misma manera que el rubio lo había hecho — Sinceramente, mejor... Al menos mis medias no bajarán tanto... —. Admitió, levantando las cejas después.
Parecía caminar con mucha prisa, no quería estorbar, pero no podía evitar querer correr a su cama después de doce horas de viaje seguidas, sin parar siquiera a por un aperitivo. Alborotó su cabello con su mano izquierda mientras que la muchacha respondía a sus plegarias. ‘’Dime que sabes dónde están los dormitorios de los profesores, por favor.’’ Rogó, esperando una afirmación de la castaña, ahora un poco más relajada. ‘’Y, si nos ahorramos que te he dicho que soy profesor casi que mejor, no me vayas a tratar de loco por hablar con mis alumnos, sé que no es lo usual’’ murmuró, con una pequeña mueca, alarmado y preocupado por lo que la contraria llegara a pensar de él.
Escuchó las plegarias del castaño, mirando a este de arriba abajo. No pudo reconocerlo ¿ era un profesor suplente ?¿ nuevo, tal vez ? — Sí, sí ¿ te llevo ? —. Preguntó, aunque la respuesta fuera más que obvia. Oyó después aquel ameno sermón que el mayor hubo recitado, negando con la cabeza cuando este acabó. Sonrió un poco — Que va... Tuve un muy buen amigo que fue profesor aquí... Se fue hace cosa de un mes... No es raro, solo esperemos que no se entere Andrews, entonces si que la habrás jodido —. Soltó una carcajada, pero ciertamente no había una sola mentira en lo que había dicho. Y es que era cierto que la directora no apoyaba las relaciones alumno-profesor.
El castaño nada más visualizar a su amiga, se sentó frente a ella. “Oh, Britt…” suspiró, pues sabía que la castaña no estaba en un buen momento y todo se iba a acabar derrumbando. “Bebé, déjame ver.” dijo con suavidad, acariciando la mano de su mejor amiga, para tranquilizarla. Lo único que podía hacer en ese momento era abrazarla y decirle que todo estaba bien, no podía hacer otra cosa.
Miró a su amigo y como este se agachaba. Al escuchar aquellas palabras, solo le salió enfadarse — ¡ No ! —. Frunció el ceño — Osea, no me toques joder... No quiero ahora —. Se separó la mano de la contraria, moviendo esa hacia su tobillo para quitarse la punta con cuidado — Joder... —. Susurró, moviendo el cordón de aquella zapatilla especializada — Ya ni bailar sé... —. Murmuraba. Siguió intentando desatar las cintas, pero seguía sin conseguirlo — ¡ Joder !¡ Es que ni quitarme la puta zapatilla ! —. Soltó el zapato, cerrando los ojos e intentando tranquilizarse.
La muchacha había conseguido salir del edificio donde todas las aulas de todas aquellas malditas clases yacían. A esa hora, le tocaba clase de física y química, y con la semana que llevaba lo último que quería hacer era escuchar el sermón que sabía que le harían tragarse en aquella clase. Así que, sin siquiera pensarlo dos veces, decidió salir de allí y correr hacia su habitación. Antes de aquello, pasó por la taquilla y cogió sus libros, ya que esa asignatura era la última del día. Después, siguió con su caminata hasta el edificio donde estaban todas las residencias. Así, entró dentro y se dirigió a la puerta de su habitación. Sacó su llave y la metió en la cerradura, entrando así en su dormitorio, donde estaría segura y libre de cualquier bronca. Sentía que la tranquilidad iba a reinar en aquella sala conforme entrara. Pero, como no, se equivocaba. Y es que conforme entró a la habitación, pudo notar como alguien más se encontraba allí dentro. Se giró, distinguiendo la femenina figura que en su frente se dibujaba. No podía creer lo que sus ojos veía ¿ era ella de verdad ? dejó sus cosas en el suelo, sin dejar de mirar a la contraria en ningún momento — Rhea... —. Susurró. Sabía que ella iba a volver en algún momento, pero nunca se esperó que la contraria no le avisara. Tampoco que se la encontraría en aquellas circunstancias. Y es que, por lo que parecía, la mujer había aprovechado los únicos pocos momentos de la jornada en los que nadie habitara aquel paraje. Respiró hondo, mirando toda la estancia en una rápida pasada — Está todo hecho mierda, pero no esperaba visita —. Sonaba seca, punzante y sobretodo ajena a aquella situación: ya que parecía no estar allí. ( @rheaxprd )
“¡No lo entiendes, esta es la primera actualización de la tabla periódica desde el 2011!″ señaló la pantalla de su teléfono, todavía emocionado por la noticia. “Fueron descubiertos cuatro nuevo elementos que completan la séptima fila de la tabla, pero al parecer hay una disputa sobre cuales serán sus nombres.”
Miró al rubio frunciendo el ceño por lo hablado y el entusiasmo que él volcaba en aquel tema. A Britt sin duda le era más que indiferente, o al menos innecesario de saber. Rodó los ojos al escuchar el final de su oración — ¿ Eso significa que he de estudiarme más mierdas de esas ? —. Y es que la castaña odiaba física y química, y desde que Gerhard se había ido no sabía ni a quien pedirle ayuda.
Estaba recién llegado de Alemania, con todos sus ahorros en mano y los nervios acompañándole en cada paso. Recordaba lo que había odiado a sus profesores en la primaria, y no quería ser uno de aquellos profesores a los que todos los alumnos desean tirarles hortalizas, mucho menos en aquel sitio, donde iba a pasar la siguiente temporada. Estaba desconcertado, caminaba medio ciego sin saber a dónde tirar, y cuando creía que iba a tener que consultar con un mapa, una silueta se hizo visible entre las paredes rocosas. Se acercó, con paso firme y la mirada clavada en aquella persona que, supuso le ayudaría a encontrar dónde hospedarse. ‘’¿Hola? Seguro que llevas aquí más tiempo que yo… ¿Podrías ayudarme?’’ murmuró, avergonzado, notando aquel rubor en sus mejillas.
La castaña se encontraba camino a su habitación, pues recién había salido del club de arte y tan solo deseaba descansar. Su problema llegó cuando recordó que en menos de dos horas tendría que coger un metro a su conservatorio. Y no es que odiara el baile, pero veinte horas semanales de puro ballet se hacían largas y cansadas. Se encontraba a menos de veinte metros de las residencias cuando una voz a su espalda pidió ayuda. Se giró en su rescate, escuchando lo que el rubio decía — Claro, dime ¿ qué necesitas ? —. Realmente solo quería irse a su dormitorio, pero no iba a resultar borde con aquel chico.
El chico iba de camino a la cafetería del internado dispuesto a tomarse un buen batido de chocolate, mientras seguía leyéndose su libro favorito de poesía. Era la séptima vez que lo iba a terminar de leer, sinceramente. De pronto oyó como unos sollozos provenían de detrás de los árboles. Se acercó demasiado curioso, dispuesto a ayudar a la persona que estuviera decaída. “¿Estás bien?” preguntó, agachándose para ayudarle.
— No, puto —. Respondió al segundo. Obviamente sabía de quien se trataba, ya que la voz era más que reconocible para la castaña — Me caí, creo que me he roto un tobillo o algo —. Obviamente estaba exagerando, pero realmente le dolía. Había llegado a aquella placeta para practicar el ballet que habían comenzado en la clase anterior a la que había asistido.
Giro, giro, giro. Eran los únicos pensamientos de la española mientras practicaba en el salón de danza. Hacia bastante tiempo que no bailaba, que no se conectaba con la música, pero puesto que hacer otra cosa que le dejara la cabeza libre no era una opción, retomar su rutina de baile era lo que había decidido hacer. Así que, después de un rato viéndose en el espejo del salón, había decidido comenzar a bailar una nueva pieza, concentrándose en los movimientos de sus músculos al punto de ignorar por completo como alguien entraba en la habitación.
Como no, su querida plaza había sido ocupada. Y es que cada cierto tiempo, un grupo de chavales se reunía allí para fumar lo que parecía ser marihuana. Nada más llegar al sitio, les dirigió una mirada de odio, rodó los ojos y se fue. Algún día les pediría de aquello. Sin pensarlo. fue directamente al estudio de baile que se situaba una planta arriba de la habitación instrumental. Nada más entrar, pudo divisar a su amiga Alaska, sonriendo al segundo por ello mismo. Pasó a la habitación y esperó a que ella terminara con su danza — Venía a ver si podía bailar aquí... Tal vez podamos hacer algo juntas, solo tendría que cambiarme de ropa —. Habló, esperando poder hacer un dueto, pues en aquel momento la castaña prefería aquello a bailar en la soledad.