Cada pliegue de mi cuerpo esconde un secreto. La desnudez se hace niebla cuando intentan tocarme y se me adormecen los muslos y la boca como a la heroína de un cuento. Allá donde mire, veo Chicas Bonitas Tomando Prozac y creo recordar cómo era: Hoy parece que todo brilla como antes, pero no sabes cuánto durará la ilusión. Intentas respirar pausadamente y no mirar tanto al suelo pero, el cielo, el infinito, todo lo que no puedes abarcar, te aterroriza. También te esfuerzas por masticar despacio la comida y mantenerla en el estómago. Por llamar a tu madre disimulando la angustia y enfrentarte a la montañita de obligaciones del día, sin ganas, subiendo despacio para no caerte. Procuras no preocuparte por el latido excesivo, el tambor en el pecho, el temblor de las manos... Es solo tu mente, traidora, tus nervios. La inoportuna ansiedad a quien nadie ha invitado. Hoy no habrá cortocircuito. No debes hacerle caso, no debes. La goma se estira y estira pero no se romperá, ya no. Es solo el sudor. Es solo el dolor. Es solo aquello que te dijo, que hiciste, que pasó sin tú querer. Es solo que necesitas un poco más de tiempo que los demás para digerir ciertas cosas y luego todo estará bien. Cada libro en su estantería y cada recuerdo en su caja y cada amor en su olvido y cada pena en su rincón. Todo está en orden. Se hace de noche y al fin puedes dormir.
Ana Elena Pena








