Un intento de escritura
Fanfiction G-dragon - mayo, 2018
Ji Yong siempre ha tratado de encontrase a si mismo, a su identidad, a su propia su verdad, por eso cuando Ella, un chica común aparece en su vida y le muestra dónde se encuentran las respuestas a sus preguntas, se da cuenta que incluso él no esta libre del destino. La historia de dos personas que unidas por la lluvia, se encuentran y se pierden una y otra vez.
Prefacio: Lluvia
"Volvió la tormenta. No vino de la oscuridad sino de arriba, y de pronto llegó un trueno mientras la lluvia no paraba se vino una ráfaga de vientos muy fuertes." - Ezequiel
- Ella -
Llovía a cántaros mientras caminaba, las personas corriendo a mi lado asustadas por lo que las gotas podrían mostrarles. Si preguntara por qué corren, responderían que por su maquillaje, por su cabello, por su ropa; yo digo que corren porque les asusta que vean su verdadero yo. Por eso me sorprendió verlo, meciéndose en los columpios. Su cabeza estaba cubierta por una gorra y su cara por un tapabocas, pero aún así miraba hacia arriba buscando la lluvia. No me miró cuando me senté a su lado y yo tampoco lo hice. Tal vez pasaron minutos o horas antes que decidiera irme, había dado ya unos pasos cuando lo escuché hablar "¿por qué crees que todos huyen de la lluvia?", "por la misma razón que tú no" dije "porque ella revela y cuando no queremos conocer nuestra verdad la mejor solución es evitarla". Bajó su cabeza y me miró por primera vez, sus ojos rotos sonriendo. Camine lejos pensando que no lo volvería a ver, ¡ah! cuán equivocada estaba.
Ahora puedo decir que no fue amor lo que sentí, fue algo más fuerte y perdurable, el destino. Las dos cuerdas rojas firmemente unidas. Esto no lo supe en ese momento claro, la lluvia me lo contó mucho tiempo después.
- JiYong -
Afuera llovía fuerte, tanto que casi no nos escuchábamos a nosotros mismos. Fue por eso, tal vez, que recordé a aquella chica que me contó la verdad sobre la lluvia y esta fue la que, mientras miraba a la mujer que creía amar, me reveló lo que necesitaba saber. La miraba mientras fumaba, me había acostumbrado a sus ojos marrones que miraban más allá de ti, hacia un lugar que sólo ella conocía. Me había acostumbrado a su pelo corto y oscuro, a sus labios usualmente rojos que estaban siempre acompañados. Y tal vez por esa costumbre, por la costumbre de amar, fue que me di cuenta tan tarde que ya hacía rato que mi corazón no la reconocía. Por eso fue que mientras la veía fumar dije lo que la lluvia me había contado "Deberíamos romper". No me miró, no paró de fumar, no preguntó nada, sólo asintió.
Capítulo 1: El segundo primer encuentro
When it's time for souls to meet, there's nothing on earth that can prevent them from meeting.
Venía tarde de clases, la universidad no quedaba muy lejos del lugar donde me quedaba pero el cansancio y el hambre me mandaban, así que trataba de llegar lo más rápido posible. También estaba el hecho que no me gustaba estar afuera tan tarde, aunque Corea no fuera peligroso la costumbres traídas de mi país eran más fuertes. Por eso cuando vi una gran multitud tapando la entrada al restaurante que quedaba justo abajo de mi apartamento, mis nervios no aguantaron, no es que usualmente tuviera buena paciencia, pero el hambre y el cansancio no son buena combinación a mi carácter. Así que sin poder descansar y con mal genio, decidí ir al supermercado cerca y comer ramen. La única mesa libre estaba siendo ocupada ya por algún chico solo, no tenía ganas de comer parada así que decidí sentarme junto a él. Sólo las señoras me preguntaban miles de cosas sobre ser extranjera, el resto me dejaba tranquila, la mayoría de veces al menos, esta vez gracias a mi gran suerte no fue así. Cuando me senté, me miró sólo por un momento. Usaba un tapabocas y una gorra, en cualquier parte del mundo estaría rogando por mi vida, ¿aquí? Sólo era otro más en invierno. No le hubiese dado una segunda vista sino fuera por la pregunta que me hizo:
- ¿Hay mucha gente en el restaurante de la siguiente cuadra? Lo siento, pero te vi venir de esa dirección y supuse que tal vez lo habrías visto.
- Sí, alguien importante estará allí. No te lo recomiendo si no te gustan las multitudes.
- Gracias. - Dijo mientras se quitaba la máscara y se ponía un cigarrillo en su boca.
No me molestaba que fumara, tampoco estábamos en un lugar ilegal y no habían policías cerca así que no dije nada, también estaba el hecho que si pudo comprar un paquete de cigarrillos podría bien pagar una multa. Lo que me sorprendió no fue el cigarrillo o su cabello rojo que explotó de su gorra cuando se la quitó, sino lo familiar de su cara. No grité, ni llamé a medio país, tampoco tomé fotos, todo esto me parecía despreciable de hacer. No me mal entiendan, yo soy una fan del kpop, como casi todo extranjero en este país, pero lo que más odiaba eran los gritos.
- ¡Oh! - dije más para mi misma que para él - así que tú eres la razón de mi ramen.
- Soy responsable de muchas cosas, pero ¿del ramen? No lo creo.
- El restaurante - dije mientras me dirigía al bote de basura, no debí hablar pero no pude contenerme - Las personas que están allí no me dejan entrar a mi apartamento y ahora estoy aquí comiendo ramen en una tienda desolada.
- ¡Oh, ya veo! Te pediría perdón por eso, pero no es totalmente mi culpa, yo también tengo que comer.
Era verdad pero eso no me hacia sentir mejor, mi casa estaba bloqueada y todo era por él, pensar en esto me hizo dar cuenta de algo.
-¿si tú estas aquí, por qué la avalancha de gente está en el restaurante?
Aspiró el cigarro una vez y mientras lo hacia sonrió, una sonrisa pícara y dulce a la misma vez, la sonrisa que haría el corazón de la misma muerte latir fuerte. Entendí allí el porque de los gritos y me costó toda mi fuerza evitar hacerlo también.
- Si sabes quien soy yo y me conoces, entonces entenderás mi poder, el cómo no es importante.
- Pero yo no te conozco - le dije mientras me sentaba de nuevo a su lado - reconozco tu rostro pero sólo eso. Conocer viene del alma.
Miró al cielo sin estrellas y aspiró de nuevo, pero esta vez fue el aire que aunque no fuera puro era mejor que la nicotina. Ambos quedamos sumidos en un silencio, un silencio que hablaba más que cualquier conjunto de palabras.















