Button Eyes [1/2] part 2
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Button Eyes [1/2] part 2
Mordred’s Lullaby: You’ll always follow the voices beneath that say loyalty, loyalty, loyalty only to me.
Algo de sus heridas se había mejorado en el camino. No había sido simple llegar a la base, aún le dolía cada fracción de su cuerpo, y aunque había conseguido lavar la sangre en un lago, continuaba pareciendo un zombie regresando del campo de batalla. Probablemente era por ello que nadie le había disparado, creían que era un soldado que no tardaría de morir por sus propios medios.
Llevaba el cabello despeinado y el rostro sucio, así como también sus ropas, pero se aferraba a su uniforme y todas las pertenencias reglamentarias que aún mantenía consigo, las que le habían entregado en Senoia tiempo atrás, luego de inundaciones y desastres, seguía aferrado a ello.
Para cuando llegó a la estación de servicio, sus piernas buscaron rendirse y fallarle, pero él continuó su paso.
Varios soldados le miraron desconcertados, sin atreverse a tocarle, le reconocían, problablemente era por ello que no le habían disparado al verle, no todos le odiaban enteramente, o eran tan estúpidos como para matar a uno de los suyos.
La doctora Lauren había regresado no hacía mucho, había despertado en una camioneta, en medio de un campo incinerado, y como había podido, se había puesto en marcha, de regreso con la OCEU. Tras llegar había caído inconsciente., y le habían terminado internando, su cuerpo se había desgastado al llevar el fantasma de Sean Grimes tanto tiempo dentro suyo.
Ahora, luego de mucho reclamo finalmente había conseguido llegar al General Stevens, entrando en la improvisada oficina.
-Señor… tenemos que hablar -dijo con una expresión angustiada. Él tenía que saberlo, tenía que saber lo sucedido -Es…
La puerta se abrió de golpe y Robbie irrumpió en la habitación. Intentó decir algo pero sólo cayó de bruces al suelo.
-Estoy aquí, sir… -intentó ponerse de pie, sólo consiguiendo apoyarse en las palmas de sus manos. Estaba tan agotado de caminar, su cuerpo le mataba.
La irrupción de Lauren ya había sido suficiente sorpresa, su desaparición no había pasado por alto para Josh, pues puso equipos a buscarla, personas preparadas que no regresarían a la base hasta encontrarla. ¿Por qué? Porque era una soldado más, era una de los suyos, y no dejaban a nadie atrás.
Lauren no era de las que desaparecían sin mediar palabra, era la medica de su base, y dios sabía que su ausencia les había hecho más daño que bien.
Pero cuando quiso abrir la boca para dirigirse a ella, la irrupción de Grimes interrumpió su acción y se puso en pie rápidamente al ver al chico car.
-Damn it, Lauren, pide ayuda -dijo sin pensar, y cuando rodeó la mesa arrodillándose al lado del joven puso los ojos en blanco y alzó la mirada a Lauren -Quiero decir, chequeale -dejó una mano en el cabello de Robbie, desordenándolo en una caricia -Hey soldado, descanse. Está a salvo ¿Se encuentra bien?
Lauren abrió la boca no muy segura de qué hacer, honestamente no estaba ni ella misma segura de qué le diría al general o qué diablos había sucedido.
-Estoy bien… -murmuró el chico, obligando a sentarse -Estoy bien -alzó su vista y clavó su mirada en la doctora, pareciendo casi suplicante. Rogándole que no dijera nada con aquellos grandes ojos celestes.
-Yo… iré a buscar un botiquín -murmuró la doctora -Sólo que beba algo de agua de momento. Ha recibido una buena paliza, pero parece estar bien.
El chico cerró sus ojos un instante, recordando flashes del cáos, los gritos de Lauren, los golpes de aquellos soldados.
-Estoy bien… -volvió a decir -Yo… -miró por sobre su hombro, viendo como la doctora les dejaba a solas -Lo siento general -bajó la cabeza, viéndose realmente angustiado -Usted confió en mi y yo…
-Y sigo confiando en ti Rob -Joshiel buscó la mirada del joven -Sigo confiando. Solo.. Vas a explicarme qué ha sucedido ¿De acuerdo? Ahora arriba, no pueden atenderte en el suelo, estamos mal, pero no hemos tocado fondo aún -sonrió y se puso en pie, levantando al muchacho con él -Eso es, arriba. Vamos -se pasó un brazo de Grimes por sobre los hombros y, como se trataba de un motel bastante grande, y ellos eran mas bien pocos, no sería por dormitorios. Probó con la primera puerta que encontró, y resultó ser un dormitorio vacío. Entró y ayudó a Robbie a sentarse en la cama -Ya está. Safe and sound -le palmeó suavemente, su aspecto no animaba a que le abofeteara como haría de estar sano -Lauren! Estamos aquí! -alzó la voz.
-No, no… -casi con desesperación, Robbie se aferró a la chaqueta del general, algo que definitivamente no habría hecho de estar en sus cabales, le respetaba demasiado como para ello, pero el terror se reflejaba en sus ojos -Tiene que escucharme, hice algo terrible -parecía estar delirando de fiebre, aunque quizá simplemente era el shock que le continuaba -Los soldados… ellos vinieron y… iban a quemarme -sus ojos se ensancharon con terror, recordando las imágenes violentas, el olor a la gasolina, el miedo corriendo por sus venas -Hice algo terrible…
-¿Qué? -la voz de Josh fue ronca y apagada, pero su expresión era de pura confusión. ¿Los soldados? Negó con la cabeza, arrugando más el ceño, de ser posible -¿Qué soldados? ¿Te refieres a tus compañeros? ¿Ellos iban a quemarte? ¿O el enemigo? -tomó por las mejillas con firmeza al chico para que le viera a los ojos -Robb. ¿Quién quiso quemarte? Calmate y habla conmigo, no debes tener miedo. Nadie va a hacerte daño aquí, tienes mi palabra.. Pero debes decirme quién quiso hacerte daño. ¿Eran hombres de la OCEU?
-Yo… -no pudo apartar la mirada, pero aquella pequeña demencia pasajera causada por el trauma de lo vivido estaba en sus ojos, parecía querer hacerse cargo de su mente y el chico a duras penas lo luchaba -Decían que había matado a esas mujeres. Yo.. intenté salvarlas. Lo intenté. Fue mi culpa… pero yo no… -cerró sus ojos con fuerza, deseando apartar todo aquello, volver el tiempo atrás -Estaba tan asustado… perdí el control. No sé como lo hice… pero entonces estaban muertos y todo se quemaba -las lágrimas volvían a inundar sus ojos.
Joshiel cerró los ojos y negó apenas con la cabeza. Pobre pendejo, le partía el corazón verle así. No, no le conocía demasiado, pero daba igual. Joshiel era así, tenía debilidad por las personas rotas, por los que no podían cuidar de si mismos, por los incomprendidos, los que no encajaban en ninguna parte.
La razón era sencilla, hubo un tiempo, toda su vida en realidad, que él tampoco encajó. Y en alguna parte de su mente, algo de él seguía sin encajar.
-It’s okay. It will be okay kiddo. You’re safe now. Todo lo que hiciste fue por defensa propia, ellos intentaron matarte y te juzgaron sin pruebas. Ahora lo que necesitas es descansar, la doctora Lauren te atenderá y en cuanto te recuperes, analizaremos la situación. Averiguaremos qué eres y aprenderás a controlarlo, pero no te detengas a pensar que eres un monstruo Robbie -buscó su mirada -No lo eres. Que seas diferente no significa que seas algo malo, yo no veo maldad en ti. Respira, y tranquilízate.
El chico le miró desconcertado, temblaba, había esperado que le dijera lo que toda su vida había escuchado, que era basura, que era un monstruo, como su padre, como su hermano. De algún modo él sentía que tenían razón, que existía esa oscuridad en su ser, tal como en su familia, sentía que estaba en su sangre, aguardando para salir. Y sin embargo las palabras de Joshiel le confortaron. Poco a poco su respiración comenzó a calmarse, la habitación se vio menos pequeña y oscura.
-¿Realmente cree eso señor? -alzó la vista para mirarle pareciendo bastante perdido, como esperando que le indicara una dirección para seguir sin cuestionar -Yo… yo lo hice señor, lo detuve. No estaba bien lo que hacía Sean, nunca lo estuvo, pero no tenía el coraje de enfrentarlo. Usted.. usted me mostró lo que estaba bien y lo que no. Hice lo que me enseñaron, quemar una pertenencia que lo atara -asintió con la vista clavada en un punto nulo por unos instantes -Lo detuve… -su voz se desvaneció unos instantes, recordando como el espíritu de Sean se consumía en llamas. Había hecho lo correcto, pero aún así eso no quitaba el que hubiera destruido a su hermano.
"Tú no eres mi hermano" recordó que le decía. Pero eso no cambiaba nada para él, aunque fuera cierto.
Joshiel arrugó el ceño y bajó la mirada, no siendo capaz de contestar al joven de inmediato, primero debía meditarlo. No era como hablarle a un hombre fuerte, Robbie era frágil, necesitaba de dónde sostenerse y un camino que seguir, él fue así una vez, obediente a las ordenes de su padre aunque por dentro cuestionara cada una de ellas, por el simple deseo de no estar solo, de sentir que pertenecía a alguna parte, un lugar dónde apoyarse, una persona a la que seguir. Mas tarde creció, o la verdad fue demasiado evidente para negarla o inventar otra excusa, y ahora sabía que ni toda una vida de buenas acciones borraría lo ciego que había estado, y el daño que había hecho. Todos esos seres que mató sin chistar, las vidas que robó siguiendo un protocolo, la ley del blanco y el negro. Y aunque vivir bajo esa ley fuese más fácil, no significaba que fuese lo correcto. Por norma, lo complicado y doloroso, es lo correcto.
-Hiciste lo que debías Robbie -palmeó otra vez su mejilla, asintiendo -Y sé lo duro que debe haber sido. Muchas veces he debido hacer lo mismo, y no he tenido el coraje para ello. No es mejor hombre el que obedece sin chistar, sino el que hace lo correcto a pesar de lo doloroso que pueda resultar. Querías a tu hermano, y lamentas que todo haya terminado así, y nada de lo que cualquiera te diga cambiará eso. La familia es más que un lazo de sangre, soldado, debes aprender eso. La familia deja de ser familia cuando anteponen sus deseos por encima del bien de los demás, eso no es de alguien bueno. Sé que buscas la aceptación de los que te rodean, pero muchos nunca lo harán… Llevo años en el trono y muchos aún me tachan de monstruo. Debes aprender que no vas a gustarle a todos, ni todos te tratarán a consecuencia de lo que haces, lo harán por lo que hay dentro tuyo o lo que eres. Es entonces cuando debes recordar quién quieres ser tu, y quién crees que eres. Lo demás no importa.
El chico guardó silencio, dejandose undir en el colchón mientras meditaba aquello, su cuerpo comenzaba a relajarse, a sentirse a salvo, y como consiguiente, comenzaba a ser más consciente del dolor de las heridas. Le dolía respirar, su garganta estaba seca y ardía a causa del humo.
Honestamente no tenía la menor idea de quién era, o quién creía ser. Quería creer que intentaba ser la mejor persona posible, hacer un bien, creía en lo que la OCEU planteaba, en esa mejora. Quizá era demasiado idealista.
-Si es de algún consuelo señor, yo no creo que sea un monstruo -intentó una leve sonrisa, al tiempo que Lauren entraba. No dijo nada, sólo dejó sus cosas a un costado de la cama y se sentó en el borde, comenzando a revisar las heridas del chico sin decir palabra, tocando su costado para evaluar si tenía alguna clase de daño interno, chequeando sus hematomas, evaluando que tan deshidratado estaba. En una u otra ocasión el chico no pudo evitar un quejido de dolor, en otras simplemente intentó aguantárselo.
-Estará bien, sólo son heridas superficiales -informó al general, sacando algunas gasas para poner manos a la obra en limpiar las heridas -Esos animales… -murmuró para si mientras limpiaba un feo corte en la ceja del chico -La guerra vuelve a todos locos… -las manos de Lauren temblaban levemente, ella también había tenido su parte de angustias, había estado encerrada en su cuerpo mientras aquel fantasma asesinaba a esas mujeres.
-Gracias… -consiguió decir Robbie, mirando a uno y a otro unos instantes, era extraño, que alguien se preocupara por él, la mayoría le dejaría pudriéndose en una alcantarilla.
Joshiel dejó a Robbie a manos de Lauren, levantándose para limitarse a pasearse por la estancia. La habitación estaba prácticamente vacía, tan solo algunas bolsas con armas, no era como si tuviesen mucho lugar donde almacenar, ni mucho que almacenar de hecho. El motel se había convertido en una base improvisada y sabía que debería seguir la búsqueda de un lugar mejor, aunque ya no estaba seguro de nada. No sabía si debía establecerse o seguir camino, no detenerse más de un par de días en un lugar, quizá de esa forma le sería más difícil al S4 y cualquier enemigo localizarles.
En un primer momento pensó en pedirle una charla privada a Lauren, quería saber qué tal estaría él de su SEPT, a decir verdad hacía bastante que no veía a Andrew Cash merodeando por la zona, y las pesadillas habían mejorado. Quizá lo peor ya había pasado.
-Pediré a un par de hombres que te traigan lo necesario al cuarto, puedes quedártelo, necesitas descansar, la doctora estará de acuerdo conmigo -buscó la mirada de Lauren -Y la doctora también va a descansar durante un par de días, no tenemos más heridos, tu eres uno, así que tienes un par de días libres. Grimes, te incorporarás en cuanto mejores.
Silbó con fuerza, pero no de la forma que llamaba a su lobo, sino a la loba. Sabían distinguir los llamados. Winter, la loba blanca llegó instantes después al dormitorio y aceptó la caricia de su dueño.
-Ella se quedará contigo, Robbie. Cuidará de ti. Y es buena compañía.
-Yo… pero… -intentó decir, no le parecía correcto estar en cama, estaban en medio de una guerra, sin embargo la mirada fulminante que le lanzó Lauren decía claramente que no era su sitio discutir, por lo que se silenció.
Joshiel hizo aquel llamado y entonces vio gran animal entrar en la habitación. Era realmente hermosa, la luz reflejada en su pelaje blanco hacia que casi pareciera que brillara.
Alzó su vista sorprendido a Joshiel, y luego a la loba, quizá con algo de miedo, podía ser hermosa, pero también resultaba algo intimidante.
Alzó una mano temblorosa, manchada de suciedad y sangre y la extendió hacia el animal, dudando, con toda cautela para no sobresaltarla. Finalmente sintió la suavidad del pelaje bajo sus manos y no pudo evitar una sonrisa instantánea, pareciendo un niño de un instante a otro. Parecía fascinado con el animal mientras le acariciaba el costado de su cabeza.
-Es muy hermosa -miró a sus superiores con un rostro completamente cambiado, parecía que esa pequeña alegría de la prescencia del animal había borrado al menos temporalmente algo de todo el trauma.
-Leal y valiente, cuidará de ti, y espero tu cuides de ella -Joshiel se acercó al joven soldado y su animal, agazapándose a su lado para acariciarle con fuerza cariñosa el pelaje y buscarle el rostro tomándolo con ambas manos -Te quedas con este soldado, lo cuidas y si alguien indeseado entra, ya sabes qué hacer -miró a los ojos azules de la loba y le besó el hocico -Buena chica.
Se incorporó.
-Debo irme, tengo asuntos que atender. Si necesitas cualquier cosa solo manda que me llamen ¿De acuerdo chico? Lo mismo va para usted, doctora.
Ambos asintieron al general obedientemente.
-Le enviaré mi reporte cuando acabe -accedió Lauren, regresando a su tarea de atender a Robbie, lanzándole una mirada de reojo.
El chico de momento estaba ocupado y feliz jugando con la loba, rascandole su ocico, mientras esta algo fastidiada atinaba a morderle con suavidad como si fuera un cachorro molesto que la irritaba.
Cuando Joshiel salió, Robbie alzó entonces su vista hacia Lauren y le observó un momento en silencio.
-Gracias doctora -dijo al fin.
-It’s ok kid -le despeinó la cabeza y dejó un beso sobre su coronilla de modo casi maternal. Solía tener límites con sus pacientes, pero debía admitir que había terminado por encariñarse con el mocoso.
SACRED BLOOD | SEASON THREE
(Post atrasado, but i dont give a shit because of feels)
Oh tell me now, where was my fault ? In loving you with my whole heart You desired my attention But denied my affections
don’t get too close it’s dark inside it’s where my demons hide it’s where my demons hide
Era una visión extraña para cualquiera que le viera. Un muchacho sentado en medio del césped, su mirada clavada frente a él, casi sin siquiera parpadear. Parecía tener una calma increíble, o quizá demasiado en shock para mover un solo músculo, quizá demasiado resignado como para molestarse en cosas tan lejanas como el mismo movimiento de su cuerpo, o su cuerpo en sí. No parecía estar siquiera allí, estaba en otro sitio, en su mente. No oía, miraba pero ya no veía, era demasiado doloroso.
-¡SEAN! –su grito se alzó en la noche, firme, para llamar su atención y detenerle. A pesar de todo él no se sentía firme, en absoluto. Tenía sus puños cerrados para engañar a su cuerpo, intentar cierta estabilidad y fuerza que no poseía. Estaba aterrorizado, pero era algo que tenía que hacer, era su responsabilidad.
De espaldas a él, el cuerpo de la doctora Lauren se congeló en medio del movimiento, con su daga alzada en el aire mientras una chica se retorcía en su brazo libre, incapaz de liberarse, gimiendo de terror, probablemente viendo el brillo del arma a la luz de la luna, sabiendo que quizá sería lo último que vería.
Con simple movimiento, el cuerpo de Lauren giró levemente su cabeza, sólo lo suficiente como para poder mirarle sobre su hombro. Allí, en sus ojos era inconfundible. No había nada de la doctora allí, Sean Grimes miraba a su hermano pequeño, con una sádica sonrisa asomando en la comisura de sus labios.
-Tienes que detenerte… -No muy seguro de si acercarse o no, Robbie se removió en su sitio inquieto. No estaba armado, sabía que era estúpido, no quería lastimar a la doctora Lauren, y de todos modos un arma mortal nunca detendría a su hermano… pero para ser honestos tampoco quería lastimar a Sean –Por favor… -rogó con sus mirada clavada en los ojos de su hermano. Pudo ver un vestigio de duda cruzar su expresión, sólo un instante cargándole de la leve esperanza de que quizá le escucharía. Aquello le dio coraje.
-¿Vas a detenerme Robbie? –Su hermano se volteó a mirarle, aun reteniendo con fuerza a la chica con un agarre sobrehumano -¿Vas a tomar el lugar de quienes me mataron?
Este negó con la cabeza, apretando sus labios entre sí para contener el nudo en su garganta, debiendo demorarse un momento antes de contestar.
-Estoy haciendo lo correcto. Esto está mal… -no podía apartar sus ojos de aquellos que no eran los de su hermano, pero sí era su mirada. Estaba atrapado allí, obligado a verle mientras decía aquello –Debí haberte enfrentado hace mucho tiempo…
Con aquellas palabras las luces de la casa tras ellos titilaron y estallaron, un viento se alzó azotando algunas hojas caídas y en el establo se oyeron los caballos alborotarse, gritando asustados.
-¿¡Crees que eres uno de ellos ahora!? ¿¡Crees que te respetaran por hacer lo correcto!? –el grito de Sean sonó deformado, casi monstruoso. Robbie tembló, pero no retrocedió, sólo cerró sus ojos para intentar mantenerse en una pieza – ¿Crees que a ese general que tanto admiras le importa una mierda?
-Él creyó en mí, en que podía ser algo más… algo mejor -su voz dudó levemente, sabía que le importaba un diablo a todos, pero no se trataba de eso, y Sean nunca lo entendería. No tenían que preocuparse por él, ya le habían dado más de lo que jamás había tenido en su vida –Es un gran hombre, él… puede cambiar las cosas. No tiene que ser así… –intentó una sonrisa, había cierta esperanza en su voz. Robbie no había conocido demasiadas personas buenas en su vida, el que alguien fuera amable con él le había resultado completamente desconcertante… y también le había dado el contraste necesario como para reconocer lo malo. Como el ver las lágrimas de esa chica que le observaba rogando en silencio, completamente deshecha.
Una risa brotó de Sean, suficientemente fuerte como para tapar las palabras de Robbie e interrumpirle.
-Eres tan ingenuo que resulta casi adorable –negó con la cabeza –No eres más que basura para ellos. Soy todo lo que tienes.
-Eso no quiere decir que seas lo correcto –le interrumpió con expresión dolida.
Sean enmudeció, su expresión se volvió dura.
-Como gustes –decidió, e instantáneamente Robbie descubrió que aquello había sido lo equivocado de decir, por muy cierto que fuera. Sean completó el movimiento interrumpido del cuchillo y con un simple movimiento abrió un profundo tajo en el cuello de la chica, antes de que pudiera siquiera gritar.
-¡NO! –gritó el muchacho, corriendo en su dirección, pero era inútil, antes de que siquiera llegara a la chica y se dejara caer a su lado, recogiéndola en brazos, ella ya no tenía salvación. Sólo fue capaz de verla ahogarse en su propia sangre, mientras intentaba inútilmente detener la hemorragia con sus manos, tan ensangrentadas que patinaban sobre la piel. Sus ojos pronto perdieron su brillo, clavados en él mientras la vida abandonaba su cuerpo y este dejaba de moverse.
Sean se limpió las manos con simpleza y dejó caer el cuchillo junto a Robbie, apartándose del desastre para no ensuciarse. Casi pareció divertido cuando su hermano pequeño alzó la vista aterrado para observarle, completamente fuera de sí.
-Te lo ruego Sean… -su voz tembló, ya sin saber qué hacer, sentía que esa muerte recaía sobre sus hombros, tal como todas las anteriores que no había podido evitar –Nunca hiciste nada para protegerme de esto pero por favor al menos en la muerte haz algo hermano… detente.
La sonrisa de Sean se amplió, mientras se agachaba a su altura como si fuera un adulto hablándole a un niño pequeño. Su voz en cambio fue fría como cuchillas de hielo.
-Tú no eres mi hermano –sentenció, y tras sus palabras, las ventanas de la casa Grimes estallaron.
Aquello se sintió como un puñal en el corazón de Robbie, su cuerpo tembló tal como si realmente hubiera sentido la herida física. El modo en que Sean había dicho eso, era como si fuera verdad.
-La… -su voz se quebró, pero se obligó a retomarla –Lamento que te sientas de ese modo… Pero quiero que sepas que para mí siempre serás mi hermano. Te quiero, demasiado, y siempre te querré Sean –dejó el cuerpo de la chica en el césped y se incorporó lentamente, sin apartar la vista de su objetivo –Y es por ello que esto que debo hacer duele mil veces más de lo que podrías imaginarte –parpadeó y unas lágrimas rodaron por sus mejillas.
Sean le observó confundido, mientras este alzaba una de sus manos ensangrentadas.
-Tengo que dejarte ir… tengo que detenerte –de su cuello arrancó unas chapas militares que mantenía consigo, estas llevaban tallado el nombre “Sean Grimes”.
Entonces lo comprendió. Dio un paso hacia atrás, furioso, asustado. Robbie en contraste se deshacía en lágrimas, ya no podía contenerlas, simplemente lloraba de modo incontrolable, apenas capaz de coordinar sus movimientos.
-Lo siento… -prendió su mechero y acercó las chapas a la llama. Estas ardieron como si fuera papel, deshaciéndose en cenizas.
Sean dio un grito y sus ojos comenzaron a brillar, como si él mismo se quemara por dentro.
-Sólo espera a que descubran lo que eres, tu preciado general va a matarte –gritó la voz de su hermano, segundos antes de que las llamas le consumieran totalmente, y el cuerpo de Lauren cayera inconsciente al suelo.
Robbie sólo permaneció allí. Bajó sus brazos y el encendedor se cayó fuera de sus manos desganadas. Observaba el punto donde su hermano había desaparecido, y lloraba en silencio.
Su rostro estaba completamente manchado de tierra, sangre y hollín, con unos surcos descendiendo de sus ojos, el rastro de las lágrimas que habían limpiado la suciedad a su paso. Tenía el labio partido y un golpe que goteaba sangre, pero no parecía inmutarse por ello. Sus ojos celestes seguían fijos, hipnotizados. En ellos se reflejaba el contrastante rojo pasando velozmente frente a él, un caballo con sus crines encendidas que gritaba agonizantemente, por sobre el crepitar del fuego. Aquel fuego del que no podía quitar su mirada.
Lauren soltó un quejido de vida y entonces se removió, comenzando a intentar incorporarse con dificultad. Lo primero que sus ojos vieron fue el cuerpo de la chica, y su cuerpo se sacudió, tal como si las piezas comenzaran a encajar. Le tomó algo de tiempo antes de alzar la vista hacia el chico parado junto al cuerpo, sus manos ensangrentadas, su cuerpo también, convulsionando a causa de los sollozos.
Abrió la boca para decir algo, pero el sonido de un vehículo y unos gritos apartaron su atención hacia otro punto. Unas luces revelaron una camioneta acercándose a toda velocidad, la reconocía, era una de las de la OCEU.
-¡Allí están! –gritó uno de los hombres, asomado, casi colgado del vehículo, quien se tiró al suelo cuando apenas estaba frenando. Todos salieron como tropilla, a toda velocidad, comenzando a correr hacia ellos, armas en mano.
Robbie apartó su mirada desolada en dirección a ellos, y por un momento una ráfaga de alivio cruzó su cuerpo. Sus compañeros soldados, un leve recordatorio de lo que le quedaba sin Sean, él se había equivocado, habían venido a por él, sí tenía algo.
-¡Doctora Lauren! –uno de ellos gritó, corriendo hacia ella para auxiliarla -¿Está bien?
-¡Allí está! –gritó otro, y de un momento al siguiente, tres soldados le aprehendían, aferrándole con fuerza para inmovilizarle.
-¿Qué?... –jadeó mirando a uno y a otro completamente confundido, sin entender qué sucedía o por qué parecían querer hacerle daño.
-Ha matado a otra, y lo hemos capturado en el acto –uno de los soldados, le dirigió una mirada de odio –Sabía que esta basura era responsable, de tal palo tal astilla, una familia de monstruos.
Otro soldado se acercó y le golpeó en el estómago con fuerza, haciéndole doblarse, el siguiente golpe en la cabeza le dejó casi inconsciente, colgando de los brazos que le sostenían.
-Tú mataste a mi esposa maldito hijo de puta –murmuró con una voz que temblaba de ira ciega, antes de continuar golpeándole. El resto no dijo nada, sólo le dejaron desquitarse.
Sólo Lauren intentó interceder, gritando un “No!” sin fuerzas, poniéndose de pie para detenerles, pero uno de los que ya no eran necesarios para retener al muchacho y otro más le detuvieron en el acto, prácticamente arrastrándole a la camioneta.
-Vamos doctora, no tiene que ver esto.
-¡No! ¡No lo entienden…! –balbuceaba sin fuerzas, completamente desesperada.
-¡Suficiente Tom! –le detuvo otro, viendo que si seguía golpeando al chico iba a matarlo a golpes.
-¿¡SUFICIENTE!? –Gritó fuera de si -¡Llévenlo a la casa! –rugió a todo pulmón, y el resto obedeció, debiendo arrastrar al chico que ya no tenía fuerzas para ponerse de pie –Espósenlo .
Robbie estaba en un limbo de seminconsciencia, muy poca para poder reaccionar o comprender enteramente qué sucedía, pero la suficiente para sentir el dolor en todo su cuerpo, el sabor de la sangre de sus labios. Sólo fue capaz de balbucear un sonido de dolor mientras los soldados le apresaban las muñecas con esposas y lo dejaban casi colgando de un caño de la casa.
Pronto escuchó los pasos de los otros dos que regresaban, y sintió el olor a gasolina, llegó a su nariz fuerte y penetrante, casi lo suficiente como para despertarle.
-No… -intentó decir pero su voz sólo fue un hilo incapaz de escucharse sobre los gritos, alguna risa casi demente. Los soldados habían pasado demasiado, y allí tenían, alguien a quien culpar, un enemigo al que podían castigar –No… -volvió a decir, sintiendo que el llanto regresaba a él, y le resultó imposible contenerlo o secarse los ojos, sólo lloró, ya sin la fuerza para que le importara la vergüenza de verse como un niño asustado, porque al fin y al cabo eso es lo que era.
-Oh ¿El pequeño va a llorar? ¿Te orinaras en tus pantalones? ¿Quieres a tu mami? –Se burló el soldado cuya esposa había muerto –No me das lástima con tu acto de niño bueno ¿Adivina qué chico? –Se acercó y pudo sentir la respiración apestando a alcohol en su rostro, cálida y nauseabunda –Te veo –susurró lanzándole una ráfaga de ese olor fétido –y no hay piedad para los monstruos. Arderás vivo, y luego arderás en el infierno.
Se apartó y sacó un encendedor, dejándolo caer al suelo luego de abrirlo. Instantáneamente el combustible prendió, formando un aro alrededor del chico, asegurándose de que se consumiera primero y no tuviera escapatoria.
-No… -volvió a gemir Robbie, ya sintiendo el calor de las llamas golpear su piel, haciéndole transpirar –No… -sacudió su cabeza sin fuerzas, apretando sus puños. Iba a morir… había perdido a Sean, y ahora iba a morir quemado vivo, sintiendo el aroma de su carne ardiendo, sintiendo el dolor agonizante, siendo las llamas lo último que viera, tal como Sean… -¡NO! –su grito irrumpió abruptamente en la casa, las llamas crecieron de un fogonazo y una buena parte del techo cayó sobre los soldados, matando a varios de ellos en el acto, otros tres, incluído el viudo, escapando por los pelos, cayendo en el suelo.
Apretando sus puños con fuerza Robbie tironeó de las esposas y luego de que sus ojos brillaran con un color dorado, estas se partieron por si solas, dejándole en libertad, sus pies ahora firmemente apoyados en el suelo a pesar de su falta de fuerzas, de que sus ojos casi no vieran. Entonces atravesó el aro de llamas sin que estas le atraparan, con un paso poco fluido, su cuerpo apaleado negándose a colaborar, pero firme, en dirección a los soldados.
Dos maderas partidas se alzaron en el aire, una a cada lado del chico herido, y tras un nuevo brillo en sus ojos, estas atacaron como lanzas, clavándose en el cuerpo de dos de los sobrevivientes, matándoles en el instante, entonces quedó sólo el soldado viudo, quien le miraba aterrado tal como si viera una pesadilla desenvolverse frente a sus ojos.
Había algo ausente en el chico, como si algo más se hubiera apoderado de él, una furia, un dolor que superaban todo.
Una nueva madera rota se alzó en el aire a su lado, como una mascota paciente esperando órdenes de atacar.
Robbie clavó sus ojos en el hombre y buscó su mirada.
-Ahora realmente me ves por lo que soy –dijo, y entonces la lanza improvisada asesinó a aquel hombre también.
Su cuerpo se aflojó entonces, y con paso tambaleante se hizo camino entre los escombros, buscando salir del incendio, poco a poco recuperando su mirada normal, a medida que luchaba por salir y tosía. Un miedo comenzaba a crecer en su pecho mientras la comprensión de lo sucedido llegaba a su mente. No entendía qué había sucedido… pero les había matado… había matado a aquellos hombres, sin la menor gota de piedad, tal como ellos no le habían demostrado ninguna a él.
Para cuando salió, las llamas ya cubrían la casa y habían capturado el granero y varios árboles también. Robbie por su parte se tambaleaba, arrastrándose por el pasto, llorando desconsoladamente.
Realmente no supo cuánto tiempo pasó, cuantos metros hizo o si siquiera llegó a un terreno seguro, sólo se dejó caer donde estaba, de cara en el césped, llorando y llorando, asustado confundido, dolido, solo.
Pasó un tiempo hasta que pudiera reunir las fuerzas para incorporarse y entonces se sentó, observando el caos.
Frente a él, su hogar de la infancia ardía como una gigantesca hoguera. Todo ardía. Los establos, las vallas de madera, los árboles. Los animales habían echado a correr en su mayoría, los que habían logrado sobrevivir, pero él permanecía allí, una pequeña figura sentada entre aquel descomunal incendio, pareciendo casi un niño abrazando sus piernas. Su camiseta blanca empapada en sangre, demasiada para ser la propia, sus ojos enrojecidos del llanto dejaban asomar un resquicio de lágrimas aún, tenía algunos golpes en su cuerpo, parecía haber recibido una leve paliza. Algo en su cuerpo si se movía, pero no era un movimiento consciente, sus manos temblaban ligeramente sin que él lo notara.
Era una visión extraña para cualquiera que le viera… pero nadie estaba viendo.
“You gave me no choice.”
merlinmeme | two villains: Mordred
I shall never forget.
Don’t you cry no more