Auguste Basile Bourgeois es uno de los príncipes invitados que se encuentran de visita en Illéa. Nació hace 25 años en Francia, y los habitantes de la nación dicen que guarda cierto parecido con Sam Claflin.
► ¿Qué espera de su visita a la nación?:
Ni siquiera había pasado un día luego de su llegada a Illéa. ¿Tiempo para desempacar? Su Alteza no lo tenía, por supuesto que no; para eso estaban las doncellas, o eso es lo que le había asegurado su padre. Ahora, en vez de estar descansando de su largo viaje o disfrutando de una copa tranquilo en compañía de algún generoso miembro de la nueva corte en la cual se encontraba, tenía una cámara apuntándole de lleno al rostro, expectante por sus respuestas como si se tratase de un depredador hambriento.
Tomó un poco del agua que habían dejado a su disposición sobre una pequeña mesa de caoba a su lado. Tragó despacio mientras organizaba sus ideas en su mente, y luego de unos segundos, comenzó: —¿Que qué espero? A decir verdad espero muchas cosas de esta visita. Estoy aquí por asuntos de la Alianza, principalmente, aunque también espero poder disfrutar de la visita como cualquier otra persona lo haría. Que nos reciban de esta forma en el Palacio, incluso cuando están bajo el revuelo de la famosa Selección, es algo digno de admirar. ¡Este lugar está sobre poblado por féminas! Y solo he necesitado unos minutos para darme cuenta de la enormidad de la situación. No debe ser fácil lidiar con ellas. Solo espero no volverme loco con todas rondando por aquí —hizo una mueca y pasó su mano por su nuca. Su acento era inevitable, tiñendo su inglés de un tono ligeramente gangoso pero simpático. —Bueno, creo que me fui del tema. En fin, solo espero divertirme, disfrutar y aprender. ¿Contenta mamá? Eso es lo que tu hubieses querido que dijera —hizo un ademán con la mano, como quitándole importancia y terminado de decir eso, le dedicó una de sus famosas sonrisas digna de portada de revista y un juguetón guiño a la entrevistadora.
Una sonrisa ladina asomó en sus labios en cuestión de segundos. —Bien, a decir verdad no estoy enterado de cuánto sabe de mí la gente aquí en Illéa. De todas formas me limitaré a lo más relevante. Soy el primogénito del Rey Gregoire y la Reina Gabrielle Bourgeois de Francia. Y esto conlleva a que (quiera admitirlo o no) soy el heredero al trono hasta el momento —encogió sus hombros en un rápido movimiento. Las entrevistas podían llegar a ponerse algo aburridas con el tiempo, incluso cuando eran para canales extranjeros o nuevos; el bombardeo de las mismas preguntas una y otra vez era agotante, incluso cansador. —Nací prematuro, con muchos problemas de salud. Mi madre asegura que un milagro fue lo que le permitió tenerme más tiempo del esperado, siendo que el médico solo me daba un mes de vida. Desde pequeño me dediqué al deporte, haciéndolo una parte crucial de mi día a día. Siempre sufrí de un pocobastante de hiperactividad, por lo que la única forma de controlarlo y evitar cualquier tipo de medicamento fue el mantenerme en movimiento constante —cruzó una de sus piernas sobre la otra y volvió a fijar la mirada en la cámara, una nueva sonrisa siendo dedicada solo a las personas que lo estaban o estarían viendo en ese momento o en cuanto la entrevista fuese puesta al aire. —¡También tengo cuatro hermanos! Dominique, quien es tres años menor que yo; Francine, mi pequeña de diez años; Edmond, de veintitrés años y Jérome, el más pequeño de cuatro. En verdad me llevo de maravilla con todos, incluso aunque suelo tener muchos problemas con Edmond y Dominique, siendo que son los que me siguen. Aunque, ¿quién no tiene problemas con los hermanos? —admitió con un asentimiento de cabeza, acompañando con esa última pregunta y dejándola en el aire. —Eres Candace, ¿no? Bueno Candace, también podría agregar que he viajado por prácticamente todo el mundo. Desde que tengo dieciséis, mi padre me ha enviado en misión de embajador a los demás países, dejándome en cada uno de ellos un tiempo para aprender sobre sus costumbres y demostrar que el Rey Francés está tan interesado en la Alianza que es hasta capaz de dejar a uno de sus hijos sin problema alguno para demostrarlo. No me quejo, a decir verdad. Viajar se ha vuelto una parte importante de mí, como también aprender sobre cada cultura.
—Como aseguran mis hermanos, en especial los mayores, soy alguien quizás demasiado liberal para el puesto en el cual me encuentro. Me gustaría creer que soy alguien en quien los demás pueden confiar y saber que jamás pondría límites a nadie; no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran, ¿no? —dio otro trago a su bebida antes de seguir. Claramente aprovecharía ese momento para explayarse todo lo que quisiese, sin verse limitado por los cada vez más comunes discursos preparados por su padre. —Soy realmente extrovertido y en verdad disfruto de hacer algunas buenas bromas de vez en cuando, en especial a mis hermanos y a los Lores franceses; el Palacio suele volverse algo monótono sin algunas risas por allí —se encogió de hombros como si fuese un niño pequeño quitándole importancia a un asunto cualquiera. —A pesar de todo, soy comprometido. Me gusta que las cosas se hagan bien y salgan bien también, y soy más que consiente que eso no sucede a menos que pongas algo de tu parte. Me molesta la gente cómoda, como así también quienes se quejan por todo. Francine suele ser de ese tipo de muchachas, y solo necesitarían preguntarle qué es lo que pienso sobre sus actitudes para entender un poco mejor —sonrió al ver la imagen de su pequeña hermana en su cabeza. Apoyando sus manos sobre sus muslos, decruzó las piernas y se inclinó ligeramente hacia delante, nuevamente sonriente como antes. —A decir verdad no se que más podría interesarles —relamió sus labios y volvió a inclinarse hacia atrás, incapaz de quedarse quieto por completo. —También suelo ser el tipo de hombre que entra en confianza en cuestión de segundos, cosa de la cual a veces más tarde te arrepientes —y haciendo un ademán con la mano, cortó con el tema, dando por acabado con él.
Disfruto mucho de pescar con arpón y cazar, quizás a muchos no le agrade la idea y aseguren que se trata de un simple estereotipo de realeza, pero es algo que se ha vuelto algo principal para mí.
Toco el violín desde los seis años, gracias a la iniciativa de mi madre que cada uno de sus hijos debía saber tocar por lo menos un instrumento hábilmente. De pequeño solía practicarlo con desagrado, ya que lo veía como una obligación más, pero al crecer le tomé mucho más cariño. Me enseñó una pareja de cincos a los cuales mis padres decidieron de dar mecenazgo. Aún no he encontrado a ninguna persona que toque mejor cualquier instrumento musical como ellos.
Suelo dormir mucho, quizás demasiado. No entiendo a las personas que son capaces de pasar una noche completa sin pegar un ojo en ningún momento, siendo que yo soy del tipo que cae dormido en cualquier lugar. Mi padre asegura que me gustan los extremos: o hacer mucho deporte y mantenerme en constante movimiento, o no moverme en absoluto.
Soy amante de la carne, y en verdad me cuesta mucho comer verduras. Será un capricho de niño pequeño, pero no entiendo qué le encuentran de rico a un pedazo de planta. Suelo ser realmente selectivo con las comidas, también.
El verano es mi momento favorito del año, y adoro pasarlo en un lago en medio de un bosque en las afueras de los terrenos reales en Francia. Cuando la primavera deja paso al calor, suelo escaparme junto con Edmond por una o dos semanas a la casa de campo que tenemos allí. Ya es una costumbre para nosotros, sin la cual me sentiría vacío.