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@c--lydebarrow-blog
Anon curioso: ¿Qué es lo que más te gusta de ser Bronce?
Vaya, nunca pensé en eso, creo que lo que más me gusta de ser Bronce (aunque lo niegue millones de veces) es el uniforme que me hace sentir en Hogwarts.
—Nunca me lo habían dicho.— dijo sarcástica. Se aproximó al chico y delicadamente desató el intento de nudo, para empezar a hacer el clásico. —Lo sé, lo sé.— respondió, mientras comenzaba la maniobra. La realidad era que sabía porque en una época tuvo que usarlas. —Ahora necesito que prestes atención.—
Soltó una suave risita ante el sarcasmo de la castaña. Posó sus ojos en lo que ella estaba por hacer, tal vez aprendería algo ese día— Mi mente atenta y mis ojos abiertos, puedes hacerlo —afirmó—.
¿Yo? No, para nada, sólo me divierte muchísimo ver los fracasos de otros —respondió burlona a la vez que observaba el accionar del rubio—. Él único que por aquí necesita algo eres tú. Anda, si me lo pides bien quizá me digne a ayudarte con eso.
—Tranquila, Barbie —frunció el ceño confundido—, no lo dije de mala manera. ¿No has leído el manual del buen rubio? Dice que no trates mal a las personas de tu mismo color de pelo.
Yo solo miraba como intentabas ponerte la corbata —dice con un poco de gracia mirando al chico— Y te ofreciera mi ayuda pero la verdad es que no se como hacer una corbata, con batallo y puedo con este lazo —señala el lazo azul de su uniforme sin dejar de sonreír— Suerte con eso.
—Da —dijo haciendo un movimiento con su mano, dando a entender que no debía preocuparse—, supongo que entrare a clase sin esto, no creo que sea un delito. Gracias de todas maneras —sonrió—. Soy Clyde Barrow, un gusto —se paró del césped con rapidez al notar que se veía como un mal educado sentado mientras ella estaba parada—.
Nombre y Apellido: Clyde Barrow. Edad: 23 años. Orientación Sexual: Heterosexual. Categoría a la que pertenece: Plata. ¿Instituto, Preparatoria o Universidad?: Periodismo. Actividades extra-escolares: Baloncesto y el Club de mitos y leyendas. Faceclaim: Evan Peters.
Descripción Psicológica:
A Clyde algo que le gusta es hacerse el misterioso, sentarse en el rincón más oscuro sólo para asustar a las personas que no conoce, siempre fue de hacer ese tipo de bromas, pero en realidad él es un muchacho bastante gracioso, los conocidos lo saben, siempre le gusto ser el payaso del grupo y alegrar a los demás, también le gusta hacer sentir bien a las chicas pero sin jugar con sus sentimientos, por eso decimos que tiene un millón de amigas mujeres, por las cuales actúa como el amigo gay a la hora de elegirles la ropa para una cita. Al rubio nunca le importo la falta de novias que tuvo por sus amigas ya que él tiene muy claro el espacio que le da a cada una en su vida. No le encuentra el sentido a engañar o dañar a una persona que se ama, es muy apasionado por el tema del amor, pero no en exceso, su pregunta muchas veces es cómo se siente el amor verdadero, porque es normal sentir amor hacía tus padres o tu perro, pero no hacía alguien que estuvo ausente en tu vida por años.
Dejando de tema ese lado, Clyde puede llegar a ser un verdadero cretino cuando está con sus amigos, la mayoría de las veces se juntaba con ellos en el parque y cuando pasaba alguien poco atractivo le gritaban cosas que dolían pero no se daba cuenta, esto fue cuando tenía dieciséis así que con el tiempo notó que las palabras podían afectar más que los golpes. El problema es que sus padres lo consentían demasiado y su madre no podía gritarle ni decirle lo que estaba bien o mal porque no le daba la valentía para tratar mal a su pequeño bebé.
No tiene vergüenza, por eso eligió el periodismo como carrera ideal, le gusta presionar a las personas sabiendo que no pueden decirle nada. Es un fiel creyente de la justicia, le interesan los casos de crímenes pero cree que no podría con eso de relacionarse con los cadáveres, prefiere más hablar con los vinculados con el crimen y eso es lo que más ilusión le hace ya que muchas veces ha ganado pleitos que requerían palabras y puntos a favor y en contra, también había pensado en la abogacía, pero no le convencía del todo, necesitaba algo con lo que la pasara bien y ver como pierde un caso no sería su cosa favorita en el mundo.
Breve historia de su vida:
Nació en un pequeño pueblo tranquilo, allí solían contarse muchas historias de fantasmas y asesinos en serie, los habitantes no estaban muy actualizados en esas épocas, por lo que parecían de los años cuarenta. Clyde sólo vivía con su madre, su padre lo había abandonado cuando tenía seis, todavía lo recuerda, cuando la mujer le contrato una niñera de unos veinticinco años, el mayor de los Barrow se volvió loco con ella, así que una noche decidió abandonar a su esposa y a su pequeño niño para irse con la desconocida.
En la escuela fue ignorado, no era común que tu padre se vaya con la niñera de tu hijo, por eso las madres de los chicos pensaban que no debían juntarse con ese tipo de personas. Añadiendo su nombre, en el pueblo como se dijo anteriormente, se creían muchas cosas y que a alguien le pusieran como uno de los criminales más famosos del mundo no era buena señal, por supuesto que él aun seguía teniendo amigos, bueno, en realidad sólo uno y era su primo, eso cambió a los once cuando tuvo que mudarse y Clyde se quedó solo, por lo tanto necesitaba aprender a lidiar con los idiotas de su escuela, la mejor manera fue en el Show de Talentos, éste subió al escenario, ahí estaban los padres e hijos, todos quedaron callados cuando lo vieron, sus piernas temblaban pero al final tomó el libro que tenía en las manos, eso era algo que había escrito dedicado a todos, leyó unas cuantas páginas, en resumen decían algo así:
“Soy Clyde Barrow, supuesto criminal, huérfano y marginado de la sociedad, pero también humano. A muchas personas no les interesa conocerme, pero sorpresa, yo no me muero por saber quiénes son ustedes, antes moría por un simple ‘hola’ suyo, fueron años de soledad y maltrato, conozco la mirada del desprecio, cosa que no muchos pre-adolescentes deberían conocer, para mi desgracia sí lo hago, en parte es lo mejor que me pudo pasar porque ahora sabré cuando una persona tiene nivel de falses alto como ustedes, humanos, pero también me siento triste, porque a veces es mejor vivir en una linda mentira que una triste realidad.
No les pido que se acerquen a mí luego de esto, pido que piensen si van mirar a alguien así sin conocer ni su nombre, bueno, como ya lo dije, yo soy Clyde Barrow y a Clyde Barrow le importa una mierda lo que digan.”
Todavía recuerda que ese día lo suspendieron por decir una mala palabra. El día más feliz de su vida, al rato su madre le comentó que iban a mudarse a otro lado, o sea a Los Ángeles, donde allí serían las cosas más modernas.
Así fue como conoció a personas importantes en su vida, ya a los quince comenzó a trabajar y la paga no era tan mala, lo que le importaba era tener eso para pagar sus estudios.
Al final su sueño se hizo realidad y pudo ir a la academia que todos hablaban: Imperial. Su madre le pagó lo que le faltaba y a las horas ya estaba despidiéndose de ella.
Se encontraba deambulando por los amplios jardines del lugar, con la mirada fija en el suelo. Se relamió los labios, en definitiva iba a terminar convirtiéndose en un fracaso social. Al escuchar una voz para nada conocida, se giró con el ceño fruncido — ¿No sabes atar una corbata? — Inquirió burlona, arqueando una ceja.
Fulminó a la morena con la mirada al escuchar su hablar— ¡Búrlate! —exclamó indignado—, ¿Te digo de qué se trata esto? De practica, hay que sudar y aguantar el dolor de los dedos dormidos —agregó levantando las manos—. Es como la primera vez que te pones un tampón.
No pudo evitar notar las dificultades de aquel muchacho para atar el nudo de su corbata, así que se aproximó a él con intenciones de ayudarlo. Una vez que notó su presencia, tomó asiento frente a él—. Te iba a ofrecer ayuda, pero si prefieres pasar media hora más intentando atar tu corbata creo que voy a observarte y reír por lo bajo —dijo, en tono de broma.
Pensó lo que ella le ofreció— Es interesante que me ayuden, mhm... —apretó los labios mientras fingía que tomaba una decisión como si la misma fuera difícil— Toda tuya —tomó los bordes de la corbata que seguía alrededor de su cuello y se los acercó para que los tomara e hiciera lo suyo—.
La ojiazul llevaba al menos cinco minutos observando la situación a la distancia, desde una banca, lo miraba divertida, mientras fumaba. Sin embargo, soltó el cigarrillo, pisoteándolo contra el césped y se acercó al rubio para ayudarlo. Le dedicó una divertida sonrisa, sentándose junto a el. —Vengo a sacar tu alma de la miseria.—
—Oh —musitó sorprendido ante el comentario—, ¿eres como un ángel? Porque tienes cara de demonio —bromeó sin intención de hacer enojar a la muchacha, aunque en sus pensamientos Clyde creía que los ojos de la chica eran demasiado celestes para ser el diablo—. Gracias por querer ayudar a mi alma, te lo agradece mucho.
Lyssa decidió sentarse en el césped de buena mañana, nada le venía mejor que eso. Vio a un conocido, llamado Clyde. Lo conocía de hacía poco, pero tenía confianza en él. La castaña no dudó en acercarse. Parecía ocupado con la corbata. Desde la espalda del rubio, Aly no pudo evitar reír. Sin duda, no sabía hacer nudos, aunque tenía razón, en ese uniforme no quedaba nada bien esa corbata. —Dame, yo te ayudo, cabezón.— Dijo bromeando.
Dio un suspiro de agradecimiento, la castaña le había salvado la vida— Es ridículo esto —dijo refiriéndose a la corbata—, me siento como Harry Potter... o como Hermione —frunció el labio y se estremeció al pensar en él mismo con peluca y falda—. Da —balbuceó—, gracias, Alyssa, si no fuera por ti creo que me hubiese quedado aquí toda la noche o toda la eternidad.
—A nadie se le ocurre poner una corbata en un uniforme —susurró algo molesto sentado en el césped, hacía como veinte minutos que intentaba arreglar la misma, pero sólo quedaba en un nudo mal hecho—. ¿En serio? —se preguntó rendido—, ¿Qué hago mal? —musitó poniendo ambas manos en su rostro—. ¿Necesitas algo o sólo viniste a ver como soy incapaz de atar esto? —le dijo a la persona que estaba parada enfrente de él—.
#epetersdays