Hace tiempo que dejé de escribirte, pero eso no quiere decir que, a veces no puedas encontrarte entre los versos de cada poema que escribo. Ya que, aunque quiera, o quieras evitarlo, dejaste una huella imborrable en mí, que ni pasando los años, se olvidará.
¿Recuerdas cuando nos conocimos?
Yo era un torpe de primera, y tú, bueno, tú eras solamente una chica risueña y tímida; cada vez que sonreías, me volvías loco sin ni siquiera mencionar una palabra.
No sé si recuerdas… pero lo primero que me dijiste, casi con pena fue: “Amo todo lo que escribes. Ojalá alguien algún día tenga la inspiración para escribirme un poco de lo que tú escribes, pensando en mí.”
No te habías dado cuenta que,
desde el primer segundo
que habíamos comenzado a hablar,
yo ya había caído muerto por ti;
y tú sin saberlo.
Pero no te culpo,
porque yo tampoco
me di cuenta al instante de eso.
Tuvieron que pasar días
para que aceptara,
que estaba perdidamente
enamorado de ti.
Sólo que, después me dio pena confesártelo
por miedo a que me mandaras a volar,
o pudiera perder tu amistad.
Sin embargo, eso no impidió
que te hiciera un escrito maravilloso,
en el cual te pedía que me dejarás amarte
cada segundo de mi inestable vida.
Y he de decir, que, aunque fue poco
el tiempo que me diste
para compartir contigo,
fue maravilloso;
y por ninguno motivo
lo llamaría error.
Compartí demasiados momentos contigo,
llamadas de más de siete horas y canciones inéditas
cantadas con mi fea voz,
entre ellas algunas conocidas como:
“Antes que al mío”.
Yo sé muy bien que no lo olvidas
porque en el momento en que
estuvimos juntos al teléfono
fue una de las canciones que más cantamos:
“Si te quieres ir de aquí conmigo,
jugar a vivir a un lado mío,
yo prometo tomar lo que venga,
y convertirlo en brillo,
y siempre cuidar a tu corazón
antes que al mío,
antes que al mío”.
Sí que se sentía bonito que nuestras voces fueran una sola….
Sin duda alguna, podría asegurar que cuando cantábamos, estábamos conectados y no nos importaba el “que dirán” de la gente.
Pero, lamentablemente, lo nuestro, aunque fuera tan bonito, no iba a poder ser por dos sencillas razones: “Tú no sentías lo mismo que yo, y teníamos diferentes edades”.
Quizás por eso, te encargaste de hacerme entender que eras tóxica y corrosiva, cuando para mí siempre fuiste la niña del brillo bonito y la del alma llena de arte.
No niego, y espero que tampoco me dejes mentir, pero sé que llegue a conocerte mejor que muchas personas. (O, al menos eso creo)
Sin embargo, el destino se encargó de hacerme entender que fuimos un acierto antes de tiempo, o que quizás no fuimos, y hoy somos lo que debíamos ser.
“Amigos con tendencia a desconocidos”.
Pero, aún a pesar de eso,
y de mis errores, espero que ahora que no estoy,
me recuerdes con cariño.
El adiós duele,
y es por esa razón que te pido
olvides aquella despedida.
Tú no mereces sufrir tanto.
Por favor, mi amor bonito;
no te rompas,
tú mereces ser feliz…
A pesar de que ahora compartas momentos con otra persona.
Yo siempre seré tuyo.
Con mucho cariño, el chico que más te amo, y al cual le diste oportunidad de tenerte como musa, aunque sólo de manera efímera.
Te quiere, Manuel Ignacio.