Planificar un domingo entero juntos. @florcanta
Dejé todo en una caja y cerré la puerta.
De vos no me llevo nada. Me asusta pensar que no sabés nada de mí. Dónde vivo, cómo duermo, qué como, qué amigos nuevos hice, cuántas veces me fui a dormir vestida y cuántas veces me fui de un lugar sin decir ‘chau’.
Me marea que sea fin de semana largo, siempre es un gran domingo. Me pregunto si fuiste a la parrilla de Medrano, si pediste la media de entraña, la ensalada completa, si retaste a alguien por comerse todos los porotos. No solíamos planificar los domingos. Pero si había un ritual entre nosotros, era ese. Lo conservamos hasta el fin de la relación, incluso cuando sabíamos que todo era una gran despedida.
Lo único que extraño es ese momento de la mañana que nos moríamos por contarnos lo que soñamos pero había que esperar a comer algo por esa cábala tuya y nos peleábamos para ver quién hacía unas tostadas. No voy a extrañar lo tramposo que eras, nunca ibas a hacer las tostadas a tiempo, siempre tardabas tanto que las terminaba haciendo yo. Una vez terminamos peleando fuerte por eso. Una cosa llevó a la otra y diste un portazo que hizo que se cayera un pedazo de techo. Todavía conservo el pedazo de techo, no sé para qué. Supongo que es como un símbolo de una ruina preciosa, como las ruinas de Quilmes. Símbolo de algo que supo ser nuestro imperio. Las ruinas son la demostración del amor, son ese lugar sagrado que podemos ir a visitar cuando nos sentimos perdidos o cuando necesitamos silencio. Igual a veces miro este pedazo de techo y es tan solo un pedazo de techo.
Me pregunto si seguirás soñando con aviones. Soñé que tenía el corte de pelo tipo pelela, y (extrañamente) me quedaba bien. Yo estaba con mi papá en un aeropuerto tipo futurista, y pasaba por el reflejo de algún vidrio cuando me vi el corte, y me dije a mi misma “eu, nada mal…nada mal me queda’’. Con mi viejo corríamos tratando de que yo llegue a tomarme el avión hacia no sé dónde, yo estaba muy agitada, muy cansada, hasta que llegábamos al mostrador, peleaba y lloraba para que me dejen subir. Finalmente me dejaban subir pero me decían que tenía que llevar el equipaje conmigo y que sería incómodo.
Qué literales que son los sueños a veces, ¿no? Yo, mudándome: el tránsito, la gente, el ruido… Igual, lo del pelo… eso sí que no sé qué significa.
De los aeropuertos me gusta todo menos la espera. Pero me gusta mirar todo: esos aviones estacionados que a veces se mueven un poquito, y la gente a contraluz del sol de esos paneles de vidrio gigantes; es todo como un película de alto presupuesto. Me gusta ver qué leen, qué hacen, qué beben, con quién pelean al teléfono, entender la vocación humana de cada uno.
A vos sí que no te gustaban los aeropuertos. Me acuerdo de tus manos sudorosas en el asiento 18 C. Yo te mostraba revistas y te hablaba de las chicas sexies que harían cualquier cosa por sus hijos, pero ni eso te hacía reír.
Se me ocurre una idea genial (como todas las ideas al principio), escribir un diario de la mudanza y adaptación al nuevo medio, al nuevo hábitat.
Lo primero que escribo es:
- Definir al sujeto a estudiar, o sea yo.
- Si fuese una hora del día, sería las 12 del mediodía.
- Si fuese un regalo, sería un cenicero.
- Si fuese una música, seria un bolero.
- Si fuese una sensación táctil, sería una cachetada.
- Si fuese una marca en la piel, sería una pequeña cicatriz hecha entre los tres y cuatro años ubicada entre las cejas.
A mi lado, en la mesa de luz, hay dos botellas de agua y una de coca cola de 600 sin gas, a medias. Un libro. Un metro. Una caja de forros. Frente a mí, como profesores en un final, hay cinco bolsas de residuos llenas de toda mi ropa y me miran fijo. Tomo un poco de agua y decido esquivar toda responsabilidad: usar la misma ropa que ayer otra vez es una redundancia maloliente.
Vivir con un amigo es muy divertido hasta que tenés que lavar los platos acumulados de los dos.
Me siento una extranjera en un hostel muy acogedor. Robo cosas de la heladera que no me pertenecen y paranoiqueo que alguno cocinó algo con porro y que voy a estar re loca en un par de horas y eso me da mucho miedo, intento vomitarlo y no puedo porque me da mucho más miedo vomitar.
Vuelvo borracha desde un boliche caminando a casa y nada me interesa más que estar en mi cama viendo alguna película y sacarme el corpiño y gritar "¡Libertad!” y al llegar hay cinco pibes tomando fernet en mi living: Vuelvo a ser la reina de la noche. Yo los hago reír y se impresionan de lo mucho que tomo sin perder la compostura. A uno lo beso en la cocina. No me gusta, pero lo beso igual. Me siento joven e infinita.
Me siento boluda y vacía.
Entra luz por la ventana. Un chico abraza mi cintura. Me había olvidado que estaba ahí.
Lo despierto para contarle mi sueño. Me dice que lo del corte de pelo, para él, significan los cambios y que me deje sorprender por ellos. Mientras me dice eso se reincorpora para fumarse un cigarrillo y me doy cuenta de que él tiene corte pelela.
Me depilé las cejas. Ya estoy en mi hogar.
Pensamiento random: separarse tiene eso de la repartición de bienes que no nos pertenecen. Vos te quedas con la parrilla de Medrano, ok, pero yo me quedo con la farmacia, el chino, la verdulería, el bar de Gorriti. Salvo los martes, los martes es tuyo.