Fue tan inesperado que no tuve oportunidad de reaccionar. Aún después de tanto tiempo, de todo lo que vivimos, de todo lo que pasó entre los dos no pude evitar sonreír cuando te vi caminando y comiendo helado.
Recordé que una vez me dijiste que comer helado te hacía pensar en mí, nunca supiste explicar bien el porqué, pero entendí que te hacía feliz y sin duda a mí me hacía feliz que algo placentero te hiciera recordarme.
Estabas mucho más delgado que la última vez que te vi y un poco bronceado también, ya había olvidado lo mucho que me gustaba tu piel, siempre blanca, clara, traslúcida. Entonces tus ojos chocaron con los míos que te sostuvieron la mirada, no podía ver tus labios detrás del cubrebocas, pero tus ojos me gritaban que sonreías.
-Hola- dijiste, y tu voz era la misma de siempre, tan familiar, tan despreocupada, tan cálida.
-Hola- te dije sonriendo, pero no pude contenerme y te abracé.
Tu aroma me inundo de golpe, tus brazos se sentían parte de mí y por un momento recordé que durante muchos años fueron mi hogar. Ya no dolías, ya no había recuerdos amargos ni rencores absurdos; eras tú, simplemente tú, el hombre al que conocí hace 12 años atrás y que en definitiva cambio mi vida para siempre.
No duramos tanto platicando, yo tenía que llegar a tiempo para reunirme con alguien y a ti te esperaban para cenar, nos despedimos con un par de abrazos y muchas sonrisas.
Cuando me subí al taxi aún me mirabas y sacudías la mano efusivamente, sin siquiera esperarlas las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas, y fue entonces que lo entendí... al fin, después de tanto, después de todo, estábamos en paz, nos decíamos adiós.
-Siempre te amé.
AmeQuiela
Únete ➡️ a mi canal de telegram.
Sígueme ➡️ en todas mis redes.













