Preparé mi piel para ser tocada.
La preparé para el incendio que significan tus manos recorriéndola sin prisas.
Preparé mi piel para sentir la suavidad de tus manos. Me Preparé para saber cómo se sienten tus dedos escribiendo una historia entre mis muslos, en mi espalda y en cada rincón que grité tu nombre.
Preparé mis impulsos para estallar en tu boca, al sentir tu lengua tocar mis labios. Me preparé para que la noche nos trague por entero. Y preparé mis ojos para mirarte con deseo.
Preparé mis ganas para que se abrieran solo a ti, para que mis gemidos no supieran otro nombre, para que mi voz se quebrara solo en tu oído.
Preparé mi cuerpo como un territorio a punto de ser invadido. Lo dejé sin defensas para que pueda ser tomado y habitado hasta que no quede más que el temblor.
Sí.
Y otra vez sí.
Me preparé para ser tocada. Pero también me prepare para tocarte. Para rendirme.
Para hacer combustión contra tu piel.














