“Supongo que tienes razón” aún así, supone algo para pensar y decidir en el respectivo momento, no admitido pero en en simples treinta y seis horas ya le ha tomado hasta afecto a la traviesa criatura que recorre pasillos como si fuesen de su propiedad exclusiva. La preocupación es una espina directa al cráneo, es un contraste aquel rostro ensombrecido por la penumbra y agobio, acostumbrado a fulgores y estelas de júbilo por parte del lienzo porcelana. Silente, no indaga mientras las explicaciones abundan, temblorosas, frágiles, percibidas en el aire como claro motivo (y suficiente) como para aquel apagón de energía en la contraria. “Puedes tener esa seguridad, ¿si?” pausa suave, garganta propia buscando aclararse, disolverse. “Y las que quieras, si quieres podemos averiguar de algún médico más, no sé, lo que creas necesario…” inicia, y como toda promesa despedida de la boca monárquica se ve condenada al cumplimiento perpetuo. Humedece sus labios, pequeña duda inicial, mas son motivos desconocidos (quizá una inconsciente reminiscencia o semejanza dispersa a una figura importante de lazo familiar), pero la inminente necesidad de contacto se vuelve patente, se ejecuta en un pequeño beso sobre frente antes de hacer concreto el abrazo, soltando aire de aparato pulmonar. “Va a salir todo bien, ¿vale? Estoy seguro que hasta podemos hacer que vayas a visitarla cuando esté bien.” y si invoca tales expectativas o posibilidades, es porque las considera posibles, alcanzables, y porque no puede salvarse del intento de animar un poco a la menor.
Se (des)dibuja una sonrisa, tenue y apenas visible. “¿En serio harías eso por mi?” Tiembla cada letra expuesta, débil como siente anatomía en aquellos precisos momentos. Completa desconocida ante nombres y rostros de aquellos que atienden el estado de salud de quien es pilar importante para ella, para todos. “Yo no sé — digo, sería genial pero tampoco quiero abusar.” Orgullo no tarda en hacer acto de presencia, esa mala costumbre de quererle ver siempre cinco patas al gato, el saber que en un pasado cada favor ha sido cobrado. Contacto, caricia de labios contra dermis y calidez hecha abrazo, no controla las lágrimas que han de brotar ni la fuerza con la que corresponde aquel gesto, porque necesita un soporte y figura mayor es sinónimo de éste. “Tampoco quiero que te metas en problemas, no —” índice rasca, elimina vestigio de gotas salinas, pulmones aclamando aire y calma “¿No deberías preguntar primero?” Consciente de que tal acción resulta ir en contra de normas establecidas, decisión que ha de tomarse de manera unánime y que un voto contra cuatro resultaría una condena inminente a la cual no podría enfrentarse, no ahora. “Tus hermanos estarían en su completo derecho de no estar de acuerdo, esto sólo alargaría el proceso y es más probable que me quiera afuera que adentro.” Marañas, balbuceos y caos hecho oración. Carencia completa de filtro, los pensamientos que ha ido rondando mente se exponen al momento que el psique se rompe.