sangmin.
La confesión sobre la razón detrás de sus acciones con Haru lo hacen dudar momentáneamente, dudar sobre si le hablaba con honestidad, o solo buscaba confundirlo un poco más. Lo observa mientras su ofuscación no ha decaído ni en lo más mínimo, y una mueca de desagrado asoma a su rostro cuando lo compara con él, cuando le saca en cara lo que han hecho juntos. Es la mención de Nico la que lo hace explotar un poco más, dando un paso hacia adelante y acortando la pequeña distancia entre los dos. “Cállate,” responde con sequedad, negando con la cabeza. La imagen de Nico llorando por escuchar toda esa sarta de estupideces que el otro amenaza con dejar caer sobre él, le deja un sabor amargo en la garganta, incluso si no es algo que haya ocurrido aun (o que siquiera vaya a ocurrir). El mayor continúa a pesar de su protesta, como era de esperarse, y el verdadero golpe lo recibe cuando el contrario insinúa que es incapaz de pasar por sobre su propio egoísmo, cuando le refriega que nunca podría amar libremente a alguien más. Duele porque es algo que ha pensado más de una vez, porque sabe que nunca se ha enamorado o siquiera prendado de alguien lo suficiente para desbaratar aquella teoría. Traga saliva, pero pronto se pone en movimiento, protestando esta vez con un gesto violento. Deja caer una mano sobre los brazos cruzados del mayor, para desarmar el gesto. “Cállate.” Vuelve a repetir, las ganas de lanzarse sobre él dificiles de frenar. “No tienes idea de lo que hablas. Jamás le he mentido, yo— no le he prometido nada.” Es la verdad, pero no suena bien de alguna manera: porque se da cuenta, inesperadamente, de que sí quiere hacerlo. Quiere prometerle algo a Nico, quizás algo más que lo que sea que hay entre ellos ahora. La realización no llega en el mejor momento, sin embargo, enojado como estaba con todas las amenazas del mayor. “Y te equivocas. Sí tienes mucho que perder. Aunque no la llames novia, ¿te preocupas mucho por ella, no?” Su tono que aparenta ser casual, se tiñe de rabia contenida. “No me asustan tus amenazas. No cuando puedo hacer de su vida un verdadero infierno. Ten eso en cuenta antes de venir a exigirme cualquier cosa.” Aclara, respirando profundamente por la nariz, y enderazando su postura. “No significa que vaya a hacerlo, de todas formas. ¿Crees que lo único que hago es atormentar a niñitas seudo-enamoradas? por favor.” Carraspea. “Yo no me meto con ella, mientras tú dejes a Nico en paz. Tan simple como eso, y nos ahorramos el show de caballero al rescate que acabas de montar. Oh, y antes de que lo olvide,” tuerce una sonrisa. “Si no puedes ir por ella aunque la deseas, no es por tu repentino ataque de consciencia,” esta vez, lo apunta sobre el pecho, el dedo índice clavándose sobre la polera del contrario, una repetición del gesto que había realizado la primera vez que se lo encontró. “Es por cobardía.”
sus dedos atrapan la muñeca ajena antes de que pueda dar un sólo golpe más contra su pecho, alejándola con brusquedad de él, pero sin soltar el brusco agarre que tiene con el contrario. no tiene intenciones de dejarlo ir tan fácilmente, no cuando el contrario tiene toda intención de hacerlo enojar. “ ¿qué te hace pensar que mi vida no es un verdadero infierno ahora? --- ¿de verdad crees que te tengo miedo, sangmin? ” una carcajada escapa de sus labios mientras niega con la cabeza, sus dedos presionándose con más fuerza alrededor de la muñeca ajena, no importándole si marcas de sus dígitos quedan impregnadas en la piel ajena. “ la diferencia es que ya te has metido con ella, supongo que si quieres hacer eso de ojo por ojo, entonces tengo que meterme al menos una vez con ese cachorrito al que tanto proteges para que estemos a mano, ¿no te parece? ” la rabia está fluyendo cada vez más rápido por sus venas, amenazando con hacer explotar una bomba en su cuerpo, aquella bomba que se ha mantenido apagada por tanto tiempo que le parece casi irreal que esté en funcionamiento ahora, contando los segundos para detonar y destruir todo a su paso. “ ¿cobardía? ¿en serio quieres hablar de cobardía? ” alza una de sus cejas, negando con la cabeza y soltando con brusquedad el agarre en la muñeca del contrario, sólo para así poder tener su mano libre y sujetar la camiseta del contrario, atrayéndolo a él e inclinándose un poco para que su mirada no se desviase de la contraria. “ si quieres llamarlo así, hazlo. pero, ¿en qué te convierte a ti eso? --- has dicho que no le has prometido nada a tu perrito, sin embargo, sigues ilusionándolo, sigues haciéndole creer que tienes intenciones de pasar el resto de tu vida con él. ¿seguro que yo soy el cobarde? lo tienes en espera, pero aún no le prometes nada porque eres incapaz de hacerlo, ¿no es así? ” sonríe burlón, acercando su rostro al contrario como si tuviera intención de besarlo, pero manteniendo una distancia de pequeños centímetros, antes de que sus labios pudieran tocar los ajenos. “ ah, sangmin --- a estas alturas deberías ya saber que no eres el tipo de persona que está destinado a tener una relación. de hecho, ¿qué te hace pensar que él se quedará a tu lado cuando vea de la mierda de la que estás hecho? ¿qué te hace pensar que te seguirá mirando con ojitos brillantes cuando le muestres lo que realmente eres? ” lo empuja contra la pared que se encuentra detrás del menor, riendo entre dientes. “ es una pena, estoy seguro de que hasta tú tenías esperanzas de que alguien pudiera quererte por cómo eres y no por la máscara que te pones encima cuando te conviene. ” da un paso hacia atrás, no teniendo ninguna intención de seguir hablando con el contrario. no después de lo que ambos se han dicho. “ ah, por cierto --- ¿lo del show de caballero al rescate? tú eres peor, mira cómo tiemblas de miedo al no tener certeza de si podrás proteger bien a ese tesorito tuyo. diría que hasta me da ternura, pero no --- no realmente. ”













