Otra vez volví a arruinarlo.
El cuestionamiento del porque soy como soy, me mató el sueño. Suelo pensar que la madrugada nos abraza a tal punto que nos vuelve más sinceros, más sensatos, nos orilla a decir cosas que a la luz del día no podríamos decir.
Hace muchísimo tiempo que no escribía, que alguien no inspiraba a sacar aquellos pensamientos y plasmarlos en estás palabras. Lo que me hace preguntarme ¿Por qué tú? Alguien que ni siquiera congenia conmigo, somos personas completamente diferentes, viviendo en mundos diferentes, con vidas demasiado diferentes. Ojalá pudiera entenderlo, ojalá pudiera entender incluso cuál es el propósito del que te conocí, tal vez entre ese mundo de diferencias, hay mini partículas de similitudes por las cuales nos entendemos, quizás en algún momento de nuestras vidas nos hemos sentido igual, quizás los dos a nuestra manera estamos igual de dañados, o igual de rotos o quizá uno más que otro, no lo sé.
Lo que sí se, es que es rarísimo la manera en que esta amistad, que a veces va más haya de una amistad se fue dando. Nunca lo dije, pero las platicas en la tarde, sobre cualquier tema, a veces callados, a veces riéndonos, a veces peleando, a veces melancólicos así como hoy, con enjambre de fondo y una que otra rola de Ricardo Arjona se volvieron icónicas, no hablo mucho porque prefiero escucharte, no cuento mucho de mi vida porque tus experiencias, tus historias, el dolor que se te refleja cuando hablas de tu mamá me resultan más interesantes que mis propias historias. No se que vaya a pasar, pero en alguna ocasión dijiste que querías dejar huellita en la vida de las personas y por lo menos en la mía, lo harás. No se cuanto vaya a durar esta amistad pero pase lo que pase no quiero alejarme de ti, en realidad no lo alterné pero me dolió que dijeras que una cagada más y tomabas distancia. Quizás fue lo que sentiste tú cuando te dije que yo lo haría.
Estoy aprendiendo de ti ¿Sabias? La falta de comunicación, el guardarme las cosas, el evadir todo y la falta de responsabilidad afectiva que de repente cargo se que están mal, no siempre fui así. Me duele lo mucho que me cuesta expresarlo incluso escribiéndolo, pero por primera vez una persona se tomo el tiempo de notarlo, de decirme en que estaba arruinándolo, cuando ni siquiera tenías ni porque soportar todo eso. Mi mar de desastre a veces se lleva con él cosas buenas que me pasan, pero estoy aprendiendo por ti, que no es tan malo alternarle a las personas lo que sentimos, cuesta trabajo cuando habías puesto una barrera de protección por miedo al rechazó o simplemente a que te dañen, cuesta demasiado trabajo pero ahora ya no lo veo tan malo como solía verlo.
Una vez me preguntaste que qué vi en ti, y nunca respondí supongo, y supongo que no te interesa saberlo pero igual, fue la manera en que notaste cosas en mí tanto buenas cómo malas, la manera en que empezaste a leer mis actitudes, mi manera de mirar, no dudo que hasta mis gestos y mis posturas corporales, tú deberías de ser el psicólogo, tienes más potencial que yo… Pero independientemente de todo eso, viste mi sombra, aquella cosa no tan común que solo pocas personas logran notar. Y no dudo que incluso hayas notado más allá de lo que yo logró ver.
Quiero seguir conociéndote, se que a veces hay días en los que no tienes ganas de hablar, hay días en los que platicas más que otros días, hay días en los que prefieres la música, días en los que me haces reír más que otros. Noté en ti desde la primera vez que hablamos que no eras superficial, y que no eres tan mierdilla como dices serlo aunque digas que no se lo que digo, quiero conocerte a ti, en muchas otras facetas, ¿Que sentido tendría esta amistad? Si sólo conocemos lo básico de cada uno, eres de esas personas a las que te dan ganas de abrazarles hasta los miedos.
Suelo arruinar muchísimas cosas, y lamento haber arruinado incluso las cosas que en su momento llegaste a ver en mi, voy a cuestionarme eso un largo tiempo. Pero se que después nos vamos a reír de todo esto.
Me dejo pensativa el hecho de que sabes la fecha exacta del día en que nos empezamos a hablar, nunca me había pasado algo así, fue rarísimo el como los dos recordamos ese día, un poco melancólico.
Se me acabaron las palabras, y el sueño me vence.