Y aunque me muera de ganas de hablarte, de saber de vos y de volver a compartir aunque sea un rato con vos, tampoco quiero convertirme en alguien que tiene que rogar por un lugar en tu vida. Porque si para que estés bien necesitás alejarte de mí, ¿qué sentido tendría que yo siga insistiendo? Y créeme que me cuesta decirlo, porque si fuera por mí, seguiría eligiéndote mil veces más. Pero a veces querer a alguien también es aceptar que no podés obligarlo a quedarse.















