Factura de Masliah: Jesús, Artigas y el sentido común
Mejor tema de inspiración cristiana: Factura – Leo Masliah
“Factura” de Leo Masliah forma parte del disco “Aunque você não acredite… Masliah existe”, publicado en 1994. Y aunque você não acredite, la composición de Masliah encuentra su condición de existencia en el imaginario cristiano, tanto por su melodía como por su texto. Ya desde el comienzo, la melodía remite claramente a la sonoridad de las grandes catedrales y a las composiciones eclesiásticas que acompañan rituales religiosos. Un órgano suena profundo, armónico, elevado. De esta forma, antes de que el músico comience a cantar, una podría pensar que trata de una canción religiosa. Podría incluso amagar mirar para atrás, pensando que tal vez entre alguna novia o alguien importante por la puerta. Sin embargo, toda expectativa sonora se ve desconfigurada cuando Masliah empieza a cantar. Utilizando esos códigos sonoros el músico le canta a Dios, logrando realizar una irreverente parodia, un estiramiento burlesco de situaciones cotidianas. De esta forma, con un talante casi heroico, afirma haber sido infeliz toda su vida, a sabiendas de que ese era el destino dispuesto por el mismísimo Señor para el. La canción comienza:
“Siempre fui un infeliz. Siempre fui un infeliz.
Y nunca dejé de preocuparme por serlo al máximo
en la medida de mis modestas posibilidades.
Al menos desde que tomé conocimiento de la máxima artiguista
según la cual "los más infelices serían los más privilegiados".
Para comenzar a comprender una de las razones por las que esta canción me parece una maravilla, es fundamental notar la sutil -pero nada casual- analogía discursiva del cristianismo con el discurso artiguista, dejando notar una clara similitud entre ambas e invitándonos a pensar sobre la presencia de los ideales cristianos en nuestro imaginario nacional y colectivo. Al cantar sobre esta “la máxima artiguista”, Masliah hace alusión al Reglamento Provisional de Tierras de 1815, en el cual se establecían criterios para el reparto y trabajo de las tierras. El reglamento detalla: “Los más infelices serán los más privilegiados. En consecuencia, los negros libres, los zambos de igual clase, los indios y los criollos pobres, todos podrán ser agraciados con suertes de estancia si con su trabajo y hombría de bien propenden a su felicidad y a la de la Provincia.” Estas palabras plasmadas en el Reglamento pueden remitir directamente a enseñanzas de la Biblia. Por ejemplo, en las bienaventuranzas, Jesús decía: “felices los que tienen el espíritu pobre, porque de ellos es el reino de los Cielos. Felices los que lloran, porque recibirán consuelo. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia” (Mateo 5, 3-5).
A partir de esta asociación, Masliah logra hacer evidente que a pesar de nuestro intento de laicidad o del mito de la nación laica, existen valores de nuestro imaginario nacional que son propias de un sistema de creencias religioso. Aldo Solari (1991) afirma que “Uruguay fue un Estado antes de ser una Nación”, ya que apenas existía una conciencia nacional durante gran parte del siglo XIX, el gobierno no alcanzaba al total del territorio, la gestión de la conflictividad a partir del binomio blancos-colorados, entre otros. En este sentido, fue durante la primer etapa de militarismo en 1870 que “comienzan con cierta continuidad, los difíciles y largos esfuerzos para el reconocimiento de un héroe, Artigas, que estuviera por encima de los partidos y diera una referencia simbólica a la vacilante conciencia nacional” (1991: 9). Esto se puede observar en la representación del héroe en los espacios públicos, escuelas, monedas, etc. Implica -casi que- un reemplazo de las figuras cristianas a otro de figura divina, a la que no se le canta “Jesús te seguiré”, pero sí se canta “A Don José”, que dibuja esa figura casi mesiánica, omnipotente, que alumbra con su voz la oscuridad. Sin duda estos códigos y valores se encuentran presentes en nuestro lenguaje cotidiano, valores y aspiraciones colectivas. Esto responde a la necesidad de cualquier comunidad de tener un sistema de creencias que se nuclee a partir de ciertos símbolos que doten de sentido al colectivo. Esto genera que el carácter imaginado de la nación, a la que refiere Benedict Anderson cuando afirma que toda Nación es una comunidad imaginada porque “aun los miembros de la nación más pequeña no conocerán jamás a la mayoría de sus compatriotas, no los verán ni oirán siquiera hablar de ellos, pero en la mente de cada uno vive la imagen de su comunión” (23: 1993).
Lo fundamental de la canción de Masliah, es que el músico logra romper con la ese sistema simbólico naturalizado, a partir de una afirmación enfática y explícita de esos valores. Por eso la canción resulta maravillosa: es una constante politización del sentido común a partir del estiramiento absurdo de proverbios o dichos populares. Darío Sztajnszrajber, en su podcast “Demasiado humano”, afirmaba que el sentido común funciona en la medida que no es explícito, cuando este se torna explícito, se desarma. Esto es lo que logra Masliah.
Continuemos con la canción. ¿Qué otros elementos que plasma a través de su canto el músico forman parte de nuestro sentido común y tienen correlato con pasajes bíblicos?. Por ejemplo:
“Siempre me dejé robar. Me dejé golpear.
Me dejé meter los cuernos.
Me dejé humillar. Me dejé estafar, injuriar, calumniar.
Y siempre ahogué cualquier asomo de ira
que pueda gestarse en mí, con la evocación
de tu consabida promesa en cuanto a una recompensa celestial.”
Es imposible no asociar esta imagen de sufrimiento con el pasaje de la Biblia que refiere al amor a los enemigos. En el evangelio de Lucas se detalla que Jesús le dice a sus discípulos “Al que te golpea en una mejilla, preséntale también la otra. Al que te arrebata el manto, entrégale también el vestido. Da al que te pide, y al que te quita lo tuyo, no se lo reclame” (Lucas 6, 29-30). Es imposible no asociar esta imagen con el constructo de femineidad y sus consecuentes mandatos en cuanto al habitar cotidiano de las mujeres y disidencias. El “preséntales la otra mejilla” está en la base de los abusos históricos que hemos sufrido y sufrimos las mujeres y disidencias -así como también cualquier sujeto político que se forme parte de la Otredad- en la historia de la sociedad occidental moderna y colonial. Incluso una vez desencadenadas las luchas y reivindicaciones emancipatorias, este argumento sigue siendo el germen de varias críticas que se le realiza a algunos feminismos que optan por mecanismos no institucionales, o utilizan la violencia como medio. De esta forma “no ser femenina”, implicaría no dejar que te peguen en la otra mejilla.
Masliah continúa su canción a partir de otro estiramiento del sentido común -siempre a través de una ironía tajante- cantando:
“Nunca dejé de someterme a la arbitrariedad
de los empleadores a quienes, por apenas unos mendrugos de pan,
trabajé día y noche durante cincuenta años.
Hasta que se resecó mi piel. Hasta que mi piel se resecó”
Aquí irrumpe otra crítica fundamental: la conexión funcional entre capitalismo y cristianismo. Como gran parte de los teóricos clásicos afirman, trabajo es EL elemento de conflicto en el que se funda nuestra sociedad capitalista. La clave de la crítica que se desprende de lo que canta Masliah radica en la indisociablidad entre trabajo y sufrimiento, o dicho de otra forma: en la incompatibilidad entre trabajo y goce. Ya el Antiguo Testamento, el Tercer mandamiento -y esto esto nos remonta tanto al judaísmo como al cristianismo-, es vinculante en este sentido: “Seis días tienes para trabajar y hacer tus quehaceres. Pero el día séptimo es de Descanso en honor de Yavé, tu Dios” (Dt 5, 13-14). Este mandamiento también es conocido como “santificarás las fiestas”. Es decir, en esta cosmovisión el mundo el trabajo necesariamente lleva el martirio de la carne y el sacrificio. Esta idea del trabajo y la idea de martirio y es imposible negar que el sufrimiento se encuentra fuertemente enraizada en nuestro imaginario colectivo. Es frecuente escuchar frases como “el trabajo dignifica”, o el insulto de “andá a trabajar” en nuestras charlas cotidianas.
Otro ejemplo de esta idea del trabajo y el sacrificio también se presenta nuestro escenario político actual: la crítica a los planes sociales financiados con fondos públicos, la insistencia de ciertos sectores en “no dar pescado sino enseñar a pescar”, es un claro reflejo de ello. Este tipo de discursos se replican tanto en los grupos de derecha como de izquierda. Basta con mencionar una de las grandes críticas que se le realiza a Lacalle Pou desde las izquierdas: que “nunca trabajó”. Este argumento, repetido de forma acrítica, descentra por completo la gran amenaza que significa su posicionamiento ideológico neoliberal y conservador. El problema no es que trabaje o no, de nada sirve tener un trabajo que reproduzca las relaciones de dominación, mantenga inmóviles configuraciones culturales elitistas o contribuya a la creciente acumulación de capital. Tenemos que desplazar esta crítica de nuestro repertorio y repensar el lenguaje como campo minado de relaciones de poder, incluso cuando pensamos que nos estamos emancipando a través de el.
Fundamental es destacar que todas las ideas en torno al trabajo y el sacrificio tienen su anclaje fundamental en el cuerpo, espacio en donde se depositan los mandatos y disciplinas para que el sistema continúe desarrollándose. Si bien el tema del cuerpo y el trabajo datan de siglos antes de Cristo, su presencia es evidente en la Biblia. En ella Jesús murió nada más y nada menos que clavado, desangrado en una cruz, luego de caminar con una corona de espinas, flagelado y doliente. Nietzche escribía en 1881: “todos los conductores espirituales de pueblos que consiguieron hacer que fluyese el fango estancado y terrible de las costumbres necesitaron, para hacerse creer, no solo de la locura, sino también del martirio voluntario, y, principalmente, de la fe en si mismos.” (1994: 45). En nuestra sociedad actual, el martirio físico va metamorfoseándose a partir de diferentes mecanismos y formas de trabajo, y diferentes teoricxs escriben sobre el desplazamiento de formas físicas a psíquicas de martirio en la sociedad posindustrial.
Lo más importante de este tema, que hace que se gane todos los premios de mi corazón, es que el artista se apropia de los códigos propios del género que critica e ironiza (tanto sonora como textualmente) para apelar a los sentidos opuestos. Se inspira en el cristianismo y usa su propio lenguaje para destruirlo. De esta forma, constituye una crítica desde el propio núcleo, casi como una violación, haciendo visible lo invisible. Su condición de existencia es el propio cristianismo. Rompe con lo esperado, con lo previsible, y conforma así una verdadera crítica a lo instituido.
Anderson, Benedict (1993) Comunidades imaginadas. Efe: Buenos Aires
Solari, Aldo. 1991. Partidos políticos y sistema electoral, Montevideo: FCU