another meme i won’t finish — eight male characters:
Isaac Lahey: “You being happy really isn’t a big prority of mine, since you stabbed me. Twenty times. With knives.”

Origami Around

#extradirty

pixel skylines
Monterey Bay Aquarium

JVL
h
No title available

Love Begins
Xuebing Du
occasionally subtle

gracie abrams
Cosmic Funnies
"I'm Dorothy Gale from Kansas"
noise dept.

blake kathryn
Mike Driver

Kiana Khansmith
𓃗

★
will byers stan first human second
seen from United States
seen from United Kingdom

seen from United States
seen from Netherlands

seen from United States

seen from Malaysia
seen from United States
seen from India
seen from United States
seen from Bangladesh

seen from United States

seen from Türkiye
seen from Canada
seen from United States
seen from United Kingdom

seen from Vietnam
seen from United States
seen from United States

seen from Ireland

seen from United States
@christoffrow-blog
another meme i won’t finish — eight male characters:
Isaac Lahey: “You being happy really isn’t a big prority of mine, since you stabbed me. Twenty times. With knives.”
Acá casi no había amabilidad en esta ciudad, por lo que era agradable encontrarse con personas como él de momento. Se percató que su polera se había movido un poco dejando ver un poco de su pistola, cosa que debía ser mas cuidadosa con eso pero siempre la llevaba con ella debido a que no sabía con quien se podía topar por lo que rápidamente arregló eso y alzó la vista al chico "Bueno, ya somos dos en eso"
Asintió mirando de reojo a la joven, logrando captar rápidamente el pequeño armamento que la morena llevaba consigo. Definitivamente la chica lucía completamente inofensiva. “De hecho” Concordó con la joven alzando ambas cejas desviando su vista a algún otro punto al azar. “Deberías tener cuidado con eso”. Mencionó de la nada, haciendo referencia al arma de fuego. Normalmente Christoff se habría limitado a soltar un comentario así, simplemente la curiosidad era más poderosa que la discreción “Un movimiento en falso y alguien podría salir herido”
Arqueé una ceja ante la presencia de aquel chico. Bien había podido escucharle e incluso distinguir su naturaleza con un poco de esfuerzo. Rodé los ojos pues su primeras palabras había arruinado cualquier primera impresión que pudiese tener de su persona—¿Y tú? Supongo que si piensas que eso debería estar haciendo es porque tú lo haces seguido—Bajé el arco entonces e incluso me tomé un segundo para apoyarlo contra la húmeda tierra, sirviéndome este de apodo, además de que a su vez observé su rostro a pesar de la distancia, estando segura que no le había visto jamás en Detroit, era una ciudad grande y sin embargo me topaba con las mismas personas patéticas de siempre.
De todas maneras—Suspiré y observé mis uñas, como si realmente me tomara cada segundo de ese instante para inspeccionar mi mano libre—¿No es muy tarde para estar jugando en el bosque?—Probablemente eso también se aplicaría a mí, pero no, solo trataba de mantener mi vida como había sido hace unas semanas atrás.
“Tranquila bonita solamente estoy bromeando”. Aclaró alzando las manos al aire, como si lo que mencionó anteriormente fuese algo irrelevante y sin sentido; de hecho lo era. Un corto suspiro se escabulló de su interior, dando leves pisadas; dejando huellas en la húmeda tierra; cubierta por hielo y rastros casi invisibles de nieve. “Aunque de hecho, sí, lo hago muy a menudo.” Contrastó la respuesta de la ojiazul, borrando todo rastro de diversión empleado anteriormente. “¿Tú?” Inquiere llegando al árbol donde la flecha repleta de acónito yacía enterrada en la madera. Distinguiendo esa intoxicante esencia lo supo; estaba tratando con una cazadora.
“¿Qué uno no puede dar un recorrido a las 10 de la noche?” Mira de reojo a la joven desconocida, tomando el extremo de la flecha, arrancándola del tronco para mirarla detenidamente, ese maldito color púrpura destellando orgullosamente a la luz de la luna sobre el material en el que reposaba. “Una criatura experimentando con su propia toxina venenosa” recita para sí mismo en un tono leve sin despegar la mirada de la tan mencionada flecha “Interesante”. Asintió, lanzando el objeto a la tierra.
"I love you" never felt like any blessing, whispering like it's a secret only to condemn the one who hears it | Christoff & Freya
La sorpresa de encontrárselo se fué desvaneciendo poco a poco, una emoción que fue sustituida por otra: la curiosidad. Necesitaba saber que había ocurrido con él durante todos aquellos años, saber desde cuando era hombre lobo, quién lo había transformado, el por qué… aquello comenzaba a dolerle un poco. Freya odiaba a esas bestias, detestaba con todo su ser lo que ahora era Christoff, mataba a cualquier criatura que se le cruzaba enfrente… pero no a él, no podría matarlo a él. Aún así, suspiró, tratando de quitarse aquello de la cabeza, concentrándose en las palabras que Christoff le decía. Negó ante la última oferta. —No creo que mi casa sea el mejor lugar de todos…— Le dijo suave pero honestamente. Un edificio plagado de cazadores que no seguían el código no era el mejor lugar para llevarlo y poder hablar con tranquilidad. Sus cazadores sabían que Freya solía no matar a un hombre lobo o a cualquier otra criatura apenas se cruzaba con ellas, podían pasar semanas, meses, hasta que diera su golpe final para que no se lo esperará… pero llevar a Chris allí le llevaría problemas, a ambos. —Tu departamento estaría bien.— Asintió. Ya debía ser tarde, al ser una noche de semana, dudaba que los bares estuvieran abiertos hasta tan tarde. Ambos comenzaron a caminar, ella siguiendolo desde cerca, sin decir nada, inmersa en sus propios pensamientos, en sus propios recuerdos…
[Flashback]
Primer día… al parecer sus padres habían decidido quedarse en aquella ciudad durante algún tiempo. Acababa de cumplir 16 años y por primera vez, se dirigía a la escuela. No iba a decirlo en voz alta pero… estaba aterrada. Durante todos esos años había recibido educación en casa, de parte de tutores que sus padres contrataban. Jamás había sido la chica nueva, jamás había estado en un salón de clases y jamás había convivido con todos aquellos chicos y chicas que pasaban por su lado, apurados, empujandola, riendose o corriendo. Freya comenzaba a creer que aquello sería una tortura para ella.
Con ayuda de una guía que le habían dado en la administración, se dirigió a la primer clase del día… francés. Se adentró en el aula, maldiciendo para si misma notando que los pupitres eran de a dos y parecía que todos al verla se juntaban, sin dejarle lugar alguno. Se quedó parada, mirando aquellos rostros que la observaba, algunos con curiosidad, otros con superioridad y apenas otros con algo de compasión. La profesora fue la que la saludó cordialmente, preguntándole su nombre frente a la clase. —Freya Hyland.— Respondió sin demasiados ánimos. —¿Haz estudiado antes fracés?— Le preguntó la profesora y ella asintió. —Oui.— Respondió con perfecta entonación. No solo había estudiado el idioma, había estado en Francia con sus padres, en distintas ciudades. La profesora sonrió conforme y observó al resto de la clase, como si buscara algo. —El señor Rowling está solo, se ve que su eterno compañero no ha venido hoy. Puedes sentarte con él.— Le indicó, señalando con la barbilla al muchacho que había permanecido hablando con su compañero de atrás por lo bajo. Freya lo miró por unos segundos, no iba a negarlo, parecía un idiota. Suspiró, acercándose al pupitre mientras sentía las miradas sobre ella. Corrió el asiento que estaba a un lado del tal Rowling para sentarse cuando escuchó las risitas de los que eran sus amigos. La rubia no dudo en segundo en dedicarles una mirada asesina para finalmente sentarse y darles la espalda.
“Entonces en mi departamento será”. Afirmó el castaño dejando estirando ambas comisuras de sus labios reflejando una genuina sonrisa, sin atreverse a despegar esa profunda mirada de su ex-amada. “Vamos, te guiaré ahí sólo si prometes no matarme”. Bromea, guiñando un ojo, en su intento de inspirar cierta confianza. Todas esas memorias continuaban en su mente, repitiéndose una tras otra como si hubiese sido el mismísimo día de ayer. Sí, sabía que tendrían una laaaaaarga plática pendiente, no sabía cómo tomaría el hecho de que estuviese casi comprometido y en la espera de un bebé. Sin hablar más, optó por abrirse paso entre los árboles que por ahora rodeaban al par.
[Flashback]
Las constantes risas de sus amigos lo sacaron de sus pensamientos, interrumpiéndolos sin piedad alguna. Garabateando y dibujando rayones sin sentido en la parte trasera de su cuaderno no lograba concentrarse. Christoff era una persona realmente inteligente… Pero digamos que no le encantaba la idea de demostrárselo a la clase, siempre solían ser cueles con las personas “aplicadas”. Lanzando papeles, gritando groserías y constantes burlas. El joven tenía un buen atractivo, personalidad flexible y amigable con las personas que considera de su plena confianza, sólo guardaba un único defecto. Rowling era un completo imbécil. Una armoniosa voz captó su atención posando esa distraída mirada sobre la nueva estudiante, mentía si decía que no era atractiva; al menos para él lo era. A sus espaldas escuchaba como su grupo de amigos murmuraban, obviamente susurrando sobre ella. Él solo se limitó a sonreír, no a la chica; a las “indefensas” bromas que espetaban sus acompañantes. Para su máxima suerte uno de sus mejores amigos optó por esquivarse la tan indeseada clase de francés que tanto detestaba; huyendo con cualquier femenina dispuesta ceder de más. “El señor Rowling está solo, se ve que su eterno compañero no ha venido hoy. Puedes sentarte con él” ¿Qué? ¿Es en serio? Ni al mínimo segundo las constantes risillas provenientes de sus amigos se hicieron presentes, dejando fluir distintas bromas, tan obscenas y típicas de todo adolecente hormonal. Christoff simplemente se limitó a no decir nada, mirando de reojo a su nueva acompañante, intentando ignorar su presencia. Pero cada intento se transformaba en un caso fallido, cada vez más le resultaba imposible no dirigirle la mirada. Conservaba unos ojos realmente hermosos; te perdías en ese azul turquesa, simplemente inimaginable. Sin duda eran los más bellos e inigualables que jamás se había concedido la ventaja de contemplar.
El timbre sonó y toda la clase se dedicó a despegar de sus asientos volando hacía los pasillos mezclándose entre la gente de la preparatoria. Christoff sólo aguardó en su asiento golpeteando la pequeña pluma en la madera del pupitre. La presencia de un grupo de adolescentes lentamente rodeó al castaño que aún permanecía sentado en su lugar… Las burlas y miradas flotando sobre la rubia, parecía impenetrable como si nada de eso le importara.
El aula casi vacía lo incitó a levantarse, por fin dignándose a hablar. “Hey” anunció con la intención de captar la atención de su nueva acompañante “… Christoff, soy Christoff”. Extendió su mano presentándose directamente con la chica. Un tanto nervioso, pero intentando demostrar plena confianza y superioridad.
Preguntas.
Había pasado tiempo desde que la última vez que había tenido que realizar algunos trabajos para la Universidad, sobretodo cuando le pedían cosas relacionadas con la sociedad. Como siempre y como parte de sus proyectos, tuvo que inscribirse a uno de sus cursos para mejorar en la materia educativa, lo cual no le gustaba demasiado pero tenía que aceptarlo.
Para su novedad, resultaba ser una de esas preguntas relacionadas al amor “¿La vida sentimental afecta tu vida?”, Sí, tenia que realizar preguntas a los demás acerca de su vida amorosa aún cuando la suya no había ido tan bien últimamente. Por ende, caminó alrededor de los lugares de la ciudad de Detroit pero esta vez decidía que ninguna persona se le escaparía así que tan pronto pudo encontrar una figura humana, se acercó a la persona y le cuestionó — Hola ¿Cómo va tu día? — Fingió un tono de amabilidad mientras tomaba papeleo de su mochila para empezar con las encuestas — Te prometo que si me respondes estas preguntas puedo pagártelo pero claro, todo debe ser con sinceridad —
“Ehh… Claro, ¿Por qué no?”anunció el castaño cruzándose de brazos, reconociendo aquella grave voz de forma casi instantánea. “Veamos, ¿Preguntarás con cuantas me he acostado después de Charlie?” Menciona de forma rápida y directa, dibujando una sonrisa ladina en su pálido rostro. Dejando que un silencio incómodo se abalanzara sobre el lugar. “Sólo bromeo” Añadió de la nada, soltando una leve risa.
Se encontraba saliendo de la universidad cuando en eso chocó contra una persona, felizmente fue un choque leve y nada grave, al menos nadie se cayó pero ella de igual manera se sintió avergonzada porque simplemente no era como si fuera torpe ni mucho menos, sino que estaba pensando en otras cosas “Lo siento…”
“Hey, no hay cuidado” Respondió a las disculpas de la morena con cierta amabilidad. Habría mentido si dijera que ese repentino y breve choque no lo tomó desprevenido; definitivamente responder mensajes de texto no era eficiente en vía pública. “Simplemente no me percaté por dónde caminaba, tranquila.”
Los días transcurrían y notaba como mis reflejos mejoraban, sin contar mi fuerza y el torbellino de emociones que aún se mantenían a flor de piel. Trataba de aferrarme a mi pasado, a esa “tranquilidad” que tenía justo antes de que todo sucediera, pero parecía ser imposible. Y una manera de relajarme podría ser el actuar como si nada pasara.
Por ello, como era mi costumbre hasta hace dos semanas atrás, tomé mi arco y flechas, además de un par de pistolas con balas de acónito y me dirigí al bosque, la típica cazadora.
Una vez en las penumbras del lugar, llevando las pistolas enfundadas en mis caderas, flechas en la espalda y arco en mano, tan solo decidí que practicar un poco podría ser lo mejor. Por lo que tomé una flecha y sin pensarlo demasiado disparé a un tronco, dando justo en el centro. Suspiré, no había error ahora y eso podría ser una ventaja…
Complementando su rutina diaria de ejercicio no podía faltar el extenso y largo recorrido por el bosque, abriéndose paso y esquivando los frondosos pinos, contrastando a la perfección con la naturaleza, sin dejar atrás el notable frío; no importaba si la temperatura caía a menos cuarenta, sabía bien que era prácticamente imposible pescar resfriado alguno. Era completamente increíble la paz y tranquilidad fundidas con el fresco aire; Christoff siempre adoraba esa serenidad habitante.
Pero no duraría demasiado…
El estruendo de una flecha chocar con la madera del tronco definitivamente lo alertó; no estaba del todo solo. Dándose la media vuelta se encontró con la figura de una mujer con una notable y familiar escencia desprendiendo de sus poros, fácil de identificar. ❝¿No deberías estar olfateando cosas en vez de estar jugando con eso❞. Una pizca de diversión y humor se vieron presentes en su pregunta, sabía que la femenina era un licántropo gracias a su sexto e infalible sentido, era realmente inusual mirar a la gente de su especie con armamento perteneciente a un cazador, quien sabe, quizá la mujer era una excelente arquera.
My, my, you look peaky.
"I love you" never felt like any blessing, whispering like it's a secret only to condemn the one who hears it | Christoff & Freya
Una sonrisa apareció finalmente, casi sin poder evitarlo, al escuchar cómo mencionaba su nombre. No iba a mentir diciendo que ella seguía esperanzada de encontrarlo y volver a estar con él. Principalmente porque ya habían pasado muchos años, diez para ser exáctos… diez años en los que muchas cosas pasaron. Freya había vuelto, luego de que sus padres fueran asesinados, confundida, sin saber que hacer y en búsqueda de alguien en quien había confiado plenamente al menos durante un período de su adolescencia, que era lo mas cercano a un amigo, a un amor… porque eso había sido. Al no encontrarlo entendió que había estado manteniendo una vela encendida en su vida que ya se había apagado hacía tiempo, solo que ella no lo sabía.
Esa noche no estaba saliendo en cuanto a lo planeado. Definitivamente. Bajó la mirada apenas unos segundos al escuchar la forma en que lo decía. Habían sido niños, si… pero para Freya había sido el único tiempo en el que fue una muchacha normal, no la cazadora perfecta que sus padres habían hecho, no la maquina de matar en la que se había convertido… solo una chica. Pero no lo culpaba, él no sabía nada de aquello, tal vez no comprendía lo que ella había disfrutado de ese tiempo juntos. —Si… lo eramos. Y no te preocupes, creo que… ha sido una noche agitada.— Dijo suavemente, ya sin ese tono altanero. —Uhm… claro. Es decir… han pasado años. Creo que podríamos ponernos al día.— Dijo asintiendo suavemente y avanzando con tranquilidad, tratando de relajarse lo máximo posible. —Aún no conozco del todo este lugar… ¿sabes a donde ir?— Preguntó, observandolo ahora mas de cerca, notando las facciones que habían ido cambiando con la edad pero que aún recordaban a los años de adolescencia.
Por una extraña razón volver a escuchar su voz nuevamente le provocó ciertos escalofríos recorrerle el cuerpo ¿Cómo había sido posible olvidar ese tan característico y único acento? Sin duda los años le afectaron la memoria en sentido de resultarle casi imposible recordarlo. No se puede describir con exactitud lo que sentía en ese instante. Conmoción, ansiedad, desesperación, emoción; todas ellas fundiéndose internamente. No se le cruzó la idea de articular movimiento alguno, solo se quedaría ahí, parado en su lugar, frío, como una estatua sin despegar la mirada de ella. Capturando cada facción, definitivamente había parecido y definitivamente, era ella. Si bien dicen que el primer amor suele ser el único, el último; pero en ese caso no estaba seguro si esta frase encajaría en la situación. Admitía que, en su momento la amó, y demasiado. La amó de manera en que todas esas memorias se quedaron atascadas en su subconsciente, saliendo a la luz poco a poco. Perdido en sus pensamientos, su voz le sacó inmediatamente de ellos. Colocó cierta atención hacía sus palabras.
—Podríamos ir a mi departamento, uh, a menos de que prefieras otro lugar—. Sugirió su vivienda por el simple hecho de que ya el reloj ya marcaba horas tardías y la noche continuaba presente; junto con ella el notable y congelante frío acompañado de una suave pero muy helada brisa. —O podría llevarte a tu casa, tu dime—. Mostró completa disponibilidad ante lo que la rubia quisiese o necesitara, quizá era un impulso; un impulso completamente natural. No mentía que se encontraba sumamente ansioso por conocer que ha sido de su vida durante esos años, no cabe duda que eran miles de preguntas que abundaban en su cabeza desde el instante en que su nombre se filtró en sus labios.
2x10 Stills
"I love you" never felt like any blessing, whispering like it's a secret only to condemn the one who hears it | Christoff & Freya
El bajar las armas y su guardia le fue casi imposible de controlar, especialmente al notar como las facciones lobunas iban desapareciendo de aquel rostro mucho mas maduro y adulto del que recordaba. Freya sentía como si su corazón latiera con ganas de salirse de su pecho e irse corriendo a los años en los que sus padres aún vivían, en los que había logrado tener una vida normal durante varios meses seguidos, yendo a la secundaria y comenzando a salir con un muchacho de ojos celestes que de una forma u otra se le había metido debajo de su piel. Aquella afirmación simplemente la aturdió mas de lo que ya estaba, abriendo la boca para responder. ¿Realmente no la reconocía? Pero nada salió de ella, simplemente se limitó a escuchar lo que le decía con aquel tono irónico y fruncir el ceño cada vez mas. Tardó algunos segundos en procesar todo aquello, sintiendose una muchacha inexperta como lo había sido durante aquel tiempo. ¿Sería capaz de matarlo? No estaba segura, pero en esos momentos en los que no estaba segura de nada, era cuando su actitud centrada salía a relucir, tratandod e mantener la cabeza fría. —No me pagan por asesinar a nadie y tampoco me gusta clavar puñales por la espalda, siempre voy de frente.— Aclaró para dejar aquello por sentado. Guardó sus cuchillas, sin intenciones de hacerlo desconfíar. —¿Creés que tenía pensado encontrarme contigo aquí?— Le preguntó mirándolo fijamente y soltando una risa irónica para luego negar, respondiendose su propia pregunta en aquel gesto. —Aunque me hubiese gustado encontrarte hace unos años como prometiste, Chris.— Le dijo, usando el tono cariñoso con el que recordaba haberle dicho el diminutivo de su nombre durante bastante tiempo.
En ningún instante se atrevió a despegar la mirada de la femenina, no mencionó nada más por lo que solo se concentró en escuchar sus palabras sosteniendo una postura clara y firme sin mostrar algún tipo de expresión; aunque por dentro la curiosidad le consumía lentamente. Observó cada pequeño detalle de la cazadora, de pies a cabeza, sin perder cualquier facción que la luna pudiese iluminar, entrecerrando los ojos continuaba su indiscreta inspección. Todo con el propósito de poder recordar algo, ese aroma, ese acento, esos ojos. Podía escuchar como el corazón de su acompañante latía de manera rápida y fugaz, tanto que parecía como si fuese a estallar en cualquier instante, y fue ahí; había atravesado por tantos sucesos en su vida que se olvidó por completo de su primer amor. La primera chica con la que vivió cosas realmente inolvidables, dejando una huella en su corazón; pero vamos, estamos hablando de años atrás. Probablemente diez o quizá más. Su primer beso, su primera vez, absolutamente todo. Mentí si decía que no lo tomó por sorpresa, dejándolo helado. Una risa irónica se abalanzó sobre él, negando repetidas veces con la cabeza; vaya coincidencia.
—Freya… —. Reconoció a la oji azul finalmente, formando una sonrisa en su rostro, imposible de retener. —Éramos… Sólo niños —. Ajá, niños de 16 años. —Wow, yo… No sé exactamente que decir… —. Y era verdad, el castaño estaba completamente atónito, no era algo que esperaba para su noche. Tenía tantas preguntas por hacerle ¿Cómo es que se convirtió en una cazadora? ¿Qué ha pasado con ella durante diez largos años? Sólo se estaba incomodando a sí mismo, pasó de estar completamente furioso a un estado de estupidez y desprevención —… Creo que, el bosque no es un lugar muy cómodo para hablar —. Apuntó —Digo… Si es que quieres hablar, claro —. Guardó silencio esperando su respuesta, sí, le resultaba un tanto incómodo toda esta posición. Sin dejar de lado su promesa jamás cumplida pero esperaba poder discutir sobre eso con ella, ya más en confianza.
Una vez que entró en la casa, se detuvo en el hall mientras optaba en pensar cómo realmente se sentía. A fin de cuentas era su hermano y no había dejado de causarle problemas, pero es que él jamás le dijo que necesitara protección. Iba a encaminarse a su cuarto cuando de nuevo, la figura de su hermano apareció para quebrar sus pensamientos. Todo aquello era tan familiar que acababa por ponerlo enfermo. —Hablas como Adam.—Respondió neutral. Así era, su padre fue la primera persona que se rindió en él, en una conversación casi tan idéntica como la que estaba teniendo con su hermano mayor.—Creo que te has equivocado de gemelo.—Mencionó, desvelando al gran fantasma que lo había perseguido durante los diecinueve años de su vida. Arqueó las cejas ante su ultima pregunta y, no dispuesto a responder, marcho directamente a su cuarto.
Allí dejó todo el equipaje sobre la cama de cualquier manera. No podía creerlo. Otra vez la misma historia. No podía depender de su familia, si todo aquello significaba marcharse a cualquier parte, lo haría. Pero no podía dejar la cosa así. Salió de la estancia para volver a encontrarse con Chris, sus ojos se colocaron en los claros de él. Tomó una honda respiración, dispuesto a hablar.—Soy Dylan Rowling. Lo peor que ha conocido jamás ese apellido. Me he pegado en la escuela desde que tengo memoria y me han echado tantas veces que la única razón por la que seguía en ese centro era porque tu hermano Ian subía positivamente todas sus putas estadísticas educativas. Los años que estuve allí, le hice la vida imposible. ¿Y sabes qué decía cada vez que le partía esa cara de idiota? Que no había sido yo.—Se detuvo mientras dejaba escapar una leve risa a pesar de que la historia no le parecía en absoluto divertida.—Cuando Adam me dijo que no iba a seguir intentándolo conmigo, dejé los estudios, encontré trabajo y solamente utilizaba aquella casa para dormir.—Habló con el ceño algo fruncido para añadirle seriedad a sus palabras.—No necesito nada de ti, sé salir adelante solo. Júzgame, regáñame, piensa que soy un idiota, un inmaduro o lo que te dé la gana, pero no pienso volver a Nueva York.
Una vez más, Dylan lo había dejado con la estúpida palabra en la boca; y ahí quedó absolutamente todo. No intentaría nada más, porque todo este tiempo lo pasó preocupándose por él, desde el día en que Elliot le mordió lo único en lo que se mantuvo centrado, era en que no sufriera, apoyarlo en el nuevo estilo de vida que por ahora parecía no molestarle en lo absoluto. La comparación realizada por el gemelo casi lo lleva al borde del enojo. Él no era su padre, pero en cierta forma, si se hace referencia en la forma de hablar no lo culpaba del todo, el niño le sacaba de quicio.
Tomando una larga bocanada de aire, tomó su abrigo dispuesto a salir de casa; al departamento de Elliot o al de Grace, cualquier lugar menos ese. No esperó ni un segundo, abriéndose paso a la puerta, girando la perrila dispuesto a salir del lugar. Sin embargo, la presencia de Dylan a sus espalas lo detuvo en seco, obligándolo a darse la media vuelta y encararlo. Todas sus palabras se dispararon como balas para Christoff, mismas que estaría dispuesto a esquivar, solo así terminando con todo este estúpido alboroto. Bajó su mirada, acercándose al varón y al mismo tiempo cruzándose de brazos, retándolo. —¿Por qué mierda crees que estás aquí Dylan? —. Preguntó sosteniendo esa mirada seria fundida con un tono firme y seco. —¡Contéstame!—. Replicó, sintiendo como esa ira guardada por demasiado tiempo se iba desvelando poco a poco. Se dio la media vuelta procesando las palabras que estarían por salir de su boca, haciendo lo posible por conservar tacto y fluidez en ellas. En un movimiento rápido y fugaz se situó frente a él. Soltando un largo suspiro, colocó una mano sobre la cíen de su cabeza dando un leve masaje. —Eres la única familia que me queda, Dylan. Te traje aquí porque de cierta manera, aunque no tengamos una relación del todo agradable, te siento como mi hermano. He visto tantas personas irse de mis manos, las personas que más he amado y más me han importado se han ido, pero tú estás aquí—. Debutó que quizá hablando de esa manera le haría entender las cosas, más sabía que con Dylan las sorpresas eran infinitas. —Vi como el cáncer consumía lentamente a nuestra madre, vi como cortaban a Lucas a la mitad y no quiero que suceda lo mismo contigo—. Cerró los ojos, dejando que las horrendas memorias se repitieran una y otra vez. Negó lentamente con la cabeza, sentándose sobre el sofá, apoyando ambos codos sobre sus rodillas —Cuando tenía diez años los gritos y sollozos de tu madre me despertaron una mañana; de no haber sido por eso me habría guardado unas horas más de sueño—. Comentó dejando escapar un suspiro en lo que parecía una falsa risa. —Me levanté, siguiendo aquellos lloriqueos que parecían no terminar nunca. La encontré en tu cuarto, arrodillada con un pequeño mameluco azúl; No sé si era tuyo o de Ian, la verdad ambos eran, y son, completamente idénticos. Preguntarás ¿Cómo es que lo recuerdo tan bien?... Ver a tu madre sufrir es lo peor—. Abrió una parte de él, compartiendo memorias que ni su más íntimo amigo, Elliot, conocía.—Ese día ya no estabas, ni tú, ni Ian y mucho menos Adam. Los tomó a ambos, abandonándonos a los tres. Mamá cayó en depresión, a Lucas y a mí nos costó tanto sacarla de ese obscuro hoyo, pero lo logramos. Siento tan solo unos estúpidos e ingenuos niños—. Se levantó, cogiendo su abrigo del sofá; dirigiéndose a la puerta. —Los perdí, y no quiero perderte. Deberás estar confundido y preguntándote ¿Por qué mierda hablas de nuestra madre? En realidad, no sé lo que piensas o si te importa. Sólo he intentado ayudarte y tú nunca lo permitiste, he intentado brindarte todo mi puto apoyo y lo único que haces es tirarlo a la basura. ¿Sabes algo? Las personas no se van a detener a luchar por ti si tú jamás no das nada a cambio. Si no me necesitas, está perfecto. Quédate aquí, si tanto fácil puedes vértelas en la vida ¡Adelante! No te voy a detener—. A ese punto no estaba enojado, ni siquiera en un papel de sensibilidad
Shot at the Night {Grastoff}
Asintió. Sintió unas ganas enormes de abrir los ojos y ver a dónde se dirigían. Su comentario sólo la había emocionado más de lo que ya estaba sin embargo continuó así. Lo último que haría era arruinar la sorpresa para ambos aunque le costara mucho trabajo. El camino era pesado, vaya que sí lo era pero en el fondo sabía que valdría la pena. Cada segundo que pasaba a su lado valía la pena. — Me cuesta mucho trabajo. Y más cuando tú lo dices. — continuó sonriendo. Al estar junto a él su sonrisa era difícil de disimular.—¿Ya? —Preguntó por última vez más por broma que por cualquier otra cosa.
Lo sé, amor, lo sé. — respondió consciente de que aquello era cierto y que confiaba plenamente en él. Siguió caminando sin dudar un segundo, trataba de regular su respiración porque sabía que él escuchaba sus latidos. Se concentró en el crujir de las pequeñas ramas bajo sus pies, tenía que concentrarse en cualquier cosa ya que él ponía sus nervios a flor de piel. Su simple presencia lograba eso en ella. El detenerse de pronto la sorprendió pero lentamente abrió los ojos. Una sonrisa aún más grande apareció en sus labios. Estar en esa cabaña a solas con él era importante para ella y seguramente para él también. Apretó suavemente sus manos cuando sintió el suave tacto de la mano de su novio en su vientre ya abultado mientras sentía como sus ojos se convertían acuosos por la sorpresa. —Definitivamente nunca habría pensado en que estaríamos aquí de nuevo. — su voz se volvió más temblorosa, y sin pensarlo giró sobre sí misma para poder verlo a los ojos. —Gracias, amor. — susurró cerca de sus labios para después terminar con la poca distancia que los separaba. Pasaron unos segundos cuando lo tomó de la mano y con emoción subió los escalones. —¿Y si… y si de la nada empieza a nevar y terminamos aquí atrapados? — preguntó antes de girar la perilla de la puerta, al sentir como giraba bajo su mano empujó la puerta y observó el interior, no le molestaría pasar unos días con él en ese lugar.
No tardó ni un mínimo instante en corresponder aquel beso que la castaña posó sobre sus labios, —Por nada, cielo—. Comentó rosando sus ya húmedos labios junto con los de la druida. —Sabía que te gustaría—. Añadió, con una sonrisa triunfante —Ya tenía todo preparado desde hace días—. Continuaría hablando pero se vio inesperadamente interrumpido por la ilustre emoción de novia, quien se encargó de guiarlo hasta la entrada de la gran cabaña en la que pasarían un tiempo juntos. —En ese caso tendríamos que quedarnos para siempre—. Bromeó entrelazando ambos dedos, sosteniendo su mano con duma delicadeza. —No me molestaría eso, ¿A ti? —. Inquiere plantando un pequeño beso en su mejilla, un poco ansioso por entrar.
Observó como la puerta lentamente se abría, mostrando las sombras y siluetas de los muebles gracias a la poca luz iluminando en el cielo, dejó que su novia se abriera paso absoluto en la habitación para ir detrás de ella, encendiendo la luz; dando a conocer la lujosa, rústica pero muy acogedora sala. Por detrás se ubicaba una gran ventana, descubriendo los altos pinos y naturaleza tras esta, una vista increíblemente hermosa. —¿Qué opinas? —. Inquirió un tanto expectante por la reacción de la morena. No sabía si era exactamente lo que ella esperaba pero al menos el ambiente era cálido y un tanto familiar; protector y agradable. Besó fugazmente su mejilla dirigiéndose hacia la cocina, misma cual estaba situada exactamente a lado de la sala con la enorme chimenea. —Y por aquí está la cocina—. Mencionó al aire esperando a que su novia lo siguiese, abrió el enorme refrigerador dando a conocer montones y montones de refrigerados en esta —Creo que podemos sobrevivir con esto una semana entera, considerando que la comida ahora es para tres—. Habla mientras se inclina para dar un vistazo más profundo a la nevera. Finalmente se pone de pie cerrando la misma para abrirse paso a su novia, envolviéndola en un genuino y tierno abrazo —Todo esto es para ti, para nosotros—. Murmura ligeramente en su oído —Te amo, Grace—. Concluye, y felizmente se inclina hacia la castaña, depositando un lento pero muy apasionado beso en sus labios.
—Creeme que lo sé, también nos dan más trabajo del normal a nosotros.—Mencionó sintiendo levemente al tiempo que caminaba al ritmo de Chris. Una vez que entraron dentro del bloque, se dirigió al ascensor que los llevaría a la planta deseada. —Así me gusta. Tendré que hacerle una visita dentro de poco para que me cuente las quejas que tiene de ti.—Habló sonriente adentrándose en el ascensor y seleccionando el piso después.—Aprovéchalo al máximo.—Comentó sin poder evitar dejar escapar una risa.—Está completamente inmersa en todo el asunto de la boda, quiere que todo sea perfecto… pero supongo que es normal.—Contestó, pues todos los preparativos estaban saliendo prácticamente de Alessia.—¿Crees que seré buen marido? Sólo espero no convertirme en el típico viejo sentado en el sofá vendo el fútbol veinticuatro horas.—Concluyó una vez que llegaron a la planta y abrió la puerta del departamento entrando en él.
—Así suelen ser estas temporadas…— Añadió soltando un largo suspiro haciendo referencia al trabajo del par. —No creo que tenga quejas, lo único que he hecho para ella en todo este tiempo es comprarle fresas con crema, fresas con crema, chocolates y fresas con crema. Oh por cierto ¿Ya te mencioné que le encantan las fresas con crema?—. Bromeó dejando que una pequeña risita saliese de sus labios. —Comprendo, bueno, solo espero que Grace no sea tan indecisa en cualquier aspecto, pero debo suponer que así son las mujeres—. Menciona al aire —Hmmm ¿Quieres que te sea sincero? —. Lo mira encarnando una ceja adentrándose en el departamento del alfa —Sólo bromeo Elliot, estoy seguro que serás una excelente esposo—. Pronuncia al dejar los regalos en el comedor, sentándose después en el sofá —… Y yo espero ser un excelente padre—. Se susurra para sí mismo jugando con sus dedos, un tanto ansioso.
The Kanima Master | Christoff & Carter
— Aunque si me dejas tomarme el atrevimiento — Rascó su nuca mientras pensaba dos veces lo que iba a decir — Físicamente estuviste cerca de la perfección — Bromeó, lo cual podía notarse en su risa emitida mientras esperaba reírse aún más por la reacción que le otro podía tomar pero era algo que Carter no podía callar más.
Tenía que admitirlo, Grace y Christoff hacían una pareja demasiado bella que le gustaría que se concretara su relación a algo mas formal, aunque quizá su trabajo como doctor se lo impidiera — Grace es hermosa, podría quererla con solo verla por lo tanto, te pido que la cuides, hay pocas mujeres hermosas con dulzura pero sobretodo, con tanto amor a su pareja — Recordó ese día en el que se enteró de Christoff, y por ende le había escogido como su Master, estando mas que seguro que había tomado una buena decisión, pero aun así, se sentía incapaz de resolver las dudas que le surgieran al otro, pues seguía siendo un novato en esas cosas — Creo que fue un lobo, aunque eso es lógico, pero desconozco que tipo de lobo sea — Negó con la cabeza tratando de recordar algún dato característico, lo cual pudo concretar al escuchar el comentario sobre sus ojos — ¡Eso! — Chasqueó con sus dedos mientras se detuvo a observar a Christoff — Sus ojos eran amarillos o dorados y su complexión no era masculina —
—Uhh… Bueno ¿Gracias? —. Comentó frunciendo el ceño, guiándole una mirada completamente divertida, la broma en ese momento era más que notable. Sabía que sus palabras eran más que ciertas, obviamente no se tomaría la descarada idea de perderla, no de nuevo, porque el amor que le tenía era profundo e irremplazable. —De eso estoy completamente seguro, es la mujer más noble y hermosa—. Pronunció haciendo referencia a su novia. —Pero aléjate, es mía—. Advirtió señalando al kanima conservando esa sonrisa divertida en su rostro, por más que sonase como una broma existía una mínima pisca de verdad, sí, Christoff era una persona excesivamente celosa y sobreprotectora, pero es parte de su personalidad y algo que le es inevitable cambiar.
—Probablemente haya sido un Omega, quizá un Alfa ¿Seguro que sus ojos eran realmente azules o amarillos? —. Cuestionó como si fuese un experto en todo esos temas, bueno, por lo menos tener a una druida como novia era bastante útil, pues las pláticas con su amada siempre solían ser interesantes en ese aspecto. —¿Seguro que no quieres contarme más sobre la vez que… ya sabes, te mordieron? —. Preguntó con tacto, pues quizá ese no haya sido un muy bonito recuerdo para la criatura. Pero ahora era su amo, quería y necesitaba saber.
"I love you" never felt like any blessing, whispering like it's a secret only to condemn the one who hears it | Christoff & Freya
Los gruñidos del hombre lobo no la intimidaron en lo más mínimo. Mientras estaba aún lejos le sonrió. —¿Y quién te dice que no tengo un código? ¿Cómo sabes que ese omega era inocente?— Le espetó alzando las cejas. Sabía de antemano aquel corte no le haría demasiado, solo quería ganar tiempo y espacio. Se encogió de hombros al escuchar su estúpida pregunta, a Freya no le importaba en lo mas mínimo por lo que estaba allí, pero ya que parecía estar pidiendo a gritos que acabara con su miserable vida, iba a hacerle el favor.
Como siempre, los movimientos de los hombre lobos eran rápidos y precisos, no se trataba de ningún inexperto. La rubia apretó los dientes al verse acorralada y suprimió el dolor en la cabeza que le había dado aquel empujón. Sostenida por él, no demoró en darle una patada en su estomago, haciendolo retroceder para afianzar el agarre de la cuchillas y avanzar rápidamente hacía él con la intención de clavarle ambos cuchillos en la garganta. Las garras del hombre lobo detuvieron sus manos, impidiendo que pudiera avanzar. Fue en ese momento, en el que ambos rostros estaban mas cerca que antes, un rostro lobuno que tenía aún ciertas características que la llevaban al pasado. Su ceño se frunció, dejando de hacer fuerza durante unos momentos. —¿Christoff?— Murmuró, soltándose del agarre y retrocediendo unos pasos mientras lo observaba fijamente. ¿Era posible que fuera él? ¿Desde cuando era un hombre lobo?
De no ser por el simple motivo de que la rubia hubiese pronunciado su nombre jamás habría reconocido las facciones de la cazadora, momentáneamente dejó que el celeste de sus ojos se apagara dejando en su lugar el claro azul original que conservaba. Todos los rasgos animales que en un susodicho instante mantenía consigo se vieron remplazados con la total humanidad del licántropo. No se atrevió a romper aquel contacto visual, lo sostenía sin querer que desapareciera. Sentía confusión, y una enorme ráfaga de escalofríos recorrerle el cuerpo, por ahora no tenía ni la más remota de quién era aquella fría asesina de ojos azules, increíblemente hermosos. Asintió frunciendo levemente el ceño —S-sí… Es decir soy Christoff pero… ¿Cómo sabes mi nombre?—. Hizo lo posible por ponerse de pie encarando a la femenina, soltando una risa notablemente fingida —No lo entiendo—. Enfatizó —Un momento estabas a punto de matarme, ahora de la nada conoces mi nombre y…—. Rodó los ojos —Oh ahora entiendo, ¿Quién diablos te contrató para asesinarme? —. “Nunca confíes en un cazador” recita las palabras de su difunto alfa, Frank. —Supongo que ahora me dejarás ir, y me apuñalarás ese cuchillo por la espalda, buen truco—. Comentó sarcásticamente, algo en el fondo le decía que detrás de esa atractiva e inhumana cazadora existía alguien más, alguien con quien había compartido un vínculo más que cercano.