“Best Friends Forever”
Gracias por estar conmigo en los mejores momentos y ¿Adivina qué?…. ¡Ya soy padre! Al fin tendré un pequeño lobo en casa, eres tía y sin duda serás la mejor.
Novio y Madrina.
Créditos al creador de la foto
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An Inusual Family || Grace & Ashton
La llegada a la ciudad había resultado bastante diferente a lo que pensaba, pero una de las cosas que más quería ver era a su amiga, había pasado tiempo entre la distancia, pocos recuerdos quedaban juntos, creía que la última vez que se habían visto fue cuando se enteró de su embarazo, a partir de ahí su relación se había distorsionado, opacado por los problemas de los dos pero a la vez, el profesor la necesitaba cada día más, ¿Cómo era posible que se hubieran dejado el uno del otro por simples motivos personales? Él había sido testigo del primer síntoma de embarazo, aquella de la ruptura con Nick, él había formado parte de la relación con Christoff en una mínima parte, ella había logrado ver un poco los inicios de su relación con el pastelero pero como todo llegaba, a veces se esfumaba, un día Ashton y Grace habían dejado de hablarse para enfocarse en sus vidas.
Había logrado ver a la castaña en el viaje disfrutando de su embarazo con algunas personas, el maestro siempre sonreía cuando le veía, lucía bella y se lamentaba de que el padre no pudiera ver a su hija crecer pero a la vez entendía que se había mudado a otro lugar para darle una vida mejor, de cierta manera le había otorgado un poco de responsabilidad, quizá no se lo había pedido directamente pero Winston lo entendía, era algo que no necesitaba ser pedido, bastaban con actos para poder ser llevados a cabos, una segunda oportunidad podía llegar a su vida y no la desaprovecharía, retomaría su amistad con Richards, su única amiga, la que no le juzgaba por ser un licántropo, quién le abrió las puertas cuando nadie más lo hizo, ella llevaba una vida en Detroit cuando llegó al lugar y aun así se convirtieron en algo inseparable, con ella solo gozaba de la libertad de poder hablar formalmente de los hombres, poder quejarse con ellos, era su pañuelo de lágrimas, sin duda era la hermana que nunca tuvo y que siempre había pedido ¿Quería deshacerse de algo como eso? No, por eso no perdería el tiempo y regresaría con ella, a cumplir lo de antes: Ser amigos para la eternidad.
Al arribar a la ciudad, se había percatado que tenía muchos asuntos que resolver, rendir cuentas a la Universidad, arreglar asuntos pendientes de pareja pero además, cumplir con un objetivo que era recuperar a su hermana, así que no perdería el tiempo y dejando el hospital por un tiempo, no dudó en visitar alguna tienda para poder sorprenderla al visitarla. Cómo eran los gustos de Winston, no dudó en visitar una tienda exclusiva donde pudiera comprar toda clase de juguetes para un bebé, desde pequeños muñecos de peluche hasta algún par de ropa, todo aquello le hacía la mayor ilusión, era como comprar cosas para el bebé que siempre había deseado, en este caso sería como el tío para la bebé pero aun así se sentía feliz porque a pesar de todo eso, eran el uno para el otro. No olvidando a su madre, compró un poco de prendas, la conocía a la perfección y aunque quizá su variación de peso sería notorio, estaba seguro que la recuperaría porque ella cuidaba mucho su peso, al menos eso creía pues lucia radiante, habiendo más mujeres en Detroit, para Ashton siempre sería la más bella de todas.
Recordaba la dirección como la palma de su mano, lo había hecho antes pero ahora, era más especial, sería una visita sorpresa, sin avisar y estaba seguro que todo saldría bien porque con Grace Richards todo era bueno, además había escuchado los rumores acerca de su manada, no quería dejarla sola, no la dejaría ahora que los momentos eran difíciles, no sólo para ella, para ambos se venían cosas duras de sobrellevar pero si ambos se unían, serían los más grandes. Arregla su ropa como de costumbre aunque estaba seguro que no necesitaba formalidades cuando estaba frente a ella, por eso solo toma los regalos y se dispone a caminar hacia su puerta, emocionado por el rencuentro.
El sonar de la puerta se hace posible, lo peor que podría suceder era que no se encontrara en ese momento pero una parte de él le decía que todo estaba bien, así que su esperanza sigue viva cuando escucha el abrir de una puerta, por eso pone un oso de peluche sobre su rostro y menciona — ¿Se encuentra la mujer más bella de este Universo y con la que me casaría si no fuera homosexual? — Una risa es escuchada mientras continua con aquél juego — El tío Ashton ha llegado a ver su pequeña niña y a su madre a protegerlas ante todo lobo feroz — Entonces sonríe ante la mujer que tenía enfrente, la creía muy fuerte por soportar tanto — Te extrañé mucho —
Desde su llegada a Detroit tenía bastantes cosas pendientes por hacer, visitar a varias personas importantes para ella así como también tenía que investigar algún rastro que pudiera darle señales de su manada, por muy pequeña que fuese. Pero antes de hacer todo eso, inició con la limpieza de su departamento. Había estado abandonado durante meses y las motas de polvo se notaban a simple vista y era obvio que no tendría a bebé en esas condiciones.
Abrió todas las ventanas y todas sus habitaciones se iluminaron con los rayos que el sol diariamente les regala. Comenzó con el quehacer, teniendo en cuenta que no podía hacer revolotear el polvo para evitarle alguna reacción alérgica a la pequeña Amber. Inició con todos los muebles, cada uno de ellos se vio limpio y luego prosiguió con lo demás. Le tomó horas, las mismas horas en las que la infanta estuvo dormida, como si supiera que su madre estaba ocupada limpiando el lugar para ella.
Al estar todo limpio, Grace tomó una ducha bien merecida, si iba a cocinar quería hacerlo limpia y no llena de polvo y suciedad acumulada en su hogar durante su ausencia. Después bañó a la pequeña cuando estuvo por fin despierta, la arregló con un lindo conjunto rosa con blanco y su cabello lo adornó con un pequeño moño que combinaba con su atuendo. Cuando ya era pasada del medio día comenzó a cocinar, si bien no tenía hambre el olor que iba llenando todo el lugar despertó su apetito. Tenía mucho tiempo sin comer pollo con champiñones acompañado de arroz verde y ahora que tenía la oportunidad de cocinar estaba aprovechando.
Dejó todo listo para cuando se sentara a comer ya que tenía que alimentar primero a su pequeña, para su fortuna era bien portada, pero sospechaba que cuando fuese creciendo tendría su carácter parecido a su papá. Con sólo pensarlo una sonrisa se dibujó en su rostro. Amber le dará dolores de cabeza a su papá. Terminó de alimentar a la pequeña cuando escuchó que alguien llamaba a su puerta. —No ordenamos pizza ¿o si mi amor? —preguntó a su bebé y la pequeña se limitó a esbozar una tierna sonrisa mientras movía ambos brazos y piernas. —Veré quien es ¿sí? — Dejó al bebé en el porta bebé. —Voy. —alzó un poco la voz para anuncias que ya iba. No sabía a quién podía esperar, muy pocas personas sabían de su llegada por lo que no esperaba visitas. En cuanto abrió la puerta se llevó una grata sorpresa, del otro estaba su mejor amigo. Esbozó una gran sonrisa con sólo saber que por fin lo vería. Comenzó a reír mientras escuchaba sus bromas y pronto sus ojos se volvieron acuosos. Lo había extrañado mucho y no le quedaba ninguna duda. —¡Ashton! —exclamó y sin demorarse más lo abrazó. —Te extrañé mucho. —su voz se quebró por la alegría que sentía en ese momento. —No tenías porque molestarte. —le hizo saber cuando lo vio con varios regalos a su lado. —Pasa, pasa. —lo invitó a pasar, era una suerte que hubiese cocinado. Ya sabía cocinar, tenía suerte de que Chris le haya enseñado en Europa.
Lo guió a pasar y cuando cerró la puerta se dirigió a su bebé. — Mira mi amor, tienes visitas. — Tomó a Ashton de la mano y lo guió hasta dónde se encontraba la pequeña. —Mira Amber, él es tu tío Ashton. —le habló a la bebé aunque todavía no era consciente de todas las cosas que sucedían. Pronto miró a Ashton. — Se llama Amber. ¿Quieres cargarla? —preguntó con una gran sonrisa llena de felicidad
— No digo que no, solo digo, que es raro una madre tan joven y sola, con tantos reportes de asesinatos animales en la ciudad, uno pensaría que las madres son mas cuidadosas — Hablo mirando a la bebe — Es linda, se parece a ti, ¿cuanto tiene? — Pregunto curioso sonriendo a la niña la cual o estaba dormida o mirando otra cosa, no podía ver sus ojos por completo — Soy Darren y , como medico, se nota sana, por eso debería preocuparte que ese animal venga por ella —
Creo que sea tan raro, he visto a más madres paseando con sus bebés a lo largo del día, además, no estoy en el bosque. —explicó, algo en su rostro le era un tanto familiar, sin embargo no sabía que era. —Estoy consciente de esos reportes pero te aseguro que me se cuidar muy bien. —no estaba segura si sus palabras tenían un significado oculto, pero de podía protegerse sí podía. Sabía bien como. —Gracias. —miró brevemente a su bebé con una sonrisa y luego lo miró de nuevo. —Tres meses. —añadió. —Mucho gusto Darren, soy Grace. —extendió su mano derecha hacia él. —¿Eres medico? Bueno, gracias, eso es lo que nos han dicho en las revisiones de rutina.
Pasear por el parque de Detroit era agradable. La brisa primaveral iba bien para despejar su mente. Para hacerle pensar. Para obligarse a concentrarse en lo que de verdad importaba. Largo tiempo había pasado desde que no actualizaba su bestiario y pensó que debía de rellenar algunos datos extra sobre la luna de sangre pues había vivido una en toda su esplendor. E cazador arrastraba los pies mientras buscaba un sitio libre con la mirada. Normalmente se encerraba en edificios solitarios pero esta vez se había decantado por un lugar al aire libre… Quizás era otro cambio en su vida. Otro más.
Visualizó una banca a lo lejos. Aún le quedaba un tramo para llegar pero se dirigió allí de todos modos… No obstante una joven con una carriola se le adelantó y se sentó antes que él colocando una pañalera también a su lado. Debería de haberse detenido. Debería haber dado media vuelta y buscar otro lugar libre. Otro banco en aquel gran parque. Pero sin embargo siguió avanzando con pasos lentos hacia aquella dirección.
Paró y observó a la pequeña que había dentro del cochecito. No era un bebé muy grande… Debía de tener unos pocos meses -aunque no era muy experto pues nunca había estado tan cerca de uno la verdad. Dormía plácidamente. Debía de ser niña porque llevaba puesto un vestido de color rosa que le iba de maravilla. Una sonrisa amplia cruzó su expresión. Tierna ante tal imagen. Se veía tan pequeña… Y frágil… Y maravillosa en cierta manera. Quizás en un futuro…
Salió de su ensoñación cuando la madre le habló. Al parecer había creído que deseaba sentarse y estaba ocupando más sitio del debido. La verdad era que hasta ahora no había reparado en su presencia. -No te preocupes. Ya no tenía intención de ocupar la banca así que se quedó allí de pie junto a la carriola. -Es preciosa. Dijo, sacudiendo la cabeza en dirección al bebé. -¿Es tuya? ¿Cuánto tiempo tiene? Preguntó con curiosidad.
Asintió un par de veces aliviada de que en cierta manera no le estaba quitando espacio, sin embargo acomodó todo por si más adelante pensaba en descansar un rato. —Gracias. —para ella era preciosa porque obviamente las madres siempre opinaban eso sobre sus hijos. Alzó la vista y examinó el rostro del hombre. —Si, apenas tiene tres meses. —explicó que contaba con unos tres escasos meses de vida. —Se llama Amber. —añadió al mirar de nuevo a su bebé con ternura. Luego alzó la vista de nuevo. —Mucho gusto, soy Grace. —extendió su mano derecha hacia el varón con la intención de presentarse con él. Había estado ausente durante varios meses y antes de que cumpliera los nueves meses de embarazo dejó de frecuentar mucho las calles, así que ahora habían personas que desconocía.
Iba haciendo su rutina de ejercicios, como solía hacer, ejercitarse y correr por el parque hasta que vio a Grace, hace tiempo que la vio y ahora tenía un bebe con ella, se acercó y al parecer no estaba bien o eso parecía —No te preocupes ¿Es tuyo? Por que se parece mucho a ti, es muy linda— Comento sonriendo amablemente y viendo a Grace —Supongo no me incumbe pero ¿Te encuentras bien?
La voz de Aris le fue inconfundible, a pesar de no haberlo visto durante meses le fue fácil reconocerla. —Sí. —respondió con una suave sonrisa. — Gracias, me han dicho que se parece más con Chris. —rió por lo bajo. —Pero sí es hermosa, no importa con quien de los dos se parezca. —alzó la mirada y vio directamente sin que la luz del sol lastimara su vista. Asintió un par de veces. —No es nada, ya pasará. ¿Tú cómo estás? Tenía mucho tiempo sin verte. —preguntó, en verdad habían pasado meses y le daba gusto verlo bien.
Desde aquel fatídico accidente Adara volvió sintiéndose extraña, con cierta preocupación dentro de ella, y con mucho temor, temor por volver a sentir lo que había sentido en esos días infernales, habían estado tan solo unas cuantas semanas, pero que dentro de esa isla parecieron una eternidad.
El día paso lentamente, en la universidad la mayoría de personas se habían enterado de lo sucedido con el avión, muchos de sus compañeros y profesores repetían siempre las mismas palabras ,“Nos alegra que estés bien”, ella respondía tan solo con una débil sonrisa, con una vago gracias que trataba que suene lo suficientemente convincente, sin embargo nadie sabia todo lo que sucedía dentro de ella, ni como la anoche y las pesadillas la empezaban a atormentar nuevamente.
Sus clases terminaron y ella tan solo quería despejar su mente, pasar un grato momento en la tranquilidad que no sea de su hogar, tuvo la mejor idea de ir al parque, este era grande, con un pequeño lago al medio y arboles llenos de hojas, aunque algunos parecían estar sin estas. Caminaba lentamente mirando a su alrededor, iba a pasar por una de las bancas pero al ver a la niña dentro de la carriola se detuvo — No te preocupes — dijo suavemente tratando de no despertar el sueño de la infante — ¿Es tuya? — pregunto tomando asiento al costado de la joven mujer.
Sonrió como respuesta, agradecía el gesto de la castaña cuando moduló su voz, se notaba cuando las personas lo hacían para no perturbar el sueño de un infante. —Sí, es mi hija. —respondió con todo el orgullo posible. —se llama Amber. — le explicó a la castaña, su rostro le era conocido sin embargo no recordaba si ya la había conocido o no. Por más que se esforzaba no llegaba a ningún nombre en específico. —Apenas tiene tres meses. —añadió con dulzura sin despegar la mirada de su bebé. — Me llamo Grace. —finalmente se presentó pues no dio con el nombre de la castaña por más veces que lo intentó, y si ella no recordaba su nombre era muy probable que la joven también desconociera el suyo.
- Oh no, no me iba a sentar-. Respondió a la chica. Sonrió en cuanto vió al bebé. Siempre le habían dado ternura y mucho más una niña tan bonita como aquella -Es realmente bonita-. Le dijo a la morena del banco posando su vista en ella por primera vez. En seguida notó la infelicidad en la chica. De verdad no quería deirle nada porque no la conocía de nada, pero en seguida se sentó en el sitio que la mujer había dejado -Se que no me incumbe, p-porque no nos conocemos pero… ¿está bien?-. Le preguntó, girando su cabeza para verle a la cara. Temía por su respuesta. Pero no quería dejarla allá sola. Aunque no la conociera.
Está bien entonces. —respondió luego de escucharla, por lo menos no le había quitado su espacio aunque de todas maneras dejó libre una parte de la banca. —Gracias, —agradeció sinceramente, había escuchado que las madres consideraban a sus bebés como las hermosos pero era cierto, ella consideraba hermosa a Amber. —No hay problema. — respondió, ¿cómo podía enojarse si estaba preguntando por ella? — Estoy bien, gracias por preguntar. Ya se me pasará. —aseguró con una pequeña sonrisa, lo que menos quería era acongojar a los demás. —Por cierto, soy Grace. —extendió su mano hacia ella para presentarse formalmente con la joven. —Mucho gusto.
Las últimas semana habían sido difíciles para Grace, no sabía absolutamente nada su manada y ahora que se encontraba de regreso en Detroit no había rastro de ellos. La última noticia que obtuvo por parte de su alfa la seguía manteniendo despierta por las noches. La manda había sido atacada y no tenía noticia de ellos. Se sentía culpable e impotente por no haber estado con ellos, sin embargo se aferraba a la idea de que todavía tenía una manada. Porque la simple idea de que ya no estuvieran le aterraba.
Con sumo cuidado bañó y arregló a su bebé de apenas tres meses de edad. La pequeña vestía con un lindo vestido rosa que Chris le había comprado mientras estaban en Europa, no es porque fuese su hija pero realmente lucía hermosa. Terminó por preparar su pañalera y acomodó a la pequeña Amber en su carriola para llevar al parque por primera vez. Tenía meses sin haber estado allí pero todo seguía exactamente como lo recordaba. Tenía muchas cosas en mente por hacer, en primer lugar buscaría a su hermano, estaba de vuelta con su sobrina y ni siquiera había tenido la oportunidad de avisarle. Después de pasear a su bebé en el parque guió la carriola hacia la primera banca disponible. Tomó asiento y acomodó la carriola de modo en que quedará su bebé frente a ella y luego acomodó su bolso así como la pañalera en la banca. Ver a su bebé dormir plácidamente la hizo pensar de nuevo en su manada. ¿Y si ellos nunca la verán crecer? Se suponía que ellos también serían sus tíos, se suponía que ellos también serían parte de su familia. Un par de lágrimas resbalaron sobre sus mejillas, no podía hacerse la idea de que probablemente Charlie no la consentiría ni que Dylan le enseñaría todas las cosas que ella no aprobaría como correctas pero el silencio de Elliot parecía hablar por sí solo. Escuchó un par de pasos acercarse y rápidamente intentó limpiar sus mejillas. Acomodó la pañalera y su bolso en la banca de modo en que hubiera espacio en caso de que quisieran tomar asiento. — Lo siento, la pañalera ocupa demasiado espacio. — habló sin fijarse realmente si tomarían asiento o no.
Largos paseos, apenas si eran suficientes para despejar la cabeza del francés, una y otra vez se repetían sus pensamientos; un alfa y el alfa francés, era una muestra de que existían dos manadas por lo menos, tres licántropos contando a Aris, una banshee, era con quienes se había encontrado, la luna de sangre había servido para que el cazador tuviera una idea de las criaturas que vivían en Detroit y no dejaba de repasarlo una y otra vez en su cabeza, en un intento de ordenar los eventos que habían ocurrido en la isla, en esa fatídica isla que sería incapaz de olvidar.
Preso de sus pensamientos, cálculos y estrategias se dejó caer en una de las bancas del parque que había estado recorriendo, en un intento de recobrar por lo menos un poco de su actividad física, aunque sabía que demoraría dado las heridas que había sufrido, pero quería mantenerse por lo menos activo, para cuando pudiera finalmente seguir su estricta rutina.
Sabiendo que debía encontrarse con Frank, se puso de pie con cierta molestia y comenzó a abandonar el parque, pero buscó su móvil para verificar si Frank no se había comunicado con él, enseguida al no sentirlo en el bolsillo, puso los ojos en blanco teniendo la seguridad que lo había abandonado sobre la banca, era en el último lugar que lo había revisado distraídamente.
Siguiendo sobre sus propios pasos, se dirigió a la banca que había ocupado minutos atrás, pudo ver que una joven se encontraba justo donde él había estado.
—Al parecer así es- respondió al escuchar el rápido comentario que había hecho la joven —Y veo que es por eso que ha terminado sobre mi móvil- dijo Terrise señalando el aparato que estaba justo debajo de la mencionada pañalera, Gaspard no era un hombre que se sintiera especialmente atraído por los infantes pero dado que la pequeña estaba en su marco de visión no pudo evitar observarla —Es bastante parecida a ti- comentó el francés.
En cuanto escuchó al joven se sintió muy avergonzada por no haber fijado antes, esperaba que su móvil no se hubiese visto afectado por la pañalera ya que esta llevaba demasiadas cosas. Cogió rápidamente el móvil y lo extendió para entregárselo. —Lo siento, no me di cuenta. —encogió sus hombros todavía apenada. Dejó espacio suficiente en la banca por si quería tomar asiento. —¿Si? —por un momento olvidó el asunto del celular y sonrió ampliamente. Su bebé tenía ese efecto en ella. —Algunos dicen que se parece mucho conmigo y otros dicen que se parece con su papá. Cuando recién nació se parecía más a él. —bajó la mirada hacia su bebé y la observó con una tierna sonrisa. Según ella, Amber tenía parecido con los dos. —Se llama Amber. —le informó al joven aunque él no preguntó por su nombre. —Mucho gusto, soy Grace. —extendió su mano de nuevo con la intención de presentarse con él. No recordaba conocerlo desde hace tiempo, tal vez de vista, pero no sabía su nombre.
Los días habían pasado desde el accidente y Bastian sabía que todo había cambiado en la ciudad, muchos cazadores ya sabían su verdadera naturaleza y debían comenzar a tener cuidado con las cosas que podrían pasar. No sabía cuándo un enfrentamiento con un cazador podría ocurrir o cuando tuviera que dar la cara enfrente de los familiares que sufrieron pérdidas a manos de él y mucho más licántropo, lo único que debía hacer era comenzar a vivir como si nada hubiera ocurrido pero siempre atento.
Aquel día decidió volver a comenzar su rutina y salió de su casa para poder caminar hacia la universidad aunque en su mente estaba lejos de volver a ser “una persona normal” comenzando por que debe proteger una manada, lo único que rescata de toda las aventuras que tuvo fue encontrarse con su familia de vuelta y eso no lo cambiaría nada ni siquiera sus últimos días en la isla.
Mientras caminaba, cruzo por el parque para poder seguir su camino pero en lo que iba observo a una persona quien le parecía bastante conocida y una suave sonrisa apareció en sus labios al ver el pequeño carrito que tenía con ella. En ese momento se olvidó de la universidad y decidió acercarse a ella. Las lágrimas en sus ojos no pasaron desapercibidos para el alfa por lo que no dudo, al momento que se acercó a ella, colocar su mano en el hombro de la druida. No pudo evitar rodar sus ojos al escucharla, eso era lo que menos le importaba. —Es hermosa. —Fueron las primeras palabras del alfa aunque su vista se mantenía en la pequeña beba quien estaba tranquila, no pudo evitar sonreír y volvió su mirada hacia Grace. —Y estoy más que seguro que le ha tocado una gran madre, felicitaciones por la bebe Grace. —Hablo el alfa dándole un apretón en su hombro.
Alzó la mirada y cuando reconoció a Bastian no pudo evitar sonreír aunque fuese un poco. Tenía bastante tiempo sin verlo y él le caía bien. Al igual que Vincent, le alegraba ver que ambos alfas estaban bien. En parte era un alivio para ella. —Gracias. — respondió y luego miró a su pequeña bebé. No se cansaba de verla y nunca lo haría. Era lo que todas las madres hacen ¿no? —Eso espero, en verdad eso espero. —respondió sincera, quería ser una buena madre, todos los bebés merecen eso. —No hay escuelas para padres, y creo que debería, me siento muy inexperta. A veces llora y no sé porque lo hace. —afortunadamente la pequeña Amber todavía era calmada, aunque sospechaba que heredaría parte del carácter de Chris. —Pero ¿y tú cómo estás? Tenía mucho tiempo sin verte. — tampoco quería que la atención se centrara sólo en ellas.
— Es una linda bebe, supongo es tuya, si no, no tendrías por que cargar con tantas cosas… — Dijo tomando asiento junto a la chica cuyo aroma le causaba cierto malestar, no de estar enfermo si no a otra cosa, como si fuera algo mas que un ser humano, mas no identificaba que clase de cosa y menos de la bebe — Y tu, luces joven para tener un hijo, sin un padre, no estoy hablando de forma grosera solo, trato de entender, por que una chica lloraría, con una bebe en brazos y su padre no esta… —
No es necesario cargar tantas cosas para que un bebé sea tuya. Puedes ser niñera y cargar con una pañalera. —respondió casi al instante mientras acomodaba la carriola de modo de que los rayos del sol no lastimaran a la pequeña. —Pero sí, es mi hija. —aclaró, pues no era su niñera, era su madre. —Tengo más años de los que aparento. —añadió en cuanto a su edad, no le molestaba que le hicieran comentarios de ese tipo, aunque si fuese más joven. — ¿Disculpa? —preguntó de pronto. Esperaba no haberlo mal interpretado, pero su comentario le pareció fuera de lugar, sobre porque era alguien desconocido a ella. — Qué su papá no esté aquí, sentado junto a nosotras, no quiere decir nada. Por el momento él está ocupado atendiendo unas cosas del trabajo. —Fue lo último que comentó, principalmente, porque no tenía por dar más explicaciones sobre el porque estuvo llorando segundos antes.
Se habían topado muy pocas veces, en tiempos en donde Detroit era muy distinto ¡pero la recuerda! Era la muchacha de los vinos en Italia, la joven madre que había llegado con su pequeña hija y habían encantado a un emocionado Alfa que no podía más que apreciar la vida de la infante. Un golpe de alivio lo recorre cuando las ve a la distancia, ellas no parecían haber sufrido daños en el accidente, ahora que lo recuerda, no recuerda haberla visto en el duelo, seguramente siendo pasajeras de otro de manera afortunada.
Se acerca con grandes intenciones de saludar de buen humor pero su sonrisa se borra al notar la postura decaída de Grace. Tuerce una mueca, y niega ante su disculpa, no tenía que hacerlo. – ¡No te preocupes! Las necesidades de ella van primero. – Dándose la libertad de sentarse a su lado, no sabe si ella lo recuerda. – Es… realmente grato verlas bien. – Y es sincero.
La pequeña criatura en la carriola, balbuceaba completamente en paz y a salvo de todo el horror del accidente. Su fortuna había sido un milagro, y por eso Vincent no puede evitar mirar con una suave sonrisa a la madre y a la bebé por supuesto.
– Mírala a ella. –
– Es preciosa. –
Porque su hija seguramente sería la fuerza, templanza, y espíritu de su madre en estos momentos. Cuando los ojos de Grace se tiñen de una tristeza que Vincent no sabe como interpretar, traga en seco; – ¿Cómo estás tu? – Se anima a preguntar, ella había borrado las lágrimas de su mejilla pero el rojizo delata su nostalgia. Podrían ser completos extraños, pero Deroeux de hombros caídos y pose lejos de ser amenazante intercalaba su contemplar desde la mujer a la bebé.
Agradeció que no le tomara a mal el hecho de que la pañalera ocupara espacio cuando la acomodó en otro lugar. —Gracias. Cuando son pequeños es cuando más cosas necesitan. —pensó en todos los cambios de ropa que tenía la pequeña durante todo un día. Escuchó su comentario y fue entonces cuando giró su rostro hacia él, lo observó durante los pocos segundos que le tomó reconocerlo. Lo había visto en pocas ocasiones pero estaba al tanto del cambio de alfa que hubo en Toryglen y sin duda alguna era él. — Muchas gracias, yo también puedo decir lo mismo de ti. —atisbó a mostrar una pequeña sonrisa. Era bueno saber que las demás manadas estaban bien.
Sonrió con orgullo, a pesar de que su pequeña tiene unos cuantos meses de vida la llena de orgullo como si estuviera con ella durante más tiempo. — ¿Qué puedo decir? Es mi hija. —soltó con una suave risa. Una madre siempre dirá que sus hijos con las hermosos del mundo. Suspiró brevemente. Físicamente se encontraba bien pero había algo que no la dejaba tranquila. —Bien. Estoy bien. —repitió más para ella misma. —Algo preocupada, pero bien. ¿Y tú como estas? — preguntó, tenía tiempo sin verlo y desde que lo recordaba no habían intercambiado muchas palabras.
Las últimas semana habían sido difíciles para Grace, no sabía absolutamente nada su manada y ahora que se encontraba de regreso en Detroit no había rastro de ellos. La última noticia que obtuvo por parte de su alfa la seguía manteniendo despierta por las noches. La manda había sido atacada y no tenía noticia de ellos. Se sentía culpable e impotente por no haber estado con ellos, sin embargo se aferraba a la idea de que todavía tenía una manada. Porque la simple idea de que ya no estuvieran le aterraba.
Con sumo cuidado bañó y arregló a su bebé de apenas tres meses de edad. La pequeña vestía con un lindo vestido rosa que Chris le había comprado mientras estaban en Europa, no es porque fuese su hija pero realmente lucía hermosa. Terminó por preparar su pañalera y acomodó a la pequeña Amber en su carriola para llevar al parque por primera vez. Tenía meses sin haber estado allí pero todo seguía exactamente como lo recordaba. Tenía muchas cosas en mente por hacer, en primer lugar buscaría a su hermano, estaba de vuelta con su sobrina y ni siquiera había tenido la oportunidad de avisarle. Después de pasear a su bebé en el parque guió la carriola hacia la primera banca disponible. Tomó asiento y acomodó la carriola de modo en que quedará su bebé frente a ella y luego acomodó su bolso así como la pañalera en la banca. Ver a su bebé dormir plácidamente la hizo pensar de nuevo en su manada. ¿Y si ellos nunca la verán crecer? Se suponía que ellos también serían sus tíos, se suponía que ellos también serían parte de su familia. Un par de lágrimas resbalaron sobre sus mejillas, no podía hacerse la idea de que probablemente Charlie no la consentiría ni que Dylan le enseñaría todas las cosas que ella no aprobaría como correctas pero el silencio de Elliot parecía hablar por sí solo. Escuchó un par de pasos acercarse y rápidamente intentó limpiar sus mejillas. Acomodó la pañalera y su bolso en la banca de modo en que hubiera espacio en caso de que quisieran tomar asiento. — Lo siento, la pañalera ocupa demasiado espacio. — habló sin fijarse realmente si tomarían asiento o no.
SMS: Grace, no se si te lo has planteado pero te extraño mucho, mi única amiga aquí y no sé donde te encuentras. Necesito hablar contigo, tengo tanto que compartir, tu bebé, cosas que debes saber de Christoff, tanto que compartir, te quiero.
SMS: He tenido que estar de un lado a otro pero espero que pronto podamos vernos. Yo también te extraño, ¿lo sabías? Yo también necesito contarte muchas cosas, demasiadas a decir verdad. Te quiero mucho, no lo olvides.
[23 de Marzo] | [Burano, Murano & Torcello]
Ir a Italia y no dar el famoso paseo en bote por Venecia, en definitiva, no era visitar la verdadera maravilla Italiana, sus coloridos paisajes de fachadas multicolores engalanan los canales que recorren diversos puntos de la ciudad.
Leonore toma el recorrido, con unos cuantos visitantes más del tour, trasladándose en carros individuales con chofer incluido aún no sabía quienes le podían acompañar; al llegar al pequeño puerto donde los botes estaban a la merced de los visitantes, Leonore sale disparada como niña pequeña y pide uno de ellos, en el que perfectamente podía ir sola o acompañada, no lo pensó dos veces y decidió ir sola, no quería perder más tiempo; en el proceso de embarque no contaba conque los movimientos y el agua le causaban un poco de miedo.
—No va a pasar nada, solo es un bote, el chofer no me dejará caer, sonríe— ; no paraba de repetirse a sí misma, por lo que decidió a ultima instancia esperar por alguien más, y en efecto un turista más se acerca para pedir una embarcación, por lo que no pensó dos veces en hacer la propuesta —Puedes venirte conmigo ¿si?, opino que una experiencia así se debe compartir — dice sonriente esperando ser suficientemente convincente para no marcharse sola.
Para Grant ya era familiar el andar con una pañalera sin importar al lugar a dónde iba, siempre iba preparado por si su bebé llegase a necesitar algo. Encontró en el itinerario un paso en bote y decidió que sería bueno despejarse un poco. — Gracias. — se acomodó junto a la castaña, dejando frente a él su pañalera. — ¿Es la primera vez que estás en un paseo en bote? — preguntó, esperando que el paseo fuese ameno para todos.
[ 24 marzo ] / [ Toscana ] » drunk for the very first time
La cata de vinos había sonado a gloria en los oídos de Olive. Le gustaba beber y fumar aunque dichos vicios no tuvieran efecto en ella -por desgracia. La loba había nacido con el gen de la licantropía por lo que nunca había sentido en sus propias carnes lo que era estar ebria de alcohol. Era uno de los pocos fallos que encontraba en su naturaleza sobrenatural… Y hubiera dado lo que fuera para experimentarlo, aunque solo fuera por una sola vez.
Y aquel día en la Toscana -fuera por la magia de Italia o de aquellos viñedos- se cumplió su deseo.
Olive ya iba por su tercera copa de vino cuando notó que algo no iba del todo bien. Pero no se preocupó. Se sentía estupenda. Más feliz. Más animada de lo normal. Con más ganas de pasarlo bien que nunca. Si ya era despreocupada por naturaleza… Ahora se había duplicado aquella “cualidad” en ella. Fuera la poca auto contención que tenía. Sentía que ya todo valía.
-¡Uuhh uuuh uuuh! Gritó de manera animada como un grito extraño de borracha en guerra. Alzó un brazo y lo movió como si tuviera un pompón de animadora invisible y tuviera que agitarlo para animar aquella “fiesta”.
“Fiesta” que estaba llena de recatados catadores de vino que no parecían muy echados al movimiento y a las risas. Sin embargo Olive se percató de la mirada de una persona, seguramente alguien de su grupo, y se dirigió dando saltos en su dirección mientras seguía agitando ambos brazos. -¡Que sigan las copas! ¿Verdad? ¡A este evento le falta un poco de fiesta! ¡Vamos a animarlo! ¡Go crazy!
¿Encontraría a la alfa de su manada en una fiesta? Lo desconocía por completo y a juzgar el como estaban las cosas lo dudaba, sin embargo ya la había buscado por varios lugares que no perdía nada con intentarlo. — ¿No crees que ya bebiste demasiado? — No pretendía arruinarle la fiesta a la joven, pero parecía haber bebido de mas.
[ 24 marzo ] / [ Toscana ¡VINOS! ]
¡Vinos! Un tour completo de ¡vinos! Y vino Europeo, no como la mala imitación norteamericana, podrán ser la tierra del Hot Dog pero no del buen paladar etílico.
Victoire no dudó y ni siquiera las tres horas pudieron detenerla de visitar los viñedos y sobre todo; ¡vino gratis! Degustaciones y catas a diestra y siniestra, un paraíso para una Alfa sedienta e ignorante que el licor poseía sustancias que afectaban a cualquier criatura. Mientras hablaban de la historia del vino en Italia; ella mesero que pasaba a su lado con bandejas con copas le pedía una, luego, dos, tres, cuatro, cinco, seis….
A la séptima copa, perdiendo bastante pudor que quizás nunca tuvo, la levantó en un saludo y volteó para mirar a las personas que estaban detrás de ella.
— ¡Un brindis! —
Y lo bebe al seco.
Sabía que no era el ambiente ideal para un bebé, pero no quería despegarse de él ni un sólo instante. Quería estar seguro de que su pequeño estaba bien, y, aunque la niña que había contratado lo cuidaba bien no era lo mismo. Lo único bueno es que hasta ahora el pequeño parecía comportarse bien, todavía no mostraba el carácter impulsivo de su madre, en ese momento lo ayudaba bastante. — ¡Salud! — respondió al escuchar una voz fémina y al no tener una copa a la mano alzó lo único que tenía: un biberón.
19 de Marzo~Lago di Garda
Primer día en Italia y su emoción se había bastante presente en la castaña al ver el primer lugar donde visitarían. Desde que habían llegado al Lago di Garda, preguntándose que podría hacer en aquel lugar.
Gracias a una lista con las distintas actividades que les entregaron, la licantropa se estuvo preguntando cuales de todos los deportes que estaban escritos allí podía hacer. Sinceramente si fuera por ella haría todas pero sabía que tendría la oportunidad por lo que termino haciendo lo más simple de todo, tirarse al agua.
Se acercó a la orilla de esta y se quitó el vestido que llevaba aquel día, quedando así totalmente en traje de baño
Antes de que pudiera tirarse, sintió la mirada de alguien sobre ella por lo que decidió observar a aquella persona. — ¿Qué? — Fue lo primero que dijo con una sonrisa divertida en sus labios. —No me dirás que has venido solo para ver y no meterte ¿O sí?
Grant estaba completamente distraído, su bebé de apenas unos meses de edad se encontraba en el hotel al cuidado de una niñera que había logrado contactar gracias al servicio a clientes. Pensaba en que ya había pasado un par de horas y que ya era hora de regresar cuando una voz lo sacó de sus pensamientos. — ¿Qué? No, no, para nada. — respondió apenado, — en realidad no pensaba meterme, estaba buscando a alguien. — y era verdad, buscaba con desesperación a la alfa de su manada.