En el preciso instante en que sus labios se separaron por obra de Jinah, Alexis comenzó a extrañar su suavidad y su calidez reconfortante, tan distinta a la dureza y la indiferencia de la boca que había probado unos minutos atrás. No se dio cuenta de que estiró su propia boquita buscándole otra vez, rozando su nariz mientras oía sus sugerencias a medias, y estrujando la tela de su prenda entre sus dedos. La diminuta parte lúcida de su cuerpo sabia que debía soltarle para comenzar a caminar, el problema es que su voz interna se oía distante y las caricias de Jinah hablaban más fuerte. Así, amodorrado, recargó su mejilla contra su mano y cerró sus ojos, moviendo una de las suyas con torpeza hasta que logró tomarle de la muñeca. “De acuerdo, de acuerdo,” musitó entre varios asentimientos flojos. “Iré a donde tu quieras y haré—haré lo que tú quieras, Apple.” Y ahí estaba, el nombre maldito que se le escapó accidentalmente y pareció no notarlo.
Y como le gustaría en ese momento tomarle de la mano y llevarlo a casa, aclamarlo para ella y no soltarlo. Esas caricias que él parecía tanto disfrutar, esa mirada tan apacible y la sensación entera de vulnerabilidad que significaba el menor en esos momentos frente a ella. Quería ayudarle, quería absorber todo lo malo que le pasaba y verle sonreír de nuevo o al menos más tranquilo, ahí disfrutando del roce de sus dedos contra la piel de su rostro hasta que... “¿Apple?” aquel nombre le era tan conocido, su hermano y ella le habían causado ya varios problemas a la intrusa (aún no lograban que la chica se saliera de su habitación) y ahora... ahora ella resultaba ser el problema “¿Es por ella que estás así?” se atrevió a preguntar sin más, sus cejas arrugándose, juntándose por encima de su frente “Ella....” susurró, más para ella misma “Ella no te merece” escupió al fin, ¿qué acaso no tenía novio? no sabía lo que había pasado, pero tenía una pista, una que probablemente le atormentaría un poco, al menos hasta descubrir lo que pasaba.










