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Queen Blanchett in Tokyo https://twitter.com/rodmayxoxo/status/723389651457740801
Un año con #CeliaSilva
08 Huracán
-Déjame ir contigo… -Dijo Celia en su frustración por no poder decir mas sin armar un escándalo frente a los clientes del ambigú, pero Aurora seca y distante contestó -No… no. Quiero estar sola. Esa tarde, Aurora no pudo apartar el torbellino de pensamientos que le atacaron, trató de controlar las emociones que se le presentaban y actuar con disimulo, pero era casi imposible permitir que lo que Celia acababa de decirle sobre la situación de Petra le pareciera de otra manera. En su lucha por encontrar calma en medio de dicho huracán, la enfermera se fue al Excélsior, donde había apartado una habitación para pasar la tarde con Celia pero que ahora se antojaba lugar para alejarse del mundo, abrió un dialogo consigo misma, nerviosa iba y venía por la habitación, su rostro se había endurecido por la rabia que contenía dentro. Para poder comprender mejor aquello que de momento le atormentaba comenzó a hablar. “Celos? Ojala fuese eso, sabría calmar esta esquizofrenia que devora mis pensamientos. Es desconcierto, enojo; tremenda ironía compartir techo con quien casi te hace perder la cordura. Quiero creer que Celia no piensa ni siente nada mas por Petra de lo que realmente dice, pero sus actos lejos de convérseme de lo contrario es como si tratase de ella convencerse a sí misma. Celos! Tal vez si son celos, porque pude haber aceptado quedarme aquella noche con en casa de Celia; porque pude haberla besado cuando me lo pedía y mi paranoia ahora también me aleja de ella. Porque con el par de semanas que llevamos, cómo podría esperar que sea clara… La confusión es la peor de las compañeras, la duda la peor de las amantes y juntas terminaran con mi cordura… Ay Celia, ingenua, Santa Celia… Celia…” Tomó asiento en aquella mesa donde un par de noches atrás había preparado una cena sorpresa, sirvió agua y bebió, sus manos le temblaban, había pasado ya por muchas decepciones antes pero ninguna como ésta. A pesar de su experiencia y el haber estado con otras mujeres, justo le hacían ver que era Celia a quien mas quería en esta vida. Se lamentó no ser tan valiente como La Silva deseaba serlo y pensó que lo mejor sería tomar distancia antes de quererle mas… “Pero será posible? Será posible no quererla como lo hago? Y cómo hago yo?” En un brusco movimiento estrelló violentamente el vaso sobre la mesa, sintió como el cristal retumbó entre sus dedos, sosteniendo el llanto bajó la mirada para darse cuenta que se había cortado la mano pero no era mas grande que el dolor que le provoca el hecho de estar furiosa con Celia. Vio cómo la sangre corría entre las grietas del vaso, pronta reaccionó y cubrió inmediatamente con un pañuelo, aplicó presión para detener la hemorragia. -Qué ironía! –dijo con una sonrisa amarga sobre sus labios –Yo, la mas valiente, la mas grande de las dos sintiéndome como una quinceañera… -Sus pensamientos se vieron interrumpidos por un fuerte llamado a la puerta, se sobresaltó y aunque no quiso contestar tampoco quería que le molestasen, así que con una voz entrecortada logró articular –Quién es? –al otro lado de la puerta escuchó una voz muy aguda y tenía –Soy Ce… soy Eugenia –Era el nombre que utilizaban para quedar como hermanas en el hotel. Titubeó en abrir la puerta pero pensó que lo último que le faltaba era exponerse y bajar la guardia luego de tanto intento por guardar la apariencia.
Ató fuertemente el pañuelo sobre su mano, limpió su rostro. Mientras se acercaba para abrir la puerta suspiró y alzó muy alta la cabeza, hubiese querido aparentar mas fortaleza de la que poseía pero se derrumbó al ver a Celia detrás de esa puerta de hotel. La Silva se hizo camino y cerró la puerta, Aurora se había girado y con la cabeza baja, llevo sus manos a la cara, sus hombros se habían encogido y su espalda estaba encorvada; Celia notó la vulnerabilidad de aquella mujer que le había mostrado la fortaleza, la valentía y el nervio que hoy día le tenían viva. Cautelosa se acercó a la enfermera y posó suavemente su mano mientras pronunciaba en un susurro el nombre de la otra mujer. -Aurora… -hizo una pausa, el silencio se adueñó de la situación y mientras la enfermera lanzaba un sollozo Celia le rodeó con sus brazos por detrás y tomó la fuerza para decir –Lo siento. Aurora, perdóname. La enfermera se soltó del abrazo y caminó hacia la mesa donde se encontraba el vaso, la Silva notó que llevaba el pañuelo en su mano y al ver la sangre sobre aquel vaso se alarmó –Pero qué has hecho? Aurora no pudo articular palabra, limpió los restos de cristal en silencio, seguía dando la espalda a la escritora y sacó una silla, con un ademán invitó a Celia a tomar asiento y con una voz serena pero profundamente herida dijo –Me he enojado, eso he hecho. Cómo sabías que estaría aquí? No te parece arriesgado? -Me da igual correr el riesgo, si para arreglar las cosas contigo he de volver a pasar por otra tortura, lo hago. -Qué cosas dices! -Aurora… mírame mh? La enfermera se volvió poco a poco hacia Celia aunque siguió evadiendo todo contacto visual. -Te doy la razón de estar molesta, ha sido impertinente de mi parte no ponerme en tu lugar, pero entiéndeme -Entenderte? Que tengo que entender Celia? Que la mujer por la que casi te desvives ahora va a vivir contigo? Es que no te entiendo. -Ponte tú en mi lugar si? Ya te lo he dicho –se puso de pie para acercarse a Aurora, quien le evadió cruzándose de brazos; en seña derrotista, Celia dejó caer sus manos sobre los costados de sus piernas, cabizbaja sacudió la cabeza y con voz tembloroso dijo -Que quieres que haga? Qué puedo hacer para que me perdones? -Sabes perfectamente la respuesta… y no soy quien dará órdenes a estas alturas. -Quieres que corra a Petra y la deje a su suerte? Haré lo que sea, pero dejar a una amiga en la calle luego de que necesita un apoyo que yo puedo brindar no me parece un acto que pruebe mi amor hacia ti. Aurora procesaba las palabras, se sentó sobre una esquina de la cama y le pareció irónico que Celia le dijera que podría pedirle cualquier cosa con tal de perdonarle. La Silva se sentó detrás y rodeó el vientre de Aurora con sus brazos –Celia, será mejor que te marches. –Dijo la enfermera quien trató zafarse de ese abrazo, pero Celia no hizo mas que apretar con fuerza, se afianzó y dijo: –No me voy hasta que me escuches mh?, y escucha atenta! Todo este tiempo que he compartido contigo me ha enseñado no sólo lo que es el amor y ser correspondida, sino que me ha enseñado la lección más valiosa. Que no importa cuan malo sea el panorama, no importan cuantas malas noticias tengamos que pasar mis hermanas y yo, nada de eso importa porque sé que estás tú en mi vida y siempre podré refugiarme en tu abrazo sin importar la tempestad. Entiendes lo que te digo? -Entiendo tus palabras pero no entiendo… -Mis actos? –interrumpió Celia adivinando el rumbo que Aurora quería tomar y agregó –No entiendes las cosas que hago? Ni lo que hago por Petra es eso? -Hace falta qué te lo explique? –preguntó una aurora mas tranquila pero igual de enfadada. -Se que no hay coherencia alguna como tampoco la hay en decir que Petra es un antiguo amor, ella y yo fuimos amigas primero y antes que nada. El hecho de que yo haya confundido su admiración por amor fue lo que hizo darme cuenta de quien soy y gracias a todo eso, toda esa tortura que pasé con el doctor Uribe hoy por hoy sé que a quien quiero en mi vida y… eres tú. Si pudiera…-Celia se levantó para ponerse de rodillas frente Aurora y prosiguió –si pudiera, te pediría ahora mismo que nos casáramos, que construyéramos una vida juntas porque nada me hace mas ilusión que ver los primeros rayos del sol sobre tu espalda desnuda todos los días de mi vida. -Celia para por favor! -No –Tomó fuertemente las manos de la enfermera quien se estremeció al sentir cómo aquel corte hecho con el cristal le punzaba y Celia aun de rodillas continuó –no. Perdona, pero no voy a correr a Petra de mi casa cuando más apoyo necesita, como tampoco voy a permitir que te enfades por ello. Si crees que yo no le debo nada a Petra para pagarle con este favor estamos de acuerdo, por yo a ella no le debo nada. Pero no me parece humano que seamos nosotras quien le juzguemos por lo que ha hecho porque nada de lo que hagamos por amor nos hace mejor o peor que los demás. -Celia… -dijo Aurora levantado a la escritora –Perdóname tú a mi. Es que… no concibo que luego de este tiempo hayas podido dejar de pensar en Petra, que tus sentimientos… -Mis sentimientos son míos, y a estas alturas sé qué hacer con ellos, como sé bien lo que a gritos me dicen lo que sienten por ti. -La escritora dio un suave beso a Aurora sobre su frente, ambas se miraron a los ojos y se abrazaron fuertemente. La Silva añadió -Te quiero! No te enfades conmigo, porque sabes que aunque sea Fermín quien mienta por mí al doctor Uribe, o sea Víctor Dumas quien me lleve a pasear en público, las miradas de los demás sobran en este mundo porque a mí sólo me interesa la tuya. Y así Petra vuelva a mi vida, eres tú mi principal confidente, pero sobre todo, mi único amor, el único. Celia sintió como la enfermera se derrumbó entre sus brazos, sintió la vulnerabilidad de Aurora y le rodeó con más fuerza, buscó su rostro y besó tiernamente sus ojos húmedos, bajó lentamente hasta llegar a sus labios. Aurora recobró la fuerza entre los besos de la Silva y dijo -Perdóname! -Celia la condujo hacia la cama donde ambas se recostaron, las lágrimas de Aurora fueron confortadas por las caricias que pasaban sobre su rostro y cabello. Celia le propinaba besos que pasaban por sus hombros y espalda como quien busca reunir todas la piezas sueltas de un rompecabezas y ponerlo en orden. -Tranquila, shh…
07 Confía
Una cita más en la banca de siempre, en aquél parque en el que Celia y Aurora se cuidaban de las miradas de los curiosos, esta sensación esquizofrénica aumentaba el deterioro en la escritora quien cada día sentía caer en una rutina infructuosa de satisfacciones truncas. Sabía que lo que sentía por Aurora era amor y deseaba demostrarlo a través de sus caricias y besos, pero la enfermera estaba más retraída insistiendo con el tema de la tapadera y disimulando un cada vez más marcado puritanismo ante las atenciones de Celia quien sólo buscaba un beso, como el sediento buscase apagar su sed en el desierto. -Señorita Silva? -Preguntó la característica voz de Aurora quien portaba su uniforme de enfermera -Podría decir que de seguir así con esos pensamientos es muy probable que comience a ver salir humo en tu cabeza. -Se sentó a un lado de la escritora y tomó su mano para preguntar -Qué te aflige Celia? -Aurora! -Sonrió la Silva con recato -Tanto se me nota?
-Si no te conociera… -suspiró profundamente y mirando a su alrededor bajando la voz dijo -tiene que ver con nosotras? -La enfermera intuía que algo no iba bien desde hace unos días, desde que Diana les había sorprendido y aunque ella quisiera tomar todas las debidas precauciones comenzaba a darse cuenta que Celia no tenía idea a lo que se exponían si su relación fuese ventilada a la sociedad, con una persona a quien la envidia o la mojigatería le dominase, sabía que era lo único que bastaba para poner fin a todo esto que con tanto cuidado habían construido. -Me gustaría hablar de esto en un lugar más… privado, pero resulta que no tenemos dicho lugar. Mi casa no es el lugar ideal y ni hablar de ir al Excélsior. Es que será así siempre? -preguntó la Silva apesadumbrada, bajó sus hombros con el peso de su descontento. -Celia, te he dicho que confíes en mí cierto? -Y lo hago Aurora, es que… -Entonces déjame hablar ahora. -dijo Aurora a modo de general dando órdenes. Celia mostró un rostro sorprendido e intimidado por la seriedad de la enfermera, permaneció en silencio evadiendo todo contacto visual, mientras alerta observaba que nadie les fuese a interrumpir sorpresivamente. -Si he querido que nos viésemos hoy aquí es porque necesito que confíes en mí. Una de las mellas en la sociedad de hoy día es la limitada independencia económica de las mujeres, siempre viviendo a la caridad de sus padres o los maridos. -Con las desavenencias en mi familia mis hermanas y yo nos hemos quedado sin dote… -Celia -interrumpió Aurora con ternura, -Ven conmigo, demos un paseo. -La Silva se dejó llevar del brazo. -Ni una sola pregunta, esta bien? -Pero… -Qué te he dicho?
Tomaron un coche que les llevó a las afueras de Madrid, se detuvieron frente a una pequeña casa que se veía oscura y desolada. Aunque Celia se moría por saber qué era aquél lugar, apretó sus labios para reprimir cualquier comentario. Aurora pagó al cochero y dio instrucciones de recogerles al día siguiente al medio día. -Qué es este lugar Aurora? -Ah! Voy a permitir esta primera pregunta con la única promesa de que confiarás en mí. -Tú sabes que lo hago -dijo una Celia que tímidamente abrazaba su brazo contrario como quien tiene cuidado de no errar en la respuesta. Aurora abrió aquella pesada puerta de madera y encendió una luz, guió a Celia y dijo -Este lugar es una pequeña casa que he adquirido con la ayuda de Fermín. Como te decía en el parque, si algo nos impedirá la verdadera libertad femenina eso es la dependencia económica que tenemos hacia con los hombres. -No entiendo -Celia frunció el seño -Esto es lo que puedo ofrecer de momento. No es el lujo al que estás acostumbrada pero puede ser nuestro refugio. Ven! Ves este escritorio? Lo he puesto para que instales tu estudio y te inspires a escribir, verás cómo a través de esta ventana podrás ver los amaneceres más bellos jamás vistos. Conmovida por el gesto, Celia llevó las manos al rostro cubriendo las lágrimas que brotaban de sus ojos. -Cariño -se acercó Aurora quien le tomó en sus brazos -confía, mucho tendremos que hacer para seguir aparentando pero quiero que aquí, detrás de esta puertas te permitas ser y alejadas de aquella zona de peligro te sientas libre de ser y estar conmigo como realmente quieres.
-Aurora… me has dejado sin palabras. -Lo encuentro difícil de creer mi gran escritora. -Y… dónde está la habitación? -Ah, pues esa está por aquí… -Se tomaron de la mano mientras la enfermera guiaba los pasos de la Silva. Aurora encendió una vela, la habitación se iluminó, era una recamara muy sobria, simple y con una cama finamente dispuesta. Aurora se deshizo de los adornos de su uniforme de enfermera y despacio se acercó a Celia. -Ansío este momento todos los días -dijo Celia sonriendo y acercándose a los labios de la otra mujer. Se besaron apasionadamente, Aurora no reconocía ese deseo en Celia, quien con mucha más confianza le tomó entre sus brazos y besaba su cuello. Los botones de la blusa de Aurora estaban en la espalda, Celia comenzó a desabotonarlos, sutilmente deslizó la blusa por los brazos y acarició sin pudor los senos de Aurora; ésta se giró hacia Celia y comenzó a despojarla de su ropa. La Silva tomó más control sobre el momento y afianzada en el cálido abrazo desnudo de Aurora, le llevó hacia la cama donde se tendieron una al lado de la otra. Los besos eran más largos, húmedos, sus lenguas se rozaban haciendo de aquél momento mucho más erótico. Celia cubrió de besos la piel de Aurora, su piel era suave, aterciopelada y el roce de sus manos encajaban en la curvas de su amada. Llevaron sus manos sobre el pubis la una de la otra y con un circular masaje comenzaron a tensar los músculos de sus piernas, Aurora se posicionó sobre Celia de manera que el roce de su pezones erectos acariciaban el torso de la escritora. Celia elevó las caderas con sus manos arraigadas sobre la espalda de la otra mujer, ambas exploraban cómo sus cuerpos cobraban vida propia haciéndoles estremecer al encontrarse en la humedad de sus piernas.
Cuando Aurora llevó su mano sobre el pubis de Celia, lentamente sintió cómo Celia le guió hasta su humedad y llevó un dedo dentro de ella, esto le hizo sentir un placer que le subía la temperatura, sintió cómo una gota de sudor rodó por la espalda de Aurora mientras ésta recorría su cuerpo con besos y bajaba hasta encontrarse en su vientre, posó sus labios sobre las piernas de la escritora y besó la espesura de su pubis, con su lengua recorrió el clítoris de Celia mientras ésta mordía ligeramente una de sus manos perdida en el éxtasis. Sin temor a ser escuchadas ambas daban rienda suelta al placer, Aurora besaba con vehemencia la entrepierna de Celia y escuchó un sollozo que seguido por el arqueo de la espalda de la escritora le hicieron retirar su rostro para volver a subir besando todo el cuerpo de la Silva. Rendida, dejó caer su cuerpo sobre Celia mientras ésta encontraba la fascinación de besar a su amada luego de haberle dado tal dicha. -Me haces sentir muy feliz Aurora, no sé cómo haré para contenerme frente a los demás. -Decía la Silva mientras llenaba de besos el rostro de la enfermera. -Pues tendrás que encontrar la manera. O quieres que rompa la magia de este momento con lo que llevo días explicándote. -Sh! no quiero saber nada, bésame si? Desearía que esta madrugada nunca encontrase el amanecer.
(via https://www.youtube.com/watch?v=zqz3iyySXtg)
09 Empatía
Tras los acontecimientos sucedidos lo mínimo que esperaba Celia, lejos de ser juzgada; era que alguien pudiera comprender la posición en la que se encontraba. Que sus zapatos por primera y única vez no se sintieran como un extraño artilugio del que todas las hermanas se creían con derecho a señalar como el eslabón más débil y “sensible”. Si algo sentía, a pesar del duelo por el que atravesaba; era que dentro de ella sin duda no habría nada que pudiese traerla como era hasta antes de la muerte de Petra, ni el amor de Aurora misma, y eso le destrozó aun más el corazón. Celia se sumergió entre las sábanas ahogada en la tristeza, en la pantomima de un llanto que había secado todo rastro de emoción en su ser.
Diana conocía a Celia y preocupada ante la propuesta de Adela y Francisca en contactar al doctor Uribe debido a su característica sensibilidad, decidió acercarse a su hermana menor para confortarla. Quería que supiera que ella estaría a su lado sin juzgar, pues no había nada qué juzgar en Celia, una mujer que le había enseñado las características más humildes y la vez más valientes que pudiese admirar en una mujer quien se había fortalecido ante la inhumana intervención por “curarle”. Al ver a su hermana destrozada, Diana reconoció que como cualquier ser humano, Celia experimentaba emociones universales que no le ponían ni en mejor o peor lugar por tratarse del duelo, ella misma recordó el dolor provocado tras la ausencia de sus padres y recobrar la fuerza como una mujer cuya vida no se detendría ante la ausencia de nadie.
La más fuerte de las Silva caminó sigilosa hacia la cama en que Celia temblaba entre sollozos. Diana se recostó a un lado y le abrazó, sabía que no había palabras que le regresaran a Petra como no había tampoco abrazos que le reconfortaran como los de Aurora, meditó un minuto sus palabras y con una suave compasión dijo: - Sé cómo te sientes y aunque no haya palabras para confortarte tienes que saber que yo estoy aquí para lo que necesites. Cuando sientas desfallecer entérate que tengo la fuerza necesaria para sostener tus flaquezas, como el amor y admiración que siempre sentiré por ti al demostrarme que la bondad es un característico signo de valentía de aquellos que le han plantado cara al sufrimiento más profundo.
Celia se aferró a su hermana como un niño que se envuelve entre los brazos de una madre, no podía articular sonido alguno y sin embargo sintió cómo aquellas palabras de Diana eran sinceras, pues sólo ella podía entender que el dolor le partía el alma y no por ser la más sensible de las Silva; sino porque Diana sabía que el dolor de Celia sobrepasaba sus propias fuerzas para esconder el amor disfrazado en una amistad entrañable.
- Celia, sé que no te harás daño y que saldremos juntas de esto. Si tienes que llorar, hazlo. Demuestra tu dolor y no te pido que le olvides, sino que lo abraces y lo hagas parte de ti pues es ese dolor, el mismo que utilizarás para honrar la memoria de Petra. Ahora mismo los buenos recuerdos calan aun más profundo pero son los mismos que te darán el confort de mirar hacia atrás para reconocer que todavía tú tienes la vida de frente. Incapaz de decir nada, Celia sintió cómo Diana con tan sólo un abrazo maternal y aquellas palabras le quitaron la opresión que detenían su corazón y finalmente logró esbozar un inaudible -Gracias! -Se abrazó a Diana hasta quedarse dormida y ahí, la más aventurera, la empresaria, la más fuerte de las seis hermanas dejó escapar un par de lágrimas pues no soportaba que una persona tan bondadosa como lo era su hermana Celia, tuviese que pasar por tanto infortunio.
Just look at the gorgeous hair, everybody. Just look at the hair and her perfect face and forget everything else.
@niuxita21 @huibinjiong
Celia Silva Appreciation Post
Just look at this cutie pie. If only you weren’t so pretty and adorable and sweet and perfect maybe I could spare myself the pain of the trainwreck that I fear is coming.
(I can be as melodramatic as I want in my own blog, so there)