Ellos desean tu carne, rasgar tus ropas sin escuchar la voz de tu alma reverberar en tu piel y gozarse como bárbaros en un banquete tras el saqueo. Vuelan en círculos sobre tu dignidad esperando el momento justo de tu claudicar, portando nobles vestiduras con sonrisas enmascaradas mientras tú floreces bajo las densas nubes de su adulación, señuelo de depredadores. Entre tanto yo, sólo escribo... Observo, escribo y pongo los puntos finales a los párrafos de nuestra historia mientras me desvanezco en la distancia, rehusándome a ser parte de tal carnaval de risas y palabras falsas.
—Noctámbulo Del Arte.












