El amor no esta en Paris sino en el Matrjoska Bisztró
No, en realidad no fue amor precisamente lo que encontramos pero tuvimos una noche entretenida.
Habíamos planeado con una pareja amiga hacer una cena los cuatro, y decidimos que San Valentín era un buen momento para juntarnos.
Como casi siempre, hacia tiempo que llegó a nuestros oídos de la apertura de este restaurante, y ninguno habíamos probado nunca la comida rusa luego teníamos muchas ganas. La experiencia, si bien anecdótica no deja de ser un desastre.
Reservamos a las 21.30h del mismo día 14, el restaurante estaba completamente lleno y nos hicieron esperar una media horita o mas sin siquiera atendernos para servirnos una cañita, y eso que yo lo intenté, los que me conocen saben que yo no puedo estar parado en un sitio sin una cervecita.
Luego nos sentaron, a nuestro pesar enfrente de la puerta, con lo que nos congelábamos cada vez que se habría. Nos tomaron nota de las ansiadas bebidas, y de los entrantes y los platos principales que deseábamos.
En este punto cabría decir que la mesa la habían medio preparado, pero en realidad solo nos pusieron los manteles, que, como a la vez hacían de carta, no se les puede atribuir ningún merito.
Unos diez minutos después llegó el primer entrante de tres diferentes que habíamos solicitado, lamentablemente, no teníamos cubiertos con los que degustarlo, por lo que estuvimos esperando hasta que buenamente se acordaron de nosotros y nos los proporcionaron.
Este primer entrante, era un pescado en conserva, que a mi no me gustó nada, pero que al resto de la mesa sí, por lo que no quiero decir que estaba asqueroso, aunque tanto el sabor como la textura a mi me dieron una sensación tan rara que, tengo que admitirlo, tuve que esculpirlo.
Pero lo peor no era eso, no, ni mucho menos, lo peor es que aún estábamos esperando nuestras bebidas que nos habrían ayudado a pasar el trago.
Finalmente llegaron las bebidas y con ellas los primeros platos... si los platos principales, dejando de esta forma de lado los dos entrantes que faltaban porque al buen camarero se le había olvidado emitir la orden y no estaban cocinados... Bye Bye pasaron a mejor vida.
Dos de nosotros pedimos los famosos Pelmenyi (1900 HUF), que son una especie de tortellini al estilo ruso un poco mas grandes que los italianos y rellenos de carne. Estaban muy buenos, las cosas como son, la salsa era de limón o vinagre, pero se podía suavizar con una nata que te ponían aparte para que te sirvieras al gusto.
También se pidió en la mesa un plato de Solomillo de Cerdo (2200 HUF), con guarnición de patatas, zanahoria y berza y Solomillo igualmente con diferente guarnición, en este caso de tomate y patata frita estilo paja.
Tengo que ser honesto, y realmente recomiendo el sitio por los platos de comida, estaban deliciosos, y con unos sabores bastante particulares. Si bien es cierto que el servicio fue un completo desastre, debido supongo al estrés del restaurante lleno, sólo por la comida merece acercarse a este Bisztró.
Finalmente para los postres solo daban dos opciones, Chocolate Variations y Sirnyiki. A mi lo de Sirnyiki me sonaba mas exótico, pero desgraciadamente no tenían así que fueron cuatro de Chocolate Variations, que aunque suene místico era una especie de Borwnie con mouse de chocolate encima y una mermelada de arándanos para combinar los sabores. Aunque resultó delicioso, no era demasiado sorprendente.
La cena para los cuatro rondó los 16.000 HUF (55€) incluyendo un plato principal, un misero entrante para cuatro, un postre y bastantes cervezas y vino.
Importante añadir que tienen un menú del día para los laborables de 1290 florines con dos platos y 1490 florines con tres y también que en ocasiones hacen actuaciones de folclore ruso para quien le interese.
Mi nota no puede ser mejor de un 5 sobre 10 debido a todo lo contado anteriormente y que realmente estropearon la cena, aunque seguramente le demos una segunda oportunidad para ver si fue debido al estresante día de mucho trabajo que estaban teniendo.
La información del sitio y teléfono de contacto es la siguiente: 1088 Budapést, Lörinc pap tér 3. (+36-1-796-84-96)