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Quería desesperadamente ser fuerte, tener el valor para soltar lo que no me pertenece. Quería desesperadamente cerrar mi corazón a cualquier recuerdo de ti. Pero fracasé, y sigo fracasando cada día.
-chipnervous.
Todos los días, todo el tiempo …
Lapland
vamos a fingir demencia otra vez
No siempre se sostiene algo por deseo, por ganas, por entusiasmo, por amor o por convicción. A veces, lo que sostiene es el miedo, la seguridad, la cercanía, la costumbre, la posibilidad o la exigencia.
— Matías Braslavsky.
Quizá todo ahora es más intenso que ya no soy capaz de traducirlo a letras.
Jamás le he tenido miedo a la soledad, mi mayor miedo es tu olvido
Ya ni miro el calendario ni el día que es.
Respeto tu decisión, pero eso no significa que no me queme todos los días, jamás vas a entender el peso que tenía todo esto para mí.
No se puede obligar a alguien a comprender un mensaje que no está preparado para recibir.
Me di cuenta de que llevo semanas intentando entender algo que quizás nunca tenga sentido. Que si alguien lograba decirme qué pensabas, qué sentías o por qué te fuiste, de golpe todo iba a acomodarse dentro de mí.
Pero entendí algo. No estaba buscando tu verdad. Estaba buscando una forma de negociar con la incertidumbre.
Porque la incertidumbre me desespera. Necesito saber. Necesito entender. Necesito sentir que mañana tiene una dirección. Pero la vida nunca me firmó ese contrato. Y vos tampoco. Aceptar que alguien puede irse sin una explicación me resultaba insoportable. Prefería inventar mil escenarios antes que aceptar uno solo: el de no saber. No siempre hay un motivo brillante. No siempre existe esa conversación que cierra todas las puertas.
A veces el silencio es todo lo que queda. Y eso duele porque mi cabeza necesita entender lo que el corazón jamás va a poder razonar.
Hoy ya no sé si algún día vas a volver a hablarme. Tampoco sé si todavía me extrañás o si alguna vez te arrepentiste de algo. Lo único que sé es que mi vida no puede seguir esperando respuestas de alguien que eligió el silencio. Porque mientras yo buscaba señales tuyas, estaba dejando de escuchar las mías. Y quizá ese era el verdadero cierre.
Entender que la dirección de mi vida no puede depender de una respuesta que tal vez nunca llegue. Hay despedidas que no terminan cuando el otro se va. Terminan cuando dejás de pedirle al silencio que te explique por qué.
Porque si vuelve, quiero que me encuentre caminando. No esperándolo. Y si no vuelve, quiero que el final de esta historia no sea haber perdido un amor. Quiero que sea haber dejado de perderme a mí mientras esperaba que alguien eligiera quedarse.
Fer
Hay gente que cree que los celos nacen de la inseguridad. Yo ya no estoy tan segura.
No suelo sentir celos. De hecho, hacía tantos años que no me pasaba que hasta me había olvidado de esa sensación. Puedo hacer un chiste, reírme, molestar... pero sentirlos de verdad es otra historia.
Y esta vez no aparecieron porque alguien me pertenezca. Aparecieron porque alguien dejó de parecerse a la persona que yo creía conocer.
Lo que más duele no es imaginar que este con otra persona. Lo que duele es descubrir que la persona que tenía enfrente también era capaz de hacer eso que jurabas que nunca haría. Ahí los celos dejan de ser celos y se mezclan con la decepción.
Porque la decepción tiene una forma muy extraña de disfrazarse. A veces se pone el nombre de inseguridad. A veces se llama enojo. Y a veces se llama celos.
No porque tengas miedo de perder a alguien, sino porque acabás de perder la imagen que tenías de esa persona.
Y cuando eso pasa, la distancia ya no nace del orgullo. Nace de la desilusión.
Los celos se terminan hablando, trabajando o incluso desaparecen con el tiempo. Pero la decepción... esa cambia la forma en la que volvés a mirar a alguien.
Porque hay cosas que no te alejan por lo que te hacen sentir en el momento. Te alejan porque rompen la idea que tenías de quién estaba al lado tuyo.
Y, una vez que esa imagen se rompe, ya no volvés a mirar con los mismos ojos.
Rubia.
Quizá algún día entiendas que nunca te pedí que me amaras sin miedo. Solo quería que no confundieras tu miedo con la verdad.
Porque yo también tuve miedo. A quererte demasiado. A necesitarte. A descubrir que te convertías, sin pedir permiso, en una parte de mi vida y que conseguías quedarte ahí incluso cuando ya no estabas.
Nunca quise que creyeras en promesas perfectas. Ni en para siempre. Ni siquiera en mí.
Quería algo mucho más sencillo: que alguna vez pudieras mirar todo lo que fuimos, y todo lo que todavía podíamos ser, sin buscar una razón para dudar de ello. Que no necesitara defenderlo para que fuera cierto.
Porque hay cosas que no fracasan porque terminan. Fracasan cuando alguien empieza a negar lo que sintió solo porque no supo qué hacer con ello.
Y quizá esa sea la parte más triste: que mientras tú buscabas razones para no creerme, yo estaba aquí, queriéndote con una certeza que no sabía defenderse de tus dudas.
Por eso el silencio.
Por eso todo lo que dejamos sin decir.
Porque el amor también fracasa el día en que uno de los dos empieza a necesitar pruebas de aquello que el otro ya le estaba dando con el alma abierta.
Y tal vez, si alguna vez vuelves la mirada hacia todo aquello que fuimos, no encuentres una historia perfecta.
Encontrarás miedo. Errores. Silencios. Días en los que no supimos cómo quedarnos.
Pero también encontrarás algo que ninguna duda podrá cambiar:
yo te amé.
No de la forma en que necesitabas que te amaran. No de la forma en que el miedo te permitía creer.
Pero te amé.
Y quizá eso sea lo único que nunca debiste haber puesto en duda.
Porque hay verdades que no dejan de serlo solo porque alguien no tuvo el valor de creer en ellas.
Y la nuestra…la nuestra fue verdad, incluso en los días en que ninguno de los dos supo reconocerla.
—Hazel C / Irrefutable
Te ofrezco a cambio todo el silencio que tu oído pide
que tu corazón pide
y de puntillas salgo de ti
Ama a quienes te aman cuando no tienes nada que ofrecerles más que tu compañía.