El arte del veraneo
I
Y Sun Tzol dijo: El veraneo es un asunto vital para cualquier persona. Sin veraneo, la vida carece de sentido. El verdadero arte del veraneo es someter al veraneante de enfrente sin luchar. Es correcto conocer al veraneante, pero antes, conócete a ti mismo. Si no te conoces a ti mismo, mírate en un espejo. Para veranear, hay que estudiar y respetar cinco conceptos: la doctrina, el tiempo, el terreno, el dinero y el despertador. El primer concepto es difícil de explicar, pero el resto se entiende con inteligencia e interés.
No prolongues demasiado el veraneo. Un veraneo eterno siempre lleva al cansancio y cualquiera que lo practique sucumbirá y se sentirá estafado; además desanimará a su familia y embotará su cuenta corriente. Veranea cuando el resto de veraneantes aún no estén preparados. La sorpresa siempre suma, sobre todo a la hora de coger sitio en una terraza o de plantar una toalla en la arena. El arte del veraneo es también el arte del engaño. La apariencia es indispensable para derrotar al resto de veraneantes y a quien trata de hacer negocio con el veraneo. Si engañas a tus rivales estivales, aprovecha para hacerles creer que son tus iguales, con tus mismos derechos. Si te dejas engañar, trata de que no se note. Si te mueves, muéstrate apático. Si te quedas quieto, aparenta dinamismo. Para alcanzar la victoria definitiva, preséntate como una levantera, muévete como una camarera neófita y defiende tus posiciones si estás en inferioridad. Por eso, un verdadero maestro del veraneo vence a sus contrincantes sin esfuerzo deshaciendo sus planes, conquista las playas sin asediarlas y destruye castillos de arena esperando solo a que suba la marea.
Quien sabe reconocer las dificultades de aparcamiento, alojamiento y emplazamiento en la playa las resolverá antes de que surjan. Quien no sepa, le surgirán tales dificultades sin capacidad de maniobra y dejará de disfrutar del verano. Y sin disfrutar del veraneo, la derrota es inapelable. Solo te quedaría el otoño.
II
Y Sun Tzol dijo: Hay siete preguntas que cualquier veraneante debe responder antes de trazar los planes de una campaña vacacional. ¿Qué veraneante es más sabio, rico y capaz? ¿Qué familia de vacaciones obtiene mayores ventajas y descuentos sobre el terreno? ¿En qué grupo vacacional se observan mejor las normas y las colas en la tienda? ¿Qué grupo turístico está mejor entrenado? ¿Qué familia otorga mayores propinas y cuál presenta más hojas de reclamaciones? Mediante el estudio de estas respuestas, un veraneante podrá discernir si el plan saldrá victorioso o, por el contrario, será derrotado y humillado. A nadie le agrada volver a casa con el sabor de unas vacaciones fracasadas.
Durante una misma campaña vacacional, no se debe movilizar a un mismo grupo dos veces seguidas. Esto quiere decir que, una vez se ha obtenido una victoria en un enclave turístico, no se debe volver a casa para que, al poco, retorne de nuevo al mismo lugar. En un primer momento, hay que suministrar alimentos al grupo veraneante. Suministrar alimentos dos o más veces en una misma campaña supondrá el empobrecimiento de toda la familia, con lo que emergerán revueltas y peticiones de destitución y divorcio sobre quien dirija la operación. Dicho empobrecimiento se debe al costoso transporte de suministros de un lugar a otro. Por ello, después de la primera victoria vacacional, hay que quitarle el alimento al grupo rival. Recuerda que el alimento da la felicidad, tanto como un aire acondicionado o un frigorífico con cerveza.
Cuando se agotan los recursos, se arruinan todas las familias veraneantes. En consecuencia, un veraneante inteligente sabrá aprovecharse de los recursos ajenos con presteza. Así pues, lo más importante de veranear es la victoria (haya testimonio gráfico en redes sociales o no) y no la persistencia. Esta última no es beneficiosa para nadie, salvo para el sector servicios autóctono. Por eso, el veraneo es como el fuego: si no lo apagas tú mismo, se consumirá por sí solo.
Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (10 y 24 de julio de 2023)










