Sofía.
Lo requerido por la secuencia es esto, andar completamente atentos, y luego desaparecer. El nombre, la procedencia de la idea, no tienen mayor privilegio. No recuerdo la última vez que esta existencia tuvo algo novedoso o próximo a la identidad, excluyendo el seudónimo de Sofia, ¡sí!, eso era por largos intervalos, o hasta donde la cordura se viese comprometida a la anormalidad. La mayoría del tiempo el apelativo de Sofía se mantenía anónimo. A ella le describiría en su comportamiento como la creación rítmica de la disciplina de no ser por su profunda juventud y capacidad de error. Sofía, particularmente inquieta, de pasiones inciertas. Insistiamos a la rutina y casualmente hablábamos sobre la gramática del hombre, de almas originales o del ímpetu moribundo del ente particularmente más poderoso. Prescindimos juntos del servicio de nuestra lógica, procrear caos fué un poco más sencillo después de ello... ahora el azar nos compromete en temporadas diferentes. ¿Existe alguna diferencia entre mi alma y Sofía?
👤: David Olarte
















