Ariadna Rojas: el rastro de la ausencia
Para la realización del análisis de obras de arte, se seleccionaron dos fotografías pertenecientes a la artista oaxaqueña Ariadna Rojas, quien ha participado en diversos seminarios sobre fotografías y prácticas artísticas contemporáneas. Es por ello que, se consideró necesario realizar un abordaje de la fotografía contemporánea en Oaxaca por medio del Método de Barret (1994) y así poder incurrir en la reflexión y apreciación que ha tenido el recorrido histórico de ésta disciplina en un contexto local, como lo es el oaxaqueño.
En la imagen 1, se observa una fotografía digital dispuesta para medios electrónicos, por lo que no posee medidas específicas. Dentro de ella se observa una construcción arquitectónica en el centro de la imagen, mientras que en el lado derecho se observa un andamio con polines equivalente en tamaño a la mitad del elemento central, es decir, de la construcción. En la atmósfera que encierra la construcción, es posible ver detrás de ésta, algunas superficies montañosas, y del lado izquierdo, algunos árboles, siguiendo con un cúmulo de grava, mismo que se coloca a la par de los espinos que están delante de la construcción arquitectónica.
El eje de la imagen y los elementos es horizontal, además de que las líneas que conforman la imagen son suaves y planas, sin embargo, la línea capta el volumen otorgando a las formas la profundidad que poseen respecto de la distancia en que la fotógrafa realizó la captura. La línea de composición dirige la mirada hacia el elemento central, al conducir la mirada hacia el centro de la imagen. Hay una relación entre las formas que permite dar cuenta de la relación entre el tamaño que existe con la construcción arquitectónica y los elementos del paisaje que la rodean. La paleta de color se centra en los colores neutros, predominando el tono grisáceo en todo el ambiente de la fotografía. La fotografía posee un tratamiento de luz que permite dirigirlo hacia los tonos fríos además de que, el cielo que captura, muestra una sobreexposición de luz, que hace que la superficie se observe totalmente blanca.
La imagen 2 muestra el frente de una construcción (casa) inconclusa, en donde se observa en primer plano el único protagonista visible que es el espacio sin terminar. La fotografía digital se encuentra en un plano horizontal y vista desde un encuadre de 3X3 la casa se ubica como plano central con una división entre el cielo y la superficie terrestre.
Se hace uso de una luz natural con una escala de tonalidades frías que representan un día nublado con un cielo completamente blanco por la saturación de nubes. Se puede distinguir un fondo montañoso que asemeja una zona rural semipoblada, la construcción parece probablemente un proyecto en primera fase “obra negra”que refiere al levantamiento de muros, techos y tuberías. Obra que de acuerdo con la autora de la obra fotográfica fue abandonada por diversos motivos y por lo tanto al abandono del proyecto casa habitable.
La serie Deshabitados forma parte de los proyectos fotográficos que ha realizado Ariadna Rojas a lo largo de diez años, por lo que, forman parte de un archivo biográfico/artístico que recupera en su sitio web denominado ariadnarojas.com, es importante mencionar que no incluye los datos de la fotografía.
La artista mediante el uso de significados perceptivos utiliza el espacio para aludir a la palabra casa y todo lo que integra el uso de la misma, desde el hecho de formar una familia y encontrar su propio espacio para ser nombrado hogar. Para la artista, una casa es una edificación construida para ser habitada, no obstante, en muchos casos sucede lo contrario.
A través de los elementos presentes, se determina una suerte de vacío o ausencia, ya que la construcción arquitectónica se encuentra inconclusa, pues existen algunos elementos que dan cuenta de ello, como la grava o el andamio que permanecen alrededor, como una prueba de esa inconclusión y la metáfora hacia lo suspendido, lo que quedó varado. Además de ello, en los colores y texturas del elemento central, se observa una construcción que quedó en obra negra, es decir, únicamente con el alisado de las paredes en color gris, sin un color que le brinde la calidad de concluido.
En los principios de composición, ésta se muestra en una orientación horizontal, además de que todos los elementos son geométricos y armoniosos, no parecen romper con el esquema, únicamente la contraposición se suscita en los materiales, al tratarse de un medio natural con una edificación en materiales duros. En este sentido es como la imagen toma una apariencia de deshabitado, algo que fue abandonado y que comienza a deteriorarse por el paso del tiempo.
Por otra parte, la luz se utiliza con algunos contrastes que permiten obtener esa atmósfera nostálgica de los tonos fríos, y también el tratamiento que se da al espacio es una captura de lo real. No hay movimiento, pues se engloba la imagen como un ente estático, desde los elementos hasta los medios utilizados. La perspectiva del espectador ocurre desde fuera, lo que hace que se vea como algo alejado.
En la interpretación que se puede brindar a la fotografía y desde algunas consideraciones que realiza la artista, la imagen se revela como una reflexión del fenómeno de la migración en México, y de cómo éste se ha reflejado en la transformación del paisaje de su lugar de origen debido a las casas que han de construir con las remesas provenientes de ellos.
Además de esto, retrata el hecho de que una edificación puede ser la prueba de una ausencia que trata de ser resuelta por la presencia de ésta. No obstante, en la mayoría de casos, son construcciones arquitectónicas que no concluyen, que han de quedar incompletas, ya sea porque el migrante se quedó en otro lugar, o porque simplemente, el vínculo con la familia de origen, desapareció.
Es importante mencionar también que el tipo de edificación que se construye, tiene que ver con aspiraciones de estatus social, pues las referencias para erigir esa nueva vivienda, se sustentan desde el impulso por mostrar el “sueño americano” que ha sido cumplido, así como dar a conocer que han logrado ser personas exitosas económicamente.
Juárez, J., Ramírez, B., López, M. & Ortega, G. (2018) reafirma:
Por ello, en los espacios expulsores de migrantes se edifican viviendas con dinero proveniente de las remesas con una imagen del lugar de inmigración laboral, con lo cual se han modificado las características socioarquitectónicas de la vivienda rural, así como la integridad del paisaje y la dinámica del modo de vida rural. (p.208)
Por otro lado, la casa se suscribe como la representación de las experiencias vividas, además de ser la prueba de los estatus socioeconómicos que se han alcanzado, de tal modo que, eso se traduce en la transformación de sus habitantes, del entorno físico y de las nociones que se conciben sobre la vivienda.
Plata, F. & Vizcarra, I. (2012) han de señalar que la distinción social que se busca en tres tipos de inversión: dinero, trabajo y afectividad, por lo que el migrante buscará tener una propiedad que haya construido con su esfuerzo pero que vaya más allá de un resguardo y protección familiar, para consumar el modelo de vida que ha deseado por tanto tiempo.
Las neoviviendas que son construidas en el entorno rural, llegan a ser un choque con el paisaje y la tradición arquitectónica en todas sus formas, dado que en la mayoría de veces los migrantes envían fotografías de lo que observaron en donde trabajaron o lo que se les hizo cercano, insertándolo en su comunidad, llegando a ser una versión distorsionada y kitsch del elemento verdadero.
La vivienda rural de migrantes, por sus características de diseño arquitectónico, no necesariamente corresponde a las necesidades de los habitantes de esta comunidad. Por ello, están sujetas a ser subutilizadas o deshabitadas; en el mejor de los casos, a que se conviertan en bodegas, corrales o graneros, y otras quedan inconclusas. (Juárez, et.al., 2018, p.218)
Reicher como se cita en Juárez, et.al., (2018) denomina al fenómeno de construir casas para no habitarlas como inversión improductiva de las remesas, pues supone un uso innecesario. Sin embargo, su explicación se encuentra enraizada en el hecho de que la inversión se hace a futuro, para visibilizar el estatus desde lo lejos que se pueda encontrar quien la pudo sustentar, pero sobre todo, para mostrar la migración de quien se fue al “Norte”.
La serie fotográfica de Ariadna Rojas es un claro ejemplo de que la simplicidad de una fotografía puede dar por sí misma múltiples de posibilidades interpretativas, todo a pesar de lo figurativa que resulte una imagen y que con una adecuada guía por parte del artista se puede definir por un mismo horizonte de lectura relacionado con un tema de interés social, como lo es la migración.
Actualmente la fotografía es un medio ideal para detener el tiempo tal cual sucede con las casas que se encuentran incompletas, abandonadas y estáticas en el tiempo, lo que confirma a la originalidad de la obra y los fines de la fotografía.
De acuerdo con Eduardo Sandoval, Rosa Román y Renato Alfaro (2013) el imaginario colectivo de las poblaciones de origen se encuentra mediado por el fenómeno de las remesas monetarias y culturales que mantienen con los migrantes, y por lo que observan e imaginan de los retornados, en interacciones cuyos universos simbólicos son diferentes, con valores y significados de sujetos con origen común pero con realidades distintas.
Es un imaginario colectivo, referenciado a la migración, pero expresado por individuos sociales, con un imaginario colectivo configurado por las realidades familiares, sociales objetivas y vivenciales en su pueblo, junto con las percepciones subjetivas que incorporan de diversas maneras, dependiendo de la condición que ocupan en el proceso migratorio.
Estos imaginarios en algunos casos tienen relación con la realidad en tanto que el migrante "exitoso" tiene en el presente trabajar, ahorrar, enviar remesas en sentido amplio, mantener vínculos familiares, construir o reconstruir su casa, y poner su negocio; todo ello en función del futuro familiar. Es decir, el imaginario se construye y reconstruye por los pensamientos, las ideas y las creencias que se tejen sobre el vivir en "el otro lado", pero también por lo que muchos retornados adquieren. De esta manera, el "sueño americano" se mantiene en función de dinero, carros, casas, buena ropa.
Un fenómeno interesante que expresan los autores de Familia y migración (2013) es el campo y la vivienda en general, ya que sigue siendo de tipo tradicional, construidas con adobe, techo de dos aguas, muchas con piso de tierra y de una planta en las zonas rurales de altas estadísticas migrantes, debido a que junto a ella también tiene presencia la nueva arquitectura de la habitación, que posee por lo menos con cuatro aspectos que considero reveladores: a) El significado y el simbolismo de la nueva arquitectura para los migrantes, sus familiares y la comunidad; b) El imaginario de los migrantes con sus nuevas construcciones que tienden a ser de tipo norteamericano; c) La utilización de los espacios en la nueva vivienda, es decir la transformación del hábitat cotidiano más inmediato, y d) La construcción, los tipos de materiales utilizados.
Algunos "jacales", casuchas, y la habitación de uno o dos cuartos han sido reemplazados por casas de dos y tres plantas, con 4, 5 o 6 recámaras, cada una con baño; la cocina ahora es amplia y tipo urbano; y los diseños son copiados de las viviendas norteamericanas; y otros son mezclas entre las viviendas de allá y las de latinoamérica. Las formas de vida en viviendas modernas son totalmente diferentes a las tradicionales, hay cambios de espacio y de la utilización del mismo, se modifican las formas de las interacciones entre las personas que habitan esa vivienda, redimensionando las relaciones de la familia al interior del hogar. El imaginario y la realidad sigue buscando mejores condiciones de vida, de patrimonio, de bienestar en las casas.
Lo tradicional y lo moderno en muchos casos coexisten, por lo que es común encontrar casas tipo americano en medio de otras que exhiben la tradición y la pobreza extrema. También se puede observar que algunas casas de la nueva arquitectura son utilizadas para dormir, criar vacas, cerdos, pollos y borregos. Las habitaciones no tienen camas, sino petates. Muchas otras casas se encuentran vacías. En fin, esas transformaciones de la vivienda producto de las remesas monetarias, culturales y simbólicas tienen mucho que decir; habitadas o vacías son un producto de cultura material que denota además del espacio y la vida doméstica, toda la reconfiguración cultural de las familias transnacionales.
Antropológicamente los autores Eduardo Sandoval, Rosa Román y Renato Alfaro (2013) consideran que hay un cambio profundo del pensar y del vivir en la nueva vivienda, la que sintetiza además toda una historia del o los migrantes; de los miembros que se fueron y los que se quedaron; del imaginario familiar y colectivo de la migración y el retorno; de lo tradicional y lo moderno; de lo vivido y del presente; de lo técnico y de lo artístico en la vivienda; y de la interrelación sociocultural de la familia con dos países y dos culturas. Estas viviendas también son referencias múltiples del proceso migratorio en sus situaciones de partidas y de retornos, así como de las dinámicas familiares que se circunscriben a las interacciones de la sociedad de origen y destino.
Las transformaciones que ocurren en la arquitectura de un entorno rural, tienen su razón en el abatimiento del aislamiento que posee por sí mismo, pues se pretende que a partir de la salida de los habitantes, pueda ser un puente para abrir cercanía con el medio urbano, insertando todo tipo de elementos al contexto físico y emocional de la comunidad.
Ariadna Rojas retrata de una manera fiel aquel discurso en el que la casa ha de encerrar significados y simbolismos desde lo que se observa en el material, la estaticidad de ésta, pero también lo efímero y perecedero que puede resultar lo deshabitado, pues aunque se haya creado por un deseo prematuro de éxito, termina por quedar inconcluso y el sueño americano habrá de ser una experiencia de fracaso más.
Boils, G. (2010) El envío de remesas como factor de cambio en la vivienda de la Mixteca Alta oaxaqueña. Dimensión antropológica. 49, 143-178.
Forero S., Reyes R.& Salas A. (2013). Familia y migración. México, Mexico: Editorial Miguel Ángel Porrúa. Recuperado de https://elibro.net/es/ereader/ulsaoaxaca/38662?.
Juárez, J., Ramírez, B., López, M. & Ortega, G. (2018) Transformación de la vivienda rural mexicana ante la migración. El caso de una localidad en Puebla, México. Revista de El Colegio de San Luis. 8 (16). 203-228.
Plata, F. & Vizcarra, I. (2012) Así construí “mi” casa: entre relaciones de género y el (otro) sueño americano de las parejas de migrantes mexicanos. Alteridades. 22 (44). 147-164.