Las paredes de mi cuarto son un cementerio de recuerdos, recuerdos de personas que tuvieron un espacio y tiempo en nuestra vida.
Cuando dejamos entrar a alguien a nuestro mundo, es por qué nos hace sentir en calma, queridas. Sabemos perfectamente que la estancia es temporal, por eso no dudamos en mostrar que su presencia es valorada, no sabemos el tiempo que será, y lo mal que terminará.
Nos despierta el deseo de aprender y compartir, por esa razón damos lo mejor de nosotras para que al irse esa persona, sienta que siempre fue valorada, su estancia será un aprendizaje para nosotras, se quedará una parte de ellos en nosotras, nos duele, como cualquier despedida, pero creemos que somos un puente, dónde tienen que pasar, porque somos un camino a su destino, solo un camino.
No nos importa entregar genuinamente nuestro amor en cada una de esas creaciones que les dedicamos, pero... por qué un cementerio?? Porque no siempre logramos ponerlos en sus manos, se van antes, y eso es lo que hace que su ausencia duela aún más, eso que hemos guardamos de nosotras para ellos no lo llevan, se quedan en nuestras manos. El tiempo es enemigo muchas veces, nos quedamos sosteniendonos a nosotras mismas, así que solo nos queda buscar un espacio en las paredes, no es la finalidad, que se queden , nos duele ver todas esas cosas que no podimos entregar, porque el tiempo siempre es cruel, nos hace creer que nos regalará más de esas personas, es de las cosas que no podemos negociar, aunque tiremos de él porque nos encanta estar acompañadas, si, sabemos que todo es temporal. Pero en silencio lo odiamos...
Odiamos no ser en destino.












