Lily James by Alexandre Tabaste for Madame Figaro Magazine

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YOU ARE THE REASON

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@dahlixmller
Lily James by Alexandre Tabaste for Madame Figaro Magazine
Debes lucir tan linda de rodillas
“Uh, ¿no lo sé? No hay espejos frente al altar donde oro.”
te quiero comer
“Eso es un crimen.”
Lo que más me gusta de ti es que eres como una monja pero atractiva :)
“…Esto me suena un poquito a discriminación contra las monjas.”
Siento que a veces te gusta demasiado estar dentro de la caja... Es decir, nunca sales de tu zona de confort y es realmente triste porque es cuando sales de la caja cuando aprendes y creces. Es como si no te gustara otra cosa más que tu comodidad y quedarte encerrada en esa cajita --- espero que algun día logrés salir de ahí y vueles un poco.
"Creo que todos estamos buscando nuestro ideal, ese espacio y rincón donde nos sentimos cómodos, donde podemos desarrollar las habilidades y características que queremos en nosotros mismos. Y creo que he encontrado ese lugar, o por lo menos estoy en camino de hacerlo. ¿Y no considero que sea algo malo? Pero de todos modos, gracias por tus deseos. Vienen con buena intención y es lo que cuenta.”
Gracias por ser más madre que mi propia mamá
“Yo— wow, me alegra muchísimo estar siendo ayuda, sea quien sea.”
Eres lo mejor que me ha pasado en la vida
“Estoy segura que exageras, pero ay, muchas gracias.”
Anonymously tell my muse something you'd never say to their face.
@dahlixmller
charlcsx:
no profesa la palabra del ser en el que no cree, tal vez reconozca su existencia, pero nunca la considerara propia ni mucho menos permitirá que tome sus cargas; pues él mismo le ha enviado a los reinos de una serpiente, un demonio de sangre fría, rey de las tinieblas que ha permitido que aquel joven se apoye firmemente en su hombro. el diablo no tenía nada en contra de él, pero no era para nada justo que en su camino se encontrase con fémina de tez comparada con agua bendita, intocable para él, luz propia que lo sega, que llama su atención sin mucho esfuerzo más que el de una sonrisa, esa misma que ahora puede visualizar. ‘ lo eres, dahlia, realmente lo eres. eres tan buena.’ su lengua se enreda en el proceso, la distancia es algo que guarda, pero la honestidad, definitivamente es lo que no puede abandonar, no puede limitar, los deseos más profundos renacen. ‘ estoy más que bien, no tienes nada por qué preocuparte.’ asiente, completamente seguro de lo que expresa, pese a que esté fuera de lugar. ‘ sólo he bebido un poco, ¿no quieres? ’
Se debatía, ahora que podía entender la fuente de las súbitas declaraciones, entre la gracia y la modestia. La última decoraba dermis en las mejillas de tono rosa, delator color de lo poco preparada que estaba para tales discursos, y la primera le obligaba a presionar labios uno contra otro, reprimiendo la sonrisa divertida que luchaba por salir. Buscaba mantener relaciones afables con los padres de sus estudiantes, obligados no solo por la relación escolar sino por la estrechez de aquel pueblo, por lo que gracia bailaba en su semblante. Se preguntaba que pensaría el hombre cuando estuviese sobrio. “Gracias, Charlie, en serio.” Decidió tomarse con seriedad la frase opuesta, ya que parecía ser lo que deseaba comunicarle, y le sonrió. “No estoy muy acostumbrada a tomar alcohol, lo siento. Pero puedo acompañarte a tomar un poco de agua. ¿Qué opinas?” Esperaba que le dijese que sí, a pesar de que le había asegurado que no estaba tan ebrio. Entonces, tras considerarlo por un momento, le tendió el brazo en una propuesta tácita.
tzjulen:
[ Ϟ ] there’s a storm going on and our muses are stuck together in a house the church. @dahlixmller
El camino a casa parecía invadido de pequeñas gotas, llovizna ligera que no le molesto para nada hasta que con el paso de los minutos se volvió intensa, trayendo consigo un firmamento grisáceo, tétrico. Sus fanales esmeralda buscaron un refugio momentáneo, algún lugar para quedarse al menos hasta que se calme la inesperada tormenta, y cómo si fuera arte de magia aquél lugar indiferente simpatizó con él. Caminó hasta la entrada, con una arquitectura que le permitía no darse el lujo de meterse, simplemente admirar con lujo de detalle como la ciudad se tapizaba en lobreguez. El frío, el hastío y el inesperado cambio de planes le impidió notar que había otra figura que lo acompañaba (y seguro juzgaba en silencio) por lo que fue inevitable no disimular la sorpresa e incomodidad que arraso sin piedad su cuerpo. “Eh…hola.” Suelta en un titubeo más que notorio, acompañado de una mueca que busca parecerse a una sonrisa.
Tiempo esfumado entre diversas tareas dentro del recinto religioso, charlas amenas, oración dedicada de rodillas frente al altar. Sentía la necesidad de acudir al templo aquel día más que cualquier otro, con la tranquilidad que invadía alma tras treguas pacificas, pesos elevados e su espalda mientras otros eran colocados allí, preocupaciones por el pueblo en general que la condenaban a la plegaria. Para cuando observó la hora era tarde, y en el ajetreo de recoger y salir solo notó la lluvia cuando fue inevitable. De pie ante el telón de agua, sus hombros descendieron, impotente. Una idea comenzó a surcar mente cuando una segunda figura se acercó, identidad desvelada solo al tenerle cerca. “Hola.” Dijo de vuelta, presa de la misma incomodidad que el hombre sentía. “Um, ¿atrapado?” Señaló con la cabeza la lluvia, modales innatos los que resonaron entonces, haciéndole hablar, buscar una conversación efímera al verse atrapados bajo el mismo fenómeno. “Es... posible que hayan paraguas dentro, por algún lado.” Tentativa la oferta; la silueta masculina podía no convencerle del todo, pero bajo las narices de la iglesia sentía la necesidad de hacerle frente a su inclinación servicial.
scmantha:
familiar tonalidad se cuela en sus oídos, cuerpo se incorpora y brazos se estiran a los costados, buscando deshacerse de aquella incómoda posición en la que había caído rendida ante el sueño. “dahlia —no, no, tranquila. no interrumpes.” asegura, suave sonrisa acaricia facciones. quizás interrumpía, pero a fin de cuentas, ella era la que estaba cometiendo una falta, no la menor. “ven, siéntate, puedo hacer café ¿sucede algo o…?” deja opción en el aire, se levanta de su silla para encender máquina de café, aquella que había comprado para su oficina ella misma, para días como aquellos.
Pequeño brote ansioso extinguido por la rapidez de respuesta contraria, no podía dejar de sentirse culpable por alejarla de una siesta que probablemente necesitara, pero el daño ya había sido realizado. Cerró la puerta tras de sí, una sonrisa educada en labios mientras tomaba asiento. “Un café estaría perfecto, sí, gracias.” Papeles acunados contra pecho depositados entonces en el regazo, siguió a la rubia con los ojos en lo que escuchaba cuestionamientos. “No sucede nada— o, bueno...” palabras muertas sobre lengua, buscaba la mejor manera de expresarse, aunque sin demasiado resultado. Con un suspiro se inclinó ligeramente hacia delante en el asiento. “Solo quería preguntar por tu opinión. El ánimo en los cursos de los niños más grandes ha ido decayendo, con todo lo que ha pasado.” Suave negación de la cabeza, volvió a descansar la espalda contra la silla. “Quisiera hacer algo para ayudar a animarlos, mantener la esperanza viva, pero no sé qué hacer exactamente.”
vghdunn:
Escala lentamente la idea —la de indagar sobre nociones de tal naturaleza sencilla, la posibilidad de deshabitarse y notar que queda como un idiota—. Y por ello encoge los hombros, como quien se arrepiente muy en el interior de haber abierto aquellos signos de interrogación. “Algunas personas siempre tienen motivos para todo, ya sabes…” lento el carraspeo, un nudo que se desmigaja lentamente por la ausencia de saliva en garganta, una boca desierto. Y no lo quiere decir con los labios (suave invocar un por qué) pues sería cometer mismo error, golpear misma pared de hace tan sólo segundos y, en parte, porque teorías germinan débilmente en el jardín mental propio. “Si es por haberte ayudado esa noche, Dahlia, no es que tengas una deuda ni nada por el estilo, de verdad” sinhueso en movimiento, un cántico de lamento prematuro busca detener el hilo de palabras, pero simplemente fluyen, no es hostilidad ni frialdad, escapan casuales y en deseo de no cargar compromisos. Puede brillar delante de sus ojos con una intensidad seráfica y sin embargo no va a ver, venda intangible le prohíbe aceptar mundanos con innatas buenas intenciones. “Estuve ahí… fue raro, lo del apagón digo, a muchos les corto el juego, creo” observador de movimientos ajenos, sus manos ceden al deseo de limpieza al usar viejo pañuelo en bolsillo trasero, una última mirada es dedicada a las flores que ahora descansan listas para corte y ramificación en tierra santa. Acostumbrado a vestigios tierra y escena mugrienta, no le es sacrificio resignarse a la compañía. “Teoría interesante… pero tanto los muertos como los vivos pueden sentirse igual o peor sin importar temporada” humedece sus labios, terreno que sufre consecuencias directas de las brisas heladas, trópico que entabla desde una simple perspectiva de observador nato, saben bien las tumbas abandonadas de la veracidad de la oración masculina, afortunada tragedia aquella que descansa en idéntico apellido, el templo posiblemente mejor cuidado entre el gris de las lapidas. “Hm, sí, podemos hasta armar un ramo” mano diestra comete el accionar, arrastra cajón donde elementos reposan inertes. “Habría que cortarlas un poco, son de las que se usan para sembrar”.
Los delgados hombros se elevaron como respuesta, comedida la sonrisa que honra labios. “Bueno, soy una persona simple.” Vocablos que poseían gusto a honestidad, y también amargos. Su realidad, que portaba como bandera contra todo quien quisiera mirarla, conocerla. Profesaba de no tener dobles intenciones, de ser por dentro lo mismo que proyectaba en exterior, y quizás era aquella también su gran desventaja. La mirada eclipsada en movimiento vertical por palabras foráneas, sus pensamientos expuestos al gélido aire de invierno le brindaron oportunidad de pensar, por algunos segundos, intentar encontrar motivos para sí misma. “Quizás no, pero… eres mi amigo.” Era aliento capturado el que escapaba junto a las palabras, cierta expectativa por reacción contraria. “Y quiero pensar que soy tu amiga, también. Ayudarnos entre sí es lo normal, así como preocuparnos, querer saber como está el otro…” enumeraba en casi cómico intento de alivianar la confesión, que, pensaba, no debería ir siquiera acompañada de aquel sentimiento de atrevimiento. Hacía bastante tiempo que su presencia se había convertido en constante, no solo en sus visitas al desolado cementerio, sino en el pueblo, en sus pensamientos, en las plegarias de domingo. “Había tormenta esa noche, y el clima no ha mejorado mucho desde entonces. Parece que será un difícil invierno.” Por lo menos su inclemencia no había provocado otra falla en la electricidad, nada podía llamarse tan drástico como lo vivido durante la tradicional gala. Descansó rodillas contra tierra, manos colocadas sobre el manto del regazo, y los ojos buscaron el rostro ajeno una vez más, sonrisa leve en el perfil. “Tienes razón, sí, pero no puedes negar que en estas épocas es la soledad quien prima.”Evidenciado por la carencia de otras presencias en tierra sagrada, escondidas del frío, o quizás de sus mismos pensamientos durante duro período. A veces sentía que al visitar aquel lugar no solo homenajeaba a la hermana extinguida, sino que acompañaba de alguna forma a los demás ocupantes. “¿En serio?” elevado el tono de voz, un cambio de lo lúgubre de segundos atrás, curva floreciendo con energía. “No quise molestar a Will hoy, estaba ocupada con los niños… gracias, Vaughn.” La experta en flores era la amiga, pero algo había aprendido con el tiempo, a reconocer buenos pétalos donde los veía, combinar colores. Sin embargo el hombre a su lado era el experimentado, y dejó la confección en sus manos.
rettsg:
“Conozco más de un maestro que te lo discutiría.” la sonrisa está ahí. “Si tan solo hubieras sido mi profesora de química en la secundaria… me cuesta imaginarte siquiera levantándole la voz a un niño problemático.” la asignatura que menciona le ha dado más de un dolor de cabeza durante su adolescencia, incluso antes del último año (donde todas sus notas cayeron cual piezas de dominó) esa calificación le traía problemas. En un comienzo culpaba a la encargada de la clase y cierta poca profesionalidad de su parte, pero los años siguientes se ocuparon de demostrar que el problema personal latía con la asignatura en sí. “Será un honor, mientras no rompan nada.” broma que va y viene, apatía (esa mezclada por la sensación de encierro que lo acompaña a todos lados) deteriorada ante las sonrisas que intercambian. “Bien, bien.” dos asentimientos de cabeza buscan llenar el vacío de palabras siguientes, convencer(se). “Poco a poco la casa está volviendo a la forma caótica que tenía antes de que se mudara.” se le ocurre agregar. “Pero si hablas con ella no le menciones esa parte, temo que no regrese.” Sonríe frente a la respuesta femenina, sacudiendo el rostro de forma casi imperceptible: “Ojalá que no, necesitamos más tiempo o no se salvaría nadie de Derry.”
Imposible evitar el escape de una carcajada, mano libre que cubrió los labios en un intento por disimular la diversión en su rostro. “De haber sido tu maestra de química no tendrías ningún conocimiento útil de la materia, soy un desastre en ciencias.” Verdad escapándose humilde de entre sus labios, su preferencia siempre había estado en trabajar con niños en conocimientos elementales, o al menos inclinados a la lengua. “Hay otros medios para tratar con niños diferentes a los demás.” Dijo entonces, no queriendo sonar como si se estuviese alabando a sí misma; simplemente deseaba ser una maestra diferente a aquellos que le tocó ver durante su propia etapa estudiantil. Sonrisa prendada de los labios, se movieron sus hombros en gracia ante la continuación de la broma, y fue cuando negó suavemente con la cabeza, rompiendo un poco la distancia entre sus siluetas para chocar brevemente su hombro con el ajeno, apenas un movimiento suave. “Vamos, estoy segura que aun si incendias la casa Aspen volvería. Pero si necesitas ayuda ordenando un poco antes de su regreso puedes avisarme.” Ofreció, retomando su lugar, y al mirar al frente pudo divisar el comienzo de la cuadra donde yacía el hogar de descanso para almas. “Confío en la benevolencia de nuestro Señor, sea cuando sea el Juicio.” Expresión ahora más modesta, como siempre que era un tema tan serio como aquel el abordado. “Ahí está el cementerio.” Señaló, usando la barbilla. “Gracias por acompañarme, Rett, de verdad.”
marcnox:
@dahlixmller : [ ღ ] my muse makes an attempt to cheer your muse up.
Preocupación / apuro, sentimientos que inundan a la blonda que silente observa la expresión que baña a su amiga. Un ser que es portador de pura luz, alegría y fe. ❛ Dahli.. ❜ un pedido que aunque tácito mantenía un tono suave. Conversación que había evolucionado alrededor de un aura tensa / extraña. Desea ayudarla, como tantas veces la receptora escuchó sus tristezas ocultas, pero como en todo, no es exactamente la indicada. ❛ ¿Me quieres contar qué sucede? ❜
Lo inusual se había convertido en ley es día: silencio. Pesado, lúgubre, que enmascaraba la acostumbrada expresión afable para sus garras de tristeza. Era un peso como yunque sobre el pecho, que aprisionaba, robaba esperanzas. “Es solo...” la voz se le cortó, atrapada en su garganta junto a todo lo demás, y dirigió la mirada hacia su regazo en busca de una forma para expresarse, dejar de preocupar a la menor. “Pienso en Peony. Con todo lo que ha pasado— no puedo dejar de pensar en ella.” era muchísimo mas; pero le resultaba más sencillo simplificarlo todo en la figura que vivía en su mente, el rostro que solo existía ahora en fotografías.
gaelsbyrn:
@dahlixmller asked for [ ◐ ] my muse is having a sleepover with your muse
“¿Segura que la calefacción está prendida?” posiblemente la tercera vez que aquella interrogante brota de los labios masculinos, pareciera que el espíritu infantil de aquella que se balancea de aquí para allá usando sus brazos de polea se le ha contagiado totalmente, su carcajada es estridente y despreocupada con respecto a la posibilidad de destrozos logrados por culpa de la tempestad climática, lo único que da júbilo e interesa es que al mecerse en brazos masculinos es casi capaz de tocar el mismo techo de la casa. “Al menos si la maestra Müller nos va a tener aquí secuestrados nos tendría que hacer chocolate caliente, creo yo…”
“Está encendida, y está al máximo”. Confirmó, de reojo la mirada entregada al súbito huésped y su versión más pequeña, cualquier molestia por la repetición de la misma pregunta esfumada ante la alegría de su estudiante, regocijo inocente el que resonaba por las paredes del apartamento. Los labios se curvaron en una sonrisa y abandonó su lugar junto a la ventana, desde donde observaba el infierno nevado de las afueras. “Colette sabe que no soy responsable por los cambios repentinos del clima, solo Elsa controla la nieve, ¿cierto?” Falanges recorriendo coronilla dorada en enternecida caricia, la sugerencia captó su atención, casi imperceptible la negación de la cabeza. “¿También te gustarían galletas?” parecía cuestión dirigida al adulto, pero la mirada afable se encontraba enfocada en la niña, segundos después descendiendo el cuerpo a la altura de la menor. “¿Qué tal si tú, Millie y Ben eligen alguna película para mirar? Será una pijamada.” y al ver la menuda figura desaparecer por el pasillo recuperó posición original, enfocada ahora en quien había quedado atrapado allí. “¿Vas a ayudarme con el chocolate o prefieres preparar el sillón para la fiesta?” contuvo las ganas de sonreír, entonces, al presionar los labios contra sí.
charlcsx:
[ ◈ ] my muse makes a drunk confession to your muse. ( @dahlixmller )
‘ dahlia, oh, dahlia.’ canturreo socarrón es el que viene de carmines flojos, mientras se aproxima a la fémina que desde un principio le ha llamado la atención y que ahora se ha robado los cerúleos que, difícilmente, se apartan de ella. ‘ eres espectacular, completamente preciosa y demonios, hope te adora.’ relame su inferior. ‘ eres como una clase de maravilla, a veces dudo de que realmente seas humana y no un ángel.’
Atención eclipsada por su nombre en labios foráneos, familiar el rostro que se acercaba, y a punto de lucir una sonrisa para dar la bienvenida a la presencia masculina cuando el resto de vocablos llegaron a sus oídos,provocando, inevitablemente, la aparición de tono rosado sobre sus mejillas. “Ah, gra—gracias.” ¿Qué más podría decir? La vergüenza la tomó de la mano, distrayendo entonces al esconder un par de flecos rubios tras su oreja, buscando algo de tiempo para responder. “Te aseguro que no soy un ángel, y bueno, es un placer caerle bien a Hope. Es un niña estupenda.” Amabilidad en sus palabras, había sinceridad allí también, pero continuaba sintiendo sorpresa por las súbitas frases. “¿Estás... bien?” quiso saber entonces, la cercanía delatando aroma reconocible. “Hueles a alcohol.” Última frase susurrada, como quien profesa un secreto.