“de hecho… estaba pensando en ir a visitar a teo. no ahora, pero quizás en unas semanas.” alza apenas los hombros, idea que ha cruzado pensamientos, más que por extrañar figura masculina, se trataba de un descanso, de necesitar un momento para alejarse de todo, de todos. se encontraba agobiada, y creía que una de las maneras de mejorar aquello era largarse del pueblo por unos días. incluso, consideró la idea de regresar a cuba por una semana, disfrutar de sus playas, de la gente, visitar a viejos amigos. no había decidido nada aún, pero era algo que había comenzado a contemplar; y a medida que los días pasaban, se convertía en una idea más tentadora. suave risita abandona pétalos al escucharle, sin embargo, rechaza el aparato ofrecido, ya que tenía una foto ella en compañía del joven en su propio celular. es por eso que se propone buscarla, momentos después extiende el aparato en dirección a la menor. “cuida los comentarios.” índice señala rostro impropio, burla evidente al hablar. vuelve a tomar la taza que ha dejado momentáneamente sobre la mesa frente al sofá, cerámica acaricia sus labios una vez más. “insisto, no es un regaño.” alza los hombros, se ríe de la situación sin realmente emitir carcajadas. la mención del joven latinoamericano provoca que presione sus labios entre sí, su hermana tenía un punto, pero era distinto. por lo menos, ella lo veía de esa manera. “primero que nada, ¿quién dijo que soy heterosexual?” inquiere, mirada se entrecierra, nunca se había considerado de esa manera, a fin de cuentas, había estado con mujeres tanto como con hombres. “—pero ese no es el punto. no puedo asegurar que nada sucederá entre nath y yo, pero tampoco es algo que busque. somos amigos, y yo acostándome con mis amigos no suele terminar bien… así que creo que es mejor que saques esas ideas de tu cabecita.” rueda los ojos, finge tratarla como si fuese pequeña, consciente de que no lo es. “a no ser que estés hablando por experiencia propia.” sutil cuestionamiento se disfraza en broma, no sabe si la menor ha tenido relaciones aún o no, y tampoco busca preguntarle de manera directa. es algo personal, nunca buscará que se lo comente si ella no quiere hacerlo.
Curvatura que centella comienza apagarse, se disipa sobre carmines en menguado lapso; sorpresa sobre pronta partida que ha ocupado lugar en lienzo, era conocedora de aquel cariño semejante que compartían, mas jamás imagino cuánto necesitaba ella de él, lo mucho que dañaba la ausencia del de hebras doradas. Relamió fauces y obsequió sonrisa, pensamiento que se torna pasajero. “¡Perfecto!” Teatral exclamación, incisivos que se exhiben con comicidad algo forzada, mas bien interpretada. “Ya tienes de dónde traerme el primer subvenir.” Suelta por fin, cual aquella pieza extraviada del rompecabezas al fin hubiese sido hallada, con esos aires de victoria chispeando sobre lengua. No obstante, atención cae sobre aparato contrario tan pronto es rechazado el propio, curiosidad que guía al extremo diestro a olvidarse del suyo y tomar posesión del ajeno contemplando en consecuencia aquella fotografía de un Nathanael mayor, maduro. Las palabras femeninas se cuelan por canal auditivo, consiguen que una sonrisa se reprima y que todo comentario también, en su lugar sólo ofreció dádiva de mohín, un leve asentimiento mientras luna menguante invertida adornaba; aspaviento de aquello que había hallado como incluso atractivo, era un nada mal bosquejándose sin labia mientras móvil es devuelto. Lo que continua, sin embargo, es un cantarín gracejo, posible que nunca descartó pero jamás se formó en mente debido a la insistencia que su madre tenía a encontrarle parejas masculinas a la más grande. “Mamá… Bueno, no directamente, pero siempre quiere que traigas un esposo — aunque si no lo eres, puedes olvidar lo que dije y en su lugar mostrarme una foto de tu futura esposa para ver qué tan linda es.” Oración que se tiñe de broma, que exhibe la conformidad y comodidad que invade respecto tales porvenires sin confirmación alguna. Al fin de cuentas, no podía evadir culpas; labios de amistades femeninos también habían sido juguete en noches de libertad. “Yo no tengo que sacarme ideas,” Palmas se elevan, se limpia de malicia alguna, gesto que cae en lo ameno. “esa eres tú… Y también eres tú quién tiene que creerse el discursito que acabas de darme.” Acota, por supuesto, la gracia en todo momento acompañando prosas. Incluso la misma da alusión de intensificarse una vez expuestas las últimas palabras de la de hebras doradas, curvatura en carmines que roza confines de picardía se pincela sobre canvás, porcelana tibia es envuelta con sus dedos. “¿Experiencia? No seas tonta, yo no sé de experiencia… pero no significa que sea ignorante.” Labios besan cerámica mientras son sus orbes quienes contemplan juguetones, aires de secreto chispeando en aquella imagen que obsequia adrede; prefiere entonces la evasiva, un engaño que bien interpreta, juega con hilos de inocencia porque encuentra en ellos la salvación a una seguidilla de interrogantes, de cuestiones y explicaciones que para entonces pintaban de martirio.