Estúpido América.
Somos dos, entonces. Yo también nací ahí, en Portlan para ser exactos.— Se encogió de hombros mientras acompañaba la risa del castaño.— Lo sé, los niños son siempre los primeros en caer, lo cual algunas veces llega a ser un alivio, aunque también son bastante adorables cuando duermen.— Sonrió y negó.— No, igual me lo pasé en mi departamento, con una maratón de películas de acción y después también leí un libro, ha decir verdad, tampoco cené nada de lo que acostumbran… solo lo normal.— Hizo una breve pausa— Supongo que fue bastante genial pasarla con alguien y más con alguien que es tu familia, ¿no es así?
¿Oregon, verdad? Estuve allí hace varios años cuando jugaba al baloncesto, era muy joven la verdad. —Sonrió, recordando con cierta melancolía aquellos años.—Con mi sobrino no puedo tener queja, rara vez es la que llora o se despierta en mitad de la noche, soy su tío y sería extraño que no dijese nada bueno de él, pero de verdad es como un ángel.—Se le hacía la boca agua al hablar del pequeño Marcell y no quería reconocerlo, jamás se habría imaginado de esta manera.—¡Si lo llego a saber llamaba a tu timbre y veíamos las películas juntos! Habría sido más entretenido. —Comentó sonriente.—Sí, bueno, la verdad es que si estas con alguien a quien quieres, siempre es agradable.












