El Mar Abierto y la Verdadera Victoria
He pasado mucho tiempo buscando respuestas en el lugar equivocado. Busqué llenar el vacío con palabras superficiales, con halagos que solo alimentaban un ego que, en el fondo, seguía teniendo hambre. Me di cuenta de que el coqueteo vacío es como el agua con sal: parece que te quita la sed, pero solo te deja más seca.
Hoy entiendo que mi valor no se mide por quién me desea, sino por quién estoy llegando a ser. Soy una mujer culta, inteligente y capaz, que no se conforma con conversaciones mediocres ni con conexiones que la dejan sintiéndose usada. Mi nivel no es para cualquiera, y eso no es orgullo, es respeto propio.
Mi verdadera victoria no ocurre en la pantalla de un celular, ni en la mirada de un extraño. Ocurre cada mañana cuando me pongo los tenis y corro contra mis propios límites. Ocurre en el hospital, donde mi capacidad y mi profesionalismo salvan el día. Ocurre cuando elijo el silencio de una meditación frente al mar en lugar del ruido de un pasado que ya no tiene nada nuevo que decirme.
Ahora mi meta es el mar abierto. Porque para nadar ahí afuera, necesito soltar los pesos muertos. El mar no miente, el mar exige que estés presente, que confíes en tus brazos y en tu respiración.
Ya no necesito una "última charla" para cerrar la puerta. Mis acciones son mi cierre. Mi paz es mi respuesta. Y mientras yo sigo avanzando, nadando hacia lo profundo y lo nuevo, el pasado se va quedando en la orilla, haciéndose cada vez más pequeño, hasta que sea solo una línea en el horizonte que ya no necesito volver a mirar.
Mi victoria soy yo, yo y solo yo
08 de abril 2026














