Sé que estas palabras no van a atravesarte, ni ninguna otra que salga de mi. Quizás algún día comprendas mis palabras, lo cual dudo muchísimo a estas alturas.
Lamento mucho todo lo que sos. En lo que te convertiste. Lamento mucho haberte tenido Fe en algún momento de mi vida. Sos todo de lo que siempre quise huir. Tus demonios son mis demonios,tus miedos son los míos, tus golpes son los míos. Cada grito tuyo retumba en mi mente como si se tratase de balas revoloteando en mi cien. No sé si te pasará lo mismo con mis lágrimas, aunque es poco probable.
Tu enojo es el cuchillo que me clavás en el pecho. Que me atraviesa el alma y la deja cada vez más moribunda, más abandonada, sola. Rota.
Me hacés cargar con la culpa otra vez, de no poder soportar tu ira asesina,tu ego sediento de dolor ajeno.
Nos estás lastimando. Nos estas matando.
Esto es por lo que me alejé de vos.
Matarte no es, ni nunca va a hacer una forma de pedirme perdón.
Tuve que dejar muchas cosas atrás para estar mejor.
No tenes limites, y pretendías ponermelos a mi. Qué difícil.
No se puede papá,tenés que resolver muchas cosas en tu cabeza. Ya me hiciste sufrir demasiado. Y se muy bien que te preguntarás “sufrir qué?”, porque conozco tu nula empatia; porqué sé que no podés ponerte en el lugar de nadie.
Soy demasiado joven para vivir todo lo que me tocó vivir, papá.
Soy demasiado frágil para aguantar.
No sabés pedir perdón, o mejor dicho, no querés. No lo sentís. No sentís que hayas hecho algo mal. No sentís haberme hecho quién soy.
Cuando descubrí que tus miserias, no eran más que la manera en que mis ojos miraban los pedazos que yo no prefería, respiré profundo y limpio.
No tengo ningún trabajo por hacer.
Pedirte que cambies la dirección de los lugares donde vos gozás, es esperar que la punta de la flecha vaya para tu pecho y no para el mío.
Si a vos no te duele quién sos, que me duela a mí, me impone la tarea de retirarme. Distinto y muy distinto, es pedirte que te vayas vos.
A mí muchas veces me acusaron de vivir en la luna, y confieso que uno no entiende la pena que se le imputa, cuando no cree estar arrastrando a nadie a ningún lugar.
Uno es donde quiere y puede serlo.
Y yo vivo donde elijo. Y sé, perfectamente, que en el medio del camino hasta mi casa, fui perdiendo muchos vínculos que me pedían tierra.
Pero tierra nada.
Perderé lo que tenga que perder. Pero yo me voy a dónde Soy.
Donde toco mí identidad con la punta de mis manos.
Donde vos, no estés ahí para lastimarme.