Les 400 Truffaut's

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Les 400 Truffaut's
Me extraño...
🌙. 🌞🌟.
Utagawa kuniyoshi (1797-1861) Gracias por tanto Japón. 😍
Asnos estúpidos.
Naron, de la longeva raza rigeliana, era el cuarto de su estirpe que llevaba los anales galácticos. Tenía en su poder el gran libro que contenía la lista de las numerosas razas de todas las galaxias que habían adquirido el don de la inteligencia, y el libro, mucho menor, en el que figuraban las que habían llegado a la madurez y poseían méritos para formar parte de la Federación Galáctica. En el primer libro habían tachado algunos nombres anotados con anterioridad: los de las razas que, por el motivo que fuere, habían fracasado. La mala fortuna, las deficiencias bioquímicas o biofísicas, la falta de adaptación social se cobraban su tributo. Sin embargo, en el libro pequeño nunca se había tenido que tachar ninguno de los nombres anotados. En aquel momento, Naron, enormemente corpulento e increíblemente anciano, levantó la vista al notar que se acercaba un mensajero. -Naron -saludó el mensajero-. ¡Gran Señor! -Bueno, bueno, ¿qué hay? Menos ceremonias. -Otro grupo de organismos ha llegado a la madurez. -Estupendo, estupendo. Hoy en día ascienden muy aprisa. Apenas pasa año sin que llegue un grupo nuevo. ¿Quiénes son? El mensajero dio el número clave de la galaxia y las coordenadas del mundo en cuestión. -Ah, sí -dijo Naron- lo conozco. Y con buena letra cursiva anotó el dato en el primer libro, trasladando luego el nombre del planeta al segundo. Utilizaba, como de costumbre, el nombre bajo el cual era conocido el planeta por la fracción más numerosa de sus propios habitantes. Escribió, pues: La Tierra. -Estas criaturas nuevas -dijo luego- han establecido un récord. Ningún otro grupo ha pasado tan rápidamente de la inteligencia a la madurez. No será una equivocación, espero. -De ningún modo, señor -respondió el mensajero. -Han llegado al conocimiento de la energía termonuclear, ¿no es cierto? -Sí, señor. -Bien, ese es el requisito -Naron soltó una risita-. Sus naves sondearán pronto el espacio y se pondrán en contacto con la Federación. -En realidad, señor -dijo el mensajero con renuencia-, los observadores nos comunican que todavía no han penetrado en el espacio. Naron se quedó atónito. -¿Ni poco ni mucho? ¿No tienen siquiera una estación espacial? -Todavía no, señor. -Pero si poseen la energía termonuclear, ¿dónde realizan las pruebas y las explosiones? -En su propio planeta, señor. Naron se irguió en sus seis metros de estatura y tronó: -¡¿En su propio planeta?! -Si, señor. Con gesto pausado, Naron sacó la pluma y tachó con una raya la última anotación en el libro pequeño. Era un hecho sin precedentes; pero es que Naron era muy sabio y capaz de ver lo inevitable, como nadie, en la galaxia. -¡Asnos estúpidos! -murmuró. – Isaac Asimov.
Ofelia.
I En las aguas profundas que acunan las estrellas, blanca y cándida, Ofelia flota como un gran lilio, flota tan lentamente, recostada en sus velos… cuando tocan a muerte en el bosque lejano.
Hace ya miles de años que la pálida Ofelia pasa, fantasma blanco por el gran río negro; más de mil años ya que su suave locura murmura su tonada en el aire nocturno.
El viento, cual corola, sus senos acaricia y despliega, acunado, su velamen azul; los sauces temblorosos lloran contra sus hombros y por su frente en sueños, la espadaña se pliega.
Los rizados nenúfares suspiran a su lado, mientras ella despierta, en el dormido aliso, un nido del que surge un mínimo temblor… y un canto, en oros, cae del cielo misterioso.
II
¡Oh tristísima Ofelia, bella como la nieve, muerta cuando eras niña, llevada por el río! Y es que los fríos vientos que caen de Noruega te habían susurrado la adusta libertad.
Y es que un arcano soplo, al blandir tu melena, en tu mente transpuesta metió voces extrañas; y es que tu corazón escuchaba el lamento de la Naturaleza - son de árboles y noches.
Y es que la voz del mar, como inmenso jadeo rompió tu corazón manso y tierno de niña; y es que un día de abril, un bello infante pálido, un loco misterioso, a tus pies se sentó.
Cielo, Amor, Libertad: ¡qué sueño, oh pobre Loca! Te fundías en él como nieve en el fuego; tus visiones, enormes, ahogaban tu palabra. -Y el terrible Infinito espantó tu ojo azul.
III
Y el poeta nos dice que en la noche estrellada vienes a recoger las flores que cortaste, y que ha visto en el agua, recostada en sus velos, a la cándida Ofelia flotar, como un gran lis.
– Arthur Rimbaud.
She wore blue velvet, bluer than velvet was the night, softer than satin was the light, from the stars…
Pic 2017
“I like to make films because I like to go into another world. I like to get lose into another world. And film to me is a magical medium that makes you dream.”
Happy Birthday Mr. Lynch
¿Ser o no ser?... Ésa es la cuestión. ¿Cuál es más digna acción del ánimo, sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, u oponer los brazos a este torrente de calamidades, y darlas fin con atrevida resistencia? Morir es dormir. ¿No más? ¿Y por un sueño, diremos, las aflicciones se acabaron y los dolores sin número, patrimonio de nuestra débil naturaleza?… Este es un término que deberíamos solicitar con ansia. Morir es dormir… y tal vez soñar.
Hamlet. William Shakespeare
Con diecisiete años, no puedes ser formal.
-¡Una tarde, te asqueas de jarra y limonada, de los cafés ruidosos con lustros deslumbrantes! -Y te vas por los tilos verdes de la alameda. ¡Qué bien huelen los tilos en las tardes de junio! El aire es tan suave que hay que bajar los párpados; Y el viento rumoroso -la ciudad no está lejos- trae aromas de vides y aromas de cerveza. II De pronto puede verse en el cielo un harapo de azul mar, que la rama de un arbolito enmarca y que una estrella hiere, fatal, mientras se funde con temblores muy dulces, pequeñita y tan blanca… ¡Diecisiete años!, ¡Noche de junio! -Te emborrachas. La savia es un champán que sube a tu cabeza… Divagas; y presientes en los labios un beso que palpita en la boca, como un animalito. III Loca, Robinsonea tu alma por las novelas, -cuando en la claridad de un pálido farol pasa una señorita de encantador aspecto, a la sombra del cuello horrible de su padre. Y como cree que eres inmensamente ingenuo, a la par que sus botas trotan por las aceras, se vuelve, alerta y, con un gesto expresivo… -Y en tus labios, entonces, muere una cavatina… IV Estás enamorado. Alquilado hasta agosto. Estás enamorado. Se ríe de tus versos Tus amigos se van, estás insoportable. -¡Y una tarde, tu encanto, se digna, ya, escribirte…! Y esa tarde… te vuelves al café luminoso, pides de nuevo jarras llenas de limonadas… -Con diecisiete años no puedes ser formal, cuando los tilos verdes coronan la alameda. – "Romance". Arthur Rimbaud.
Poesía pagana 😍😍😍😍😍😍😍
Biblioteca Sánchez Vázquez. Facultad de Filosofía y Letras. Área reservada para consulta. UNAM.
B-day for one.
No es mi destino el ser espantamoscas.
"¡Huye, amigo mío, a tu soledad! Ensordecido te veo por el ruido de los grandes hombres, y acribillado por los aguijones de los pequeños. El bosque y la roca saben callar dignamente contigo. Vuelve a ser igual que el árbol al que amas, el árbol de amplias ramas: silencioso y atento pende sobre el mar. Donde acaba la soledad, allí comienza el mercado; y donde comienza el mercado, allí comienzan también el ruido de los grandes comediantes y el zumbido de las moscas venenosas. [...] ¡Huye a tu soledad! Ya has vivido bastante cerca de los pequeños y mezquinos. ¡Huye de su venganza invisible! Contra ti no son otra cosa que venganza. ¡Deja de levantar tu brazo contra ellos! Son innumerables, y no es tu destino el ser espantamoscas. Innumerables son esos pequeños y mezquinos; y a más de un edificio orgulloso han conseguido derribarlo ya las gotas de lluvia y los yerbajos. Tú no eres una piedra, pero has sido ya excavado por muchas gotas. Acabarás por resquebrajárteme y rompérteme en pedazos bajo tantas gotas. Fatigado te veo por moscas venenosas, lleno de sangrientos rasguños te veo en cien sitios; y tu orgullo no quiere ni siquiera encolerizarse. Simulando inocencia, esas moscas quieren chuparte la sangre, sangre es lo que sus almas exangües codician. Pero tú, profundo como eres, sufres muy intensamente aunque tus heridas no sean más que rasguños; y antes de que te hayas curado pondrán en tus heridas larvas venenosas. Eres demasiado orgulloso para matar a esas golosas. ¡Pero procura que no se convierta en tu fatalidad el soportar toda su venenosa injusticia! Ellos zumban a tu alrededor también con su alabanza: impertinencia es su alabanza. Quieren la cercanía de tu piel y de tu sangre. Te adulan como a un dios o a un demonio; lloriquean delante de ti como delante de un dios o de un demonio. ¡Qué importa! Son aduladores y llorones, y nada más. También suelen hacerse los amables contigo. Pero ésa fue siempre la astucia de los cobardes. ¡Sí, los cobardes son astutos! Ellos reflexionan mucho sobre ti con su alma estrecha, – ¡para ellos eres siempre preocupante! Todo aquello sobre lo que se reflexiona mucho se vuelve preocupante. Ellos te castigan por todas tus virtudes. Sólo te perdonan de verdad tus fallos. Como tú eres suave y de sentir justo, dices: «No tienen ellos la culpa de su mezquina existencia». Más su estrecha alma piensa: «Culpable es toda gran existencia.» Aunque eres suave con ellos, se sienten, sin embargo, despreciados por ti; y te pagan tus bondades con daños encubiertos. Tu orgullo silencioso ofende su gusto; se alegran cuando eres demasiado modesto para ser vanidoso. Lo que nosotros reconocemos en un hombre, eso lo hacemos arder también en él. Por ello ¡guárdate de los pequeños! Ante ti ellos se sienten pequeños, y su bajeza arde y se pone al rojo contra ti en invisible venganza. ¿No has notado cómo solían enmudecer cuando tú te acercabas a ellos, y cómo su fuerza los abandonaba, cual humo de fuego que se extingue? Sí, amigo mío, para tus prójimos eres tú la conciencia malvada: pues ellos son indignos de ti. Por eso te odian y quisieran chuparte la sangre. Tus prójimos serán siempre moscas venenosas; lo que en ti es grande – eso cabalmente tiene que hacerlos más venenosos y siempre más moscas. Huye, amigo mío, a tu soledad y allí donde sopla un viento áspero, fuerte. No es tu destino el ser espantamoscas." – Nietzsche. “Así hablo Zaratustra: De las moscas del mercado”.
¡¡LEE!!
La eterna Sharon Tate.