Invencible. Aquella palabra podía usarla ahora, mientras estaba feliz y tenía a la mejor chica que pudiese pedir entre sus brazos, pudiendo sentir plenamente lo reales que eran sus sentimientos hacia ella. Y, si las circunstancias no fuesen tan complicadas, quizá ese término fuese longevo, y no una cosa efímera, sobre la cual tenía los días contados, y que disminuían a la velocidad de la luz; era tan complicado, pero justo ahora, todo parecía dulce y fácil, casi perfecto, sentimiento que solo fue corroborado por el hecho de que aquel asunto con Gabriel hubiese sido superado ya, que, una vez más, sus sentimientos habían sido mas fuertes que sus problemas. —De la persona correcta… —asintió, aunque, en el fondo, en lo profundo, aún había una voz que le decía que él no lo era, no para ella, que era tan maravillosa, siendo el nada comparado con aquella joven…. pero, de nuevo, su mirada halló la de ella, y esas dudas fueron borradas momentaneamente, por lo menos, ya que ella, Delilah, aún con sus celos y sus momentos en que no paraba de hablar, con aquellas pequeñas cosas, era la persona correcta para Hunter, esa que le hacía obviar que se acabaría en algún momento o que tenía apenas veinte años, nada de eso era importante, no con ella. Su voz, levemente cantarina, repitiendole una y otra vez sus sentimientos, era quizá una de las mejores cosas que podría oír, pues le llenaban por dentro, de sentimientos que ni siquiera creía capaz de albergar, de cariño, y pasión, y ganas de protegerla y mantenerla a su lado a capa y espada. Si cada vez que alguien se enamoraba sentía con esta intensidad ¿Cómo podían soportarlo múltiples veces? No lograba entenderlo.
Read More
Se permitió el disfrutar estar a su lado, porque había que ser claros, aquello estaba siendo todo un privilegio teniendo en cuenta que básicamente en pocos días, sí, para mala suerte de ambos, días, aquello podía no volver a suceder. Aquellos pensamientos le hacían embargar una tristeza que pocas veces contenía, y es que el tan solo pensar el no verlo todos los días, el no dormir con él o el simple hecho de no poder ni escuchar su voz, al menos no en persona, le partía el corazón. Aquel corazón que, habiéndolo querido o no, pertenecía de forma única y especial a aquel moreno que en frente suya se encontraba. Lo había conseguido, él lo había conseguido. Era suya, y completamente suya. Ni siquiera recordaba el momento en el que se dio cuenta de que realmente estaba enamorada de él y que aquello no era algo sin importancia como acordaron desde el principio. No. Estaba claro que una vez intervenidos los sentimientos de ambos, aquello no quedaría como algo sin importancia alguna. Es mas, la tenía y mucho. Nunca pudo imaginar el poder enamorarse tanto de una persona cómo en aquel momento estaba del joven y sus ojos iluminados, además de su amplia sonrisa, podían verificar aquello. Estaba segura que los sentimientos presentes en aquella habitación eran tan fuertes que hacían desaparecer cualquier tipo de preocupación sobre el incierto futuro que ambos presentaban—. De la persona correcta —repitió lo mismo dicho por el joven, nada más para darle toda la seguridad del mundo que aquello era así y que, por ahora, nada ni nadie podía hacerle cambiar de opinión. Maldita sea, si le había dicho las palabras mágicas, como ella les decía, palabras que nunca había soltado, a excepción de su abuela. Bastante colada tenía que estar por él si había hecho eso, aunque, si le preguntaban, no se arrepentía para nada—. De la persona correcta —volvió a repetir, depositando un dulce beso sobre los nudillos ajenos, aprovechando que ambas manos aún seguían entrelazadas. Joder, estar enamorada era poco en comparación a lo que sentía por él, por su novio.












